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Cine y TV

Visconti magnífico, Visconti relamido

En Placeres y berrinches, Cine y TV 22 May, 2014

Rafa Marí

Rafa Marí

PERFIL

Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli, 1960) es una de las obras maestras de Luchino Visconti (Italia, 1906-1976). La realizó en su momento de esplendor, seis años después que Senso (ídem, 1954) y tres antes que El Gatopardo (Il Gattopardo, 1963), con Burt Lancaster, antiguo hombre de circo, encarnando de manera convincente –pese a que en la época todos pensaron que no daría el papel- a un aristócrata de finales del XIX enfrentado a la inexorable desaparición de su mundo de privilegios. El conde de Lampedusa es un estoico consciente de su próxima derrota social. Nino Rota (Italia, 1911-1979) compuso la banda sonora en estas tres películas, con temas musicales líricos, populares o de resonancias trágicas en los que predomina el doloroso sentimiento de pérdida. En Rocco, el personaje que más lucha contra la desgracia inminente es el hermoso Rocco, un ángel abnegado que no puede evitar la desintegración de su familia, unos emigrantes del sur italiano en el Milán industrial.

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El berrinche. En 1971, Visconti realizó Muerte en Venecia (Morte a Venezia), basada en una buena novela corta de Thomas Mann, La muerte en Venecia (Der Tod in Venedig, 1912). Fernando Lara, en Triunfo, escribió ingenua y dogmáticamente que si la película «no gusta» es «por culpa del espectador». El término «culpa» animó al psiquiatra Carlos Castilla del Pino a polemizar con Lara. La Muerte en Venecia de Visconti es relamida, decorativa y justificativa, vino a decir Castilla del Pino (¡tenía razón!). El gran escritor alemán fue en sus diarios más sincero que Visconti, aunque tampoco del todo. A Mann no le chiflaban en realidad los efebos con cara de niña, sino los veinteañeros atléticos. Pero en fin, eso en el fondo da igual. La película patina sobre todo por arropar un tema tan hondo como el deseo con el ropaje discursivo de ‘la búsqueda de la belleza’. Encima, la música es de Gustav Mahler y no de Nino Rota. Mahler, un buen compositor decimonónico, resulta poco apropiado para el cine. ¿Se imaginan una sinfonía de Mozart en vez de la música de Bernard Herrmann para Psicosis? Una banda sonora no es un concierto. El buen gusto es uno de los peores enemigos del arte y un elemento tóxico en el cine. Centauros del desierto (The Searchers, John Ford, 1956) o Vértigo (ídem, Alfred Hitchcock, 1958) no son películas de ‘buen gusto’. Son películas emocionantes y turbadoras, nunca ‘exquisitas’.

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