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Venecia 78 #1 Almodóvar, Sorrentino, Campion y «Dune»

En Cine y TV 4 September, 2021

Gian Giacomo Stiffoni

Gian Giacomo Stiffoni

PERFIL

La Mostra de Venecia se ha realizado por segunda vez en emergencia COVID. La amplia vacunación ha dejado bajo el índice de contagios, lo que está permitiendo que el certamen pueda desarrollarse sin demasiados problemas. Las primeras proyecciones han transcurrido con bastante tranquilidad, bajo una estricta vigilancia y con colas ordenadas fuera de las salas. Más caótico ha sido sin embargo este año el sistema de reservas de butacas por internet —en salas con la mitad del aforo y cada espectador distanciado— que ha funcionado bastante mal, ya que probablemente la presencia de acreditados ha sido mucho más amplia. De esta forma el sistema no ha permitido en muchas ocasiones de reservar una plaza para todas las proyecciones deseadas. Debido a esta limitación, se ha restringido el número de obras que he podido ver, privilegiando, cuando ha sido posible, las obras en concurso y alguna fuera del certamen oficial.

La última película de Pedro Almodóvar ha abierto oficialmente la competición. Madres paralelas habla de madres e hijas dentro de un marco narrativo que ve implicadas las historias personales, los ancestros y la memoria histórica. Janis (una excelente Penélope Cruz) da a luz el mismo día que Ana, una joven desconocida adolescente (Milena Smith). Entre las dos mujeres y sus dos hijos se origina una relación que desemboca a lo largo del metraje en una serie de mentiras y verdades que los convierte en víctimas de un desarrollo doloroso, donde se enfrentan a una realidad llena de incertidumbres.

El argumento encaja perfectamente con el estilo melodramático de Almódovar que sin embargo esta vez se hace más austero siguiendo el carácter seco que ha caracterizado las dos últimas películas del director manchego, Julieta y Dolor y gloria. Apenas hay humor y están ausentes los momentos surrealistas que caracterizaban sus anteriores obras. Nace así un filme que procede de forma muy lineal y donde la cámara parece casi acariciar a los personajes, dejándonos un retrato femenino muy convincente y capaz de hacer reflexionar sobre lo que es importante conservar vivo en la memoria, teniendo que renunciar a mucho para perseguir la necesidad de mantener viva la verdad.

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Penélope Cruz y Milena Smit en Madres Paralelas.

Siguiendo con la relación entre madre e hijos —pero desde la vertiente de la distancia, la incomprensión y el egoísmo— habla también la primera película de Maggie Gyllenhaall. Actriz refinada e intelectual, Maggie elige para su primera dirección la historia de Leda (interpretada por una intensa Olivia Colman), una mujer de mediana edad que pasa sus vacaciones en Grecia. Sus días están marcados por la presencia, para ella perturbadora, de una joven madre (interpretada por Dakota Johnson) y de su hija, lo que desencadena en ella un malestar que tiene origen en su pasado de madre.

Inspirado en una novela de la escritora italiana Elena Ferrante, The Lost Daughter presenta un estilo visual que impone al espectador seguir el personaje principal de cerca dejándole la sensación de vivir en primera persona los avatares de Leda, sus angustias, sus recelos y su ánimo perturbado. Un estrategia formal que funciona sólo hasta cierto punto ya que sobre todo en la última media hora del metraje todo resulta demasiado redundante y cansino entregándonos un final algo forzado, debido a la necesidad de encontrar una solución a los avatares del personaje principal.

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Olivia Colman en The Lost Daughter © Yannis Drakoulidis.

Un problema similar lo tiene igualmente la película de Pablo Larraín, director habitual del certamen veneciano. El realizador chileno parece fascinado por las figuras femeninas trágicas. Después de haber explorado la figura de Jacqueline Bouvier Kennedy en Jackie –presentado en la Mostra de 2016– esta vez el director se ha centrado en la de Diana Spencer. En Spencer Larrain cuenta la vida de Lady Diana en un momento y un arco narrativo determinado: el fin de semana en el que la entonces Princesa de Gales tomó la decisión de alejarse de la vida cortesana de los Windsor para empezar una nueva vida autónoma. La película cuenta los días de Navidad de Diana y de la familia real en la residencia de Sandringham dirigiendo su mirada exclusivamente en la reacción emotiva, llena de angustia, de la princesa.

Lo insoportable de la vida cortesana e intolerancia a las etiquetas que sufre se narran alternando el realismo de algunas escenas con otras basadas en un matiz casi surrealista, que describe los momentos más íntimos vividos por el personaje principal. Kristen Stewart —a la que hay que reconocer un gran trabajo por la manera con que ha recreado la gestualidad de la verdadera Diana—  es la protagonista absoluta de casi dos horas de metraje, de los cuales cada minuto que pasa se hace más pesados, ya que la excesiva insistencia en fantasías y pesadillas visuales no siempre resulta eficaz. Tampoco el buen reparto de actores ingleses y una notable reconstrucción de la ambientación original y de los decorados son suficientes para levantar un filme que resulta logrado solo en mínima parte.

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Kristen Stewart en el papel de Lady Diana.

Mucho mejor ha sido por lo contario la primera de las cinco películas italianas en competición: È stata la mano di Dio de Paolo Sorrentino. El director napolitano regresa a la Mostra con un largometraje después de veinte años, cuando en 2001 estrenó su primera obra L’uomo in più. Curiosamente la recurrencia es doble ya que Sorrentino con esta nueva obra vuelve también a rodar en su ciudad natal, Nápoles, tras haber elegido diferentes ambientaciones en todas sus otras películas. La elección ha sido marcada por la necesidad de contar por primera vez una historia muy personal. È stata la mano di Dio es fundamentalmente la historia del joven Sorrentino (interpretado muy bien por el casi debutante Filippo Scotti) , del entorno napolitano en el que creció y de la tragedia en la que perdió a sus padres (víctimas de una intoxicación por monóxido de carbono en la casa de montaña de la familia), y a la que sobrevivió gracias a haber ido a ver a jugar ese día el Nápoles en el que militaba Maradona.

El título del filme hace de hecho hincapié en el dicho que el famoso futbolista argentino formuló tras ganar a Inglaterra en el mundial mexicano de 1986 (año en que transcurren los hechos de la película), cuando dijo que a ganar fue “la mano de Dios”. Sorrentino consigue una obra más lineal y narrativa que las anteriores, donde limita mucho las escenas de matiz casi surrealista que caracterizan su peculiar estilo. La fantasía visual típica del autor no falta, así como sus personajes extravagantes, pero quedan al servicio de un relato más seco, menos redundante, donde al centro se ponen las ilusiones, las alegrías y la desesperación de un joven que cree en la posibilidad de que todo pueda ser útil, inclusive el dolor, para mirar adelante hacia una nueva vida.

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Una escena de È stata la mano di Dio. © Netflix

Hacia una nueva vida quiere ir también el personaje principal de la película de Paul Schrader, The Card Counter, que vuelve a Venecia tras el poco logrado First Reformed de 2017. William Tell es un ex convicto que pasa el tiempo recorriendo los Estados Unidos jugando en varios casinos gracias a su pericia en saber contar las cartas. En realidad, lo hace intentado resolver un conflicto interior que lo angustia y que parece poder dominar sólo mantenido una vida lineal y en muchos aspecto anónima y anodina. Encontrar y ayudar un joven que parece sufrir de su misma inquietud le ofrece la posibilidad de encontrar una forma de catarsis a su existencia; pero no siempre los planes salen como uno quiere.

Schrader cuenta su enésima historia de culpa y expiación con un estilo muy lineal y austero utilizando de forma magistral la interpretación esencial de un notable Oscar Isaac. El ritmo es pausado, pero engancha al espectador en cada minuto hasta el final, que recuerda por su desenlace casi inexorable —pese al argumento totalmente diferente— el recorrido seguido por el ladrón de Pickpocket de Robert Bresson, autor muy amado por el director estadounidense.

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Oscar Isaac en The Card Counter. ©2021 Focus Features, LLC

Interesante también Il Buco del director italiano Michelangelo Frammartino. Un intento de cine extremo, ya que sus poco más de noventa minutos trascurren sin diálogos ni música. El estilo es cercano al del documental poniendo al centro la historia una expedición espeleológica que, en 1961, estudió una gruta larga más de 600 metros en profundidad situada en el sur de Italia. El realizador nos hace vivir el descenso hacia las profundidades de la tierra como un viaje difícil y angustioso, que parce no tener fin, introduciendo su cámara dentro del la verdadera gruta que fue explorada antaño. Contemporáneamente, describe los momentos de trabajo, vida y muerte de un pastor de la zona creando un paralelismo que resulta sugestivo, aunque en ciertos momentos un poco pretencioso y forzado. El ritmo es pausado, pero nunca se advierte el tedio, gracias a unas imágenes sugestivas entre luz y oscuridad.

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Il Buco.

Entre los grandes nombres que han caracterizado la selección oficial de Venecia estuvo también el de Jane Campion que vuelve al largometraje tras 12 años de ausencia, después del logrado Bright Star de 2009. Inspirada en una novela de Thomas Savage de 1967, The Power of the Dog cuenta la historia de dos hermanos, Phil y George Burbank, ricos ganaderos en el Montana de los años veinte. Ambos gestionan su rancho; George (Jesse Plemons) es un hombre metódico y respetable, mientras Phil (un inmenso Benedict Cumberbatch) tiene un carácter tosco y oscuro con rasgos de homofobia y que parece dedicarse únicamente a los aspectos más prácticos de la hacienda. La entrada de una viuda local, Rose (Kristen Dunst) y de su frágil y problemático hijo Peter (Kodi Smit-McPhee) en la vida de los dos hermanos desencadena en Phil una serie de tensiones que desembocarán en un imprevisible desencadenamiento de los acontecimientos.

Campion consigue una película muy sugestiva en lo que se refiere al desarrollo psicológico de los personajes y el aspecto visual, como siempre en sus obras, muy sugestivo y lírico. Varios son los momentos en que la cámara de la directora neozelandesa consigue transmitir la angustia y el desasosego con planos cercanos muy penetrantes y imágenes de paisaje evocativas y deslumbrantes. Menos convincente ha sido sin embargo la manera de llevar a cabo el relato que resulta algo apresurada en los últimos minutos, restando algo de fuerza al resto de un metraje, hasta ese momento sin duda fascinante.

Timothée Chalamet y Rebecca Ferguson en Dune

En los primeros días de la Mostra de Venecia la sección fuera de concurso destacó sobre todo por la presencia de Dune, la súper producción estadounidense del director Denis Villeneuve. Obra de grandes ambiciones y con un reparto estelar, empezando por el joven Timothée Chalamet en el papel de Paul Atreides, Dune se ha presentado como el inicio de un proyecto seguramente más amplio y que verá sobre la pantalla otros títulos de la famosa saga de ciencia ficción ideada por Frank Herbert. La cinta presenta de hecho solo el inicio de un relato que queda suspendido a la mitad, pese a los 155 minutos de esta primera parte.

El resultado es un prodigio de efectos especiales, nunca vistos tan realistas y fascinantes, y una ambientación sin duda muy sugestiva. Sin embargo, algunos de los personajes parecen solo esbozados, otros carecen de la debida profundidad y el ritmo narrativo resulta algo aburrido, mientras que la banda sonora termina por ser tediosa siendo excesivamente redundante y en muchos momentos innecesariamente ensordecedora. Si el intento era realizar algo diferente a la versión de David Lynch de 1984, sin duda Villeneuve lo ha conseguido, pero renunciando e la perturbadora originalidad, visual y narrativa, que caracterizaba su ilustre antecesora.

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