Tras un año completo de preparación, el Toronto Global Film Festival se celebró oficialmente el 21 de diciembre de 2025 en Toronto, capital de la provincia de Ontario, en Canadá. Aunque se trata de la primera edición del festival, su lanzamiento se realizó con un enfoque plenamente profesional, con la clara ambición de situarse a la altura de los festivales de categoría A. Esta intención se reflejó en su presencia en FilmFreeway, plataforma a través de la cual se recibieron más de 5.000 películas procedentes de todo el mundo. El director del festival, Azar Faramarzi, se propuso que la mayor parte de las obras inscritas pudieran ser visionadas y evaluadas, un proceso exigente en el que los filmes fueron analizados y filtrados de manera progresiva hasta llegar a The Finalists, la fase final y más relevante de la selección.
Preguntado por el mensaje que deseaba transmitir a quienes se interesan por este acontecimiento artístico, el fundador y director del festival señaló: «Al acercarnos al Toronto Global Film Festival, me siento verdaderamente satisfecho de tener la oportunidad de reunirnos con todas aquellas personas que valoran el arte cinematográfico. Mi mensaje para los entusiastas es que este festival es mucho más que un programa de proyecciones. Es un espacio para el diálogo dentro de la industria, una oportunidad para el intercambio creativo, el descubrimiento de nuevas voces y la puesta en común de la experiencia cinematográfica global. Invito a todo el mundo a unirse a esta celebración cultural y a ser testigos del notable talento que aquí se presenta. Muchas gracias por brindarme la oportunidad de presentar este festival».
En una jornada intensa y repleta de actividades, el festival celebró por la mañana su alfombra roja oficial. Varios representantes del Ayuntamiento de Toronto asistieron en persona a la ceremonia y entregaron al director del festival sus cartas de felicitación. Aquellos cargos oficiales que no pudieron acudir debido al periodo vacacional hicieron llegar igualmente sus mensajes de enhorabuena por escrito. A continuación tuvo lugar una larga sesión de proyecciones públicas con una cuidada selección de las películas finalistas, que se desarrolló entre las 11:30 y las 19:00 horas, culminando la jornada con la ceremonia de clausura y la entrega de premios.
La película inaugural fue OPPA, un largometraje que, al trasladar a un contexto local el problema global de las estafas amorosas en línea, está considerado el primer filme de concienciación cultural de Malasia. Dirigida por Denil Choong Lin Loong y basada en hechos reales, la película narra la historia de una profesora que se convierte en víctima de un engaño sentimental a través de internet. La investigación llevada a cabo por la Policía Real de Malasia aporta un componente adicional de suspense al abordar la lucha contra el cibercrimen en el país. Sadiq M. Jamil fue reconocido con el premio a Mejor Actor de Reparto en Largometraje Internacional.
El segundo largometraje del programa fue Paperheart (Cuore di carta), una producción italiana dirigida por Kristina Sarkyte. La película relata la historia de Luca, un niño sensible e inteligente que debe enfrentarse a las consecuencias emocionales de haber crecido en una familia desalentadora, en la que solo sus vecinos le brindan una aceptación incondicional. La intención de la directora fue subrayar la importancia de cada individuo y reivindicar que nadie debería renunciar a sus sueños, independientemente de quién sea o de su origen. Por este trabajo, Kristina Sarkyte obtuvo el premio a Mejor Dirección en Largometraje Internacional. Tras la proyección, se celebró un coloquio con dos representantes de la película, a pesar de que la directora no pudo asistir personalmente.
A continuación, el festival hizo una pausa en las proyecciones de largometrajes para dar paso al Programa de Cortometrajes, que reunió seis títulos seleccionados para su exhibición. El ciclo se abrió con el cortometraje búlgaro Beaujolais, dirigido por Irena Grigorova Daskalova, cineasta ya ampliamente reconocida en su país de origen.
La película explora las emociones del amor, la pérdida y las segundas oportunidades. Al, un hombre, y Victoria, una mujer, se conocen a través de internet, pero su primer encuentro en persona resulta un fracaso. A pesar de ello, el destino vuelve a cruzar sus caminos en el restaurante de Al poco antes de Navidad. Sin embargo, un giro inesperado y una carta devastadora frustran cualquier posibilidad de un final feliz. Este enfoque original y emotivo de un relato humano universal valió a Irena Grigorova Daskalova el premio a Mejor Dirección en Cortometraje Internacional.
Finding History, dirigido por Lahoucine Boussaber, es un cortometraje estadounidense que sigue la vida de varios intérpretes empeñados en preservar el patrimonio romano de Jordania pese al acusado descenso del turismo. La película pone también de relieve el trabajo de Boussaber como director en Estados Unidos tras su traslado desde Marruecos en 2018. Cineasta polifacético, continúa desarrollando su labor como director, guionista y actor, y Finding History se ha consolidado ya como uno de sus trabajos más visibles, atrayendo a un público cada vez más amplio.
En representación del país anfitrión, UnMatched es una comedia canadiense de siete minutos, escrita y dirigida por Matthew Dionne. Cuando dos personas solteras se reúnen para cenar tras coincidir en una aplicación de citas, la situación se vuelve rápidamente incómoda al descubrir que quizá no son tan compatibles como prometía el perfil digital. La interpretación de Malcolm Green fue reconocida con el premio a Mejor Actor en Cortometraje Canadiense. UnMatched obtuvo además tres nominaciones —Mejor Cortometraje Canadiense, Mejor Dirección y Mejor Actor. Aunque el actor no pudo asistir personalmente a recoger el galardón, fue su director quien lo hizo en su nombre, y Matthew Dionne participó asimismo en una sesión de preguntas y respuestas tras la proyección.
Otro de los cortometrajes procedentes de Estados Unidos fue The Tooth Fairy, dirigido por Trey Lyford y protagonizado por Hannah Gaffney, quien además firma el guion. Se trata de una propuesta inusual dentro del festival, descrita como una hibridación de géneros que combina elementos del western, la ciencia ficción y el cine de terror. Varias reacciones destacaron su carácter adrenalínico, en buena medida por la presencia de secuencias de acción. Asimismo, al situar a una mujer como protagonista, la película pone el foco en la violencia contra las mujeres, siguiendo a una ranchera solitaria que lucha por sobrevivir contra todo pronóstico en un mundo postapocalíptico. Este proyecto colaborativo de Trey Lyford fue distinguido con el premio a Mejor Cortometraje Internacional.
La participación canadiense The Last Supper estuvo dirigida por Trudy Flashford y se desarrolla íntegramente en el contexto de una cena familiar. Tres generaciones se reúnen alrededor de la mesa mientras la protagonista, Betty, debe lidiar con la convivencia temporal de su abuela narcisista y con su hermana mayor Lauren, recién llegada de la universidad, junto a su hermano reservado y sus padres. Tras los saludos formales y las cortesías iniciales, las tensiones afloran rápidamente y las buenas maneras se degradan hasta convertirse en un auténtico caos doméstico. Esta visión vertiginosa y corrosiva de los valores familiares, condensada en menos de cinco minutos, valió a Trudy Flashford el premio a Mejor Cortometraje Canadiense.
El último título del Programa de Cortometrajes fue el cortometraje iraní Visor (Il Visore), dirigido por Ali Azizollahi. A pesar de su duración de apenas dos minutos, se reveló como una de las propuestas más impactantes y conmovedoras del festival. La película capta el instante estremecedor en el que un fotógrafo apasionado, mientras trabaja en una zona de guerra, queda de manera súbita y aleatoria en la línea de fuego de un francotirador. La reflexión sobre la aleatoriedad de la muerte que articula el film le valió merecidamente a Ali Azizollahi el premio a Mejor Cortometraje Experimental Internacional.
Las proyecciones de largometrajes se reanudaron a media tarde con Finding Solace, un thriller psicológico estadounidense escrito y dirigido por Maurice Moore. La historia se centra en dos hermanas que, tras años de distanciamiento, se ven obligadas a reencontrarse de forma involuntaria después de la muerte de su padre. Más allá del duelo, su pasado traumático parece estar vinculado a una serie de asesinatos que sacuden su pequeña localidad en Texas. A medida que la verdad sale inexorablemente a la luz, ambas comprenden que no podrán seguir adelante hasta enfrentarse a aquello que permanecía enterrado. Finding Solace es un proyecto ambicioso que reunió a un equipo de producción estadounidense y europeo y fue rodado en diversas localizaciones de Texas —Austin, Columbus, Paige y Dripping Springs—, logrando una puesta en escena inquietante y de alto nivel. La película fue reconocida en el festival con dos galardones: Kelly Dealyn obtuvo el premio a Mejor Actriz en Largometraje Internacional, y Maurice Moore fue distinguido como Mejor Largometraje Internacional.
La última proyección de la jornada fue Summertime (Tabestane Haman Sal), una película iraní dirigida por Mahmoud Kalari. Ya en la madurez, Atta rememora su infancia y los juegos compartidos con su primo pequeño Masi. Entre todos sus recuerdos, el más vívido se sitúa en 1953, el año del golpe de Estado estadounidense en Irán, cuya verdadera trascendencia solo comprendería décadas más tarde. En aquel momento, Atta y Masi permanecían en gran medida ajenos a los acontecimientos históricos mientras jugaban despreocupadamente en los callejones de Teherán y en la antigua casa familiar. Sin embargo, la ausencia de los adultos marcaba su entorno: el padre de Atta estaba en prisión y el de Masi había fallecido.
Por su parte, Davoud, el hermano mayor de Masi, era ya un joven adulto al que Atta admiraba profundamente. Cuando la tía Marzi acusa a Davoud de haber robado sus joyas, se desencadena una cadena de acontecimientos cuyas consecuencias acompañarán a Atta a lo largo de toda su vida. Décadas después, estos recuerdos siguen resonando con fuerza cuando Atta, ya con 77 años, regresa a Irán para visitar la antigua casa familiar, ahora abandonada y a punto de ser vendida. En ese regreso, los recuerdos infantiles de amor, admiración y traición afloran con una intensidad intacta.
Summertime funciona como el reverso de la moneda de la universalmente celebrada Cinema Paradiso (dir. Giuseppe Tornatore, Italia, 1988): si aquella proponía una evocación luminosa y nostálgica, la película de Kalari ofrece una memoria más amarga que dulce, una mirada retrospectiva a una infancia afectuosa pero que, con el paso del tiempo, revela no haber sido nunca del todo inocente. Mehran Modiri fue distinguido con el premio a Mejor Actor en Largometraje Internacional.
Entre las películas que no formaron parte del programa oficial de proyecciones, pero que merecen una mención destacada, se encuentra el largometraje canadiense de animación The Fox and the Tiny Demon (Qaqsoss naka Wahantuhsis). Ambientada en un bosque encantado, la película se articula como una alegoría animada centrada en Qaqsoss, una zorra atormentada que, tras ser acosada por sus propios miedos, acaba entablando una amistad inesperada con un diminuto y travieso demonio llamado Wahantuhsis.
La obra fue escrita, producida y dirigida por Tara Audibert, miembro de la Tobique First Nation en New Brunswick, quien define la película como una exploración del trauma, la enfermedad mental y el proceso de enfrentarse a los demonios internos para alcanzar la sanación. Narrada íntegramente en lengua wolastoqey, la historia entrelaza cultura indígena y experiencia personal de manera íntima y significativa. El personaje de Wahantuhsis cuenta con la voz de Adrian Francis, miembro de la nación Mi’kmaw de Esgenoopetitj First Nation, cuya interpretación se expresa principalmente a través de sonidos —hipos, chillidos, gruñidos y otras formas vocales— más que mediante palabras articuladas. Por su parte, Carole Polchies, responsable de la traducción del guion y de la narración, es una de las únicas dos hablantes fluidas de wolastoqey en Woodstock First Nation y considera este proyecto una contribución esencial a la revitalización de la lengua.
La película destaca como un logro visual y narrativo, tanto por la calidad de su animación como por la solidez de su relato y la profundidad de su mensaje. Su propuesta resulta accesible y valiosa para públicos de todas las edades, combinando dimensión educativa y poder emocional. Tara Audibert fue reconocida con el premio a Mejor Largometraje Canadiense de Animación, un galardón plenamente justificado por la singularidad y relevancia de la obra.
Finalmente, el último pase del día correspondió al largometraje documental Ayahuasca Now, Voices of a Silent War, una producción argentina dirigida por Carlos B. Cejas. Tras años de padecer trastorno de estrés postraumático (TEPT), veteranos estadounidenses de las guerras de Vietnam, Afganistán e Irak viajan a la Amazonía peruana, donde participan en ceremonias chamánicas con el objetivo de afrontar o aliviar sus traumas y el sufrimiento psicológico asociado. Entre los participantes se encuentran hombres y mujeres del Ejército, la Fuerza Aérea y el Cuerpo de Marines de Estados Unidos, así como un veterano de los Royal Marines británicos. De forma progresiva, el documental da voz a relatos personales de gran intensidad emocional, en los que se abordan la guerra, el trauma, el TEPT, las experiencias de combate y el uso de la ayahuasca como herramienta terapéutica, tan controvertida como profundamente significativa para los protagonistas. Ayahuasca Now fue distinguida además con el premio a Mejor Largometraje Documental Internacional, otorgado a Carlos Bruno Cejas.
La ceremonia de premios tuvo lugar al término de las proyecciones de la jornada. En total se concedieron treinta y seis galardones, lo que permitió que un amplio número de películas finalistas obtuvieran reconocimiento en al menos una categoría, mientras que algunas de las propuestas más destacadas fueron premiadas en varias. Todo ello se alinea con la filosofía del festival, que reivindica «…el poder del cine para inspirar, desafiar y conectar a audiencias de todo el mundo». Las distintas categorías de los premios rinden homenaje a diversos géneros y culturas, poniendo en valor y reconociendo el trabajo de cineastas procedentes de múltiples países.
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