«My Generation», el himno de The Who

En Música domingo, 25/01/2026

Sergio Ariza

Sergio Ariza

PERFIL

A pesar de que a los Who siempre les costó traspasar al estudio la enorme energía de sus directos, puede que este My Generation  sea una magnífica prueba de cómo sonaban en sus primeros tiempos, cuando se cambiaron el nombre de Detours por el de The Who, aunque brevemente también fueron The High Numbers.

Estamos ante el debut de una de las bandas más arrolladoras que ha existido, tan arrebatado y urgente como cabría esperar. Puede que del gran póker de ases de los grupos que lideraron eso que se dio a conocer como ‘Invasión Británica’, o lo que es lo mismo, Beatles, Rolling Stones, Kinks y los propios Who, el estreno de los de Pete Townshend fuera el más acertado de los cuatro.

Y es que el cuarteto ya dejaba buena prueba de todo aquello que les iba a hacer grandes, la vertiginosa batería de Keith Moon, la vigorosa voz de Roger Daltrey, el virtuosismo de John Entwistle, que dio alas al bajo, y las magníficas composiciones de Pete Townshend encabezadas por dos gemas absolutas como «My Generation» y «The Kids Are Alright».

Los Who fueron los últimos en llegar de esa primera ola británica pero su aparición fue como una explosión, si los Beatles, los Stones y los Kinks venían de Chuck Berry y Little Richard, los Who, como buenos Mods, preferían a James Brown y el R&B más orientado al soul. No en vano habían elegido como motu proprio ese Maximum R&B, un lema del que este disco es una perfecta prueba, no solo por las dos espléndidas versiones de Brown, sino por las propias composiciones de un Townshend en estado de gracia.

Y es que también se puede ver este disco como el resultado del silencioso golpe de estado de Townshend arrebatándole el poder a Roger Daltrey. Fue el cantante el que comenzó el grupo y el que ejercía como líder absoluto, era mayor y el típico matón de barrio. Pero con la llegada de Kit Lambert y Chris Stamp como mánagers, un año antes, esto empezó a cambiar. Lambert empezó a encorajinar a Townshend para que escribiera sus propias canciones y este comenzó a hacerlo a la perfección.

Primero llegó «I Can’t Explain», un homenaje/robo a los Kinks hecho con el propósito de impresionar a Shel Talmy, que iba a producir el que sería primer sencillo de la banda, y que era también el productor de los de Ray Davies. Luego llegó «Anyway, Anyhow, Anywhere», dejando claro su gran sentido melódico y, por último, «My Generation», la canción que confirmaba que estábamos ante un compositor generacional. Tres sencillos históricos en poco menos de un año.

Para el momento en el que entraron a grabar su primer disco ya quedaba claro que el nuevo jefe de la banda era el tímido guitarrista, aunque para terminar el disco recurrieron también a dos versiones de James Brown que habían grabado antes, a instancias de Daltrey, que tenía claro que el nuevo papel como compositor de Townshend cambiaba el liderazgo de la banda.

Pero es que si este disco solo tuviera la canción titular y otros 11 temas del montón ya sería parte de la historia del rock porque «My Generation» es uno de los grandes himnos de la música rock y no ha perdido ninguna de sus virtudes más de 50 años después de ser grabada. La canción es una verdadera barbaridad, con Townshend demostrando lo que este género puede hacer utilizando únicamente dos acordes.

Un relámpago que retumbaba a toda velocidad con un Keith Moon frenético, un Entwistle marcándose un memorable solo de bajo, un Daltrey tartamudeante, para parecer bajo los efectos de las anfetas, y un Townshend que escribió el manifiesto de su generación con una frase que les perseguiría para siempre “espero morirme antes que hacerme viejo”.

A pesar de que Daltrey sigue cantando esas palabras con más de 80 años la canción sigue funcionando igual de bien que el primer día, pero es que el resto de 11 temas tampoco están nada mal. Desde la irresistible melodía de «The Kids Are Alright», que se puede considerar una de las piedras fundacionales del power pop (un concepto que fue utilizado por primera vez por el propio Townshend), hasta el riff de la notable «A Legal Matter», cantada por el guitarrista, pasando por las versiones de James Brown, «I Don’t Mind» y «Please, Please, Please», que se grabaron en una sesión anterior, o la fuerza de «The Good’s Gone», «It’s Not True», «Much Too Much» o la brillante apertura con «Out In The Streets».

A este disco ya se le puede considerar una perfecta prueba de lo que suponen los Who, uno de los compositores más brillantes de su generación y, casi más importante, una banda con una química brutal, en la que la batería es nerviosa y explosiva, el bajista es capaz de hacerse solos como los de «My Generation», el cantante va sobrado de actitud y el guitarrista es capaz de innovar con el feedback de su guitarra creando un sonido que será parte fundamental de una banda que supo, en este disco, trasladar la fuerza de sus directos al estudio .

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