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Riccardo Muti enseña la humanidad de «Le nozze di Figaro»

En Música 30 July, 2019

Gian Giacomo Stiffoni

Gian Giacomo Stiffoni

PERFIL

La Riccardo Muti Italian Opera Academy, que el gran director italiano Riccardo Muti decidió fundar en Ravenna en 2015 (ciudad donde reside desde los años setenta), ha llegado ya a su quinta edición. Su fama ha aumentado de forma contundente y cada año son más los jóvenes directores que intentan ser admitidos —después de una selección muy exigente— en los diez días de ensayos guiados que ofrece el maestro napolitano en esa ciudad. Este éxito ha llevado a Muti a ofrecer el curso también en Tokyo, donde este año, desde el 28 de marzo hasta el 4 de abril, ha trabajado con sus alumnos y la Orquesta juvenil Tokio Harusai, sobre una de las óperas de Giuseppe Verdi que ha más interpretado a lo largo de su carrera, Rigoletto.

© Zani-Casadio. Nicolò Umberto Foron con Riccardo Muti durante los ensayos.

© Zani-Casadio. Nicolò Umberto Foron con Riccardo Muti durante los ensayos.

Como en los años pasados, el objetivo del gran director es poder trasmitir a las jóvenes generaciones sus conocimientos, aprendidos en más de cincuenta años de carrera; su específica forma de entender, preparar, e interpretar un género muy amado, la ópera italiana, que lamentablemente es cada día peor entendido en sus raíces artísticas y culturales más profundas.

Para Muti, la ópera italiana es esencialmente teatro, donde la música es el elemento que apoya, subraya, amplifica y transforma en gesto dramático musical un texto pensado para el escenario. Orquesta, coro y cantantes deben estar siempre al servicio de este texto, así como el compositor lo ha sido, dejando de lado las tentaciones, sobre todo de parte de los cantantes, de exhibiciones y hábitos vocales innecesarios, jamás pensados por el compositor. Lo importante para Muti es llegar con estudio y trabajo a la profundidad más intima de la obra y a su relación con el libreto.

muti

Logo de la Riccardo Muti Italian Opera Academy.

En las cuatro anteriores ediciones de su Academia, el director se ha centrado esencialmente en las óperas de Giuseppe Verdi, del que sin duda hoy en día es el más grande: FalstaffLa traviataAida y Macbeth. Este año, como era de esperar, Muti ha querido centrarse sobre otro autor del que sin duda es uno de los mejores intérpretes, Wolfgang Amadeus Mozart Le nozze di Figaro, ópera que Muti ha dirigido repetidas veces a lo largo de su trayectoria artística, empezando por las ya míticas producciones de 1979 en Florencia (con la puesta en escena de Antoine Vitez), y de 1981 en La Scala de Milán bajo la dirección escénica del inolvidable Giorgio Strehler.

@ Bel Air Classiques. Un momento del segundo acto de Le nozze di Figaro en la historia puesta en escena de Giorgio Strehler.

@ Bel Air Classiques. Un momento del segundo acto de Le nozze di Figaro en la histórica puesta en escena de Giorgio Strehler.

Esta última producción fue no solamente el debut de Muti en el teatro donde desarrolló su carrera durante casi dos décadas, sino un modelo, no superado todavía hoy, novedoso para la época, de interpretar el teatro mozartiano, mediante una profunda valorización del significado más penetrante de la palabra y de las emociones, por medio de la música, en una idea de teatro humanista que es ínsito en la poética mozartiana.

Ricardo Muti

Le nozze di Figaro, de hecho, es sin duda el resultado más grande del teatro musical del genio de Salzburgo; una dramaturgia perfecta, siempre al servicio de un retrato realista, pero al mismo tiempo universal y modélico, de las emociones humanas más básicas como el amor, el deseo, la necesidad de justicia, la risa, la traición, los celos, etc. Estas llegan al espectador bajo una reelaboración artística magistral, realizada por dos artistas geniales (Mozart y el libretista Lorenzo da Ponte), capaces de transformar el dolor, la alegría, la melancolía y el deseo erótico en belleza absoluta, diciéndonos que es verdad que la vida no es fácil y llena de contradicciones, pero justo por este motivo es un regalo irrenunciable y maravilloso.

© Zani-Casadio. Riccardo Muti junto a Felix Hornbachner, delante de los cantantes Serena Gamberoni y Luca Micheletti.

© Zani-Casadio. Riccardo Muti junto a Felix Hornbachner, delante de los cantantes Serena Gamberoni y Luca Micheletti.

Muti ha entendido este mensaje a la perfección y lo profundiza cada vez más, cuando se enfrenta por enésima vez a esta obra maestra. Lo demuestran las sugerencias que imparte —con seriedad, pero siempre con momentos de ironía y alegría— a los alumnos de su Academia. En esta edición dedicada a Mozart, son cinco los jóvenes directores de orquesta y tres los preparadores al piano que, durante varios días, ensayan la obra, con sesiones de ocho horas diarias y dos conciertos finales, ambos basados en una selección de piezas de la ópera: uno como siempre dirigido por Muti y otro por los jóvenes aprendices. Desde el 20 de julio al 2 de agosto, el maestro explica los más recónditos detalles de Le nozze di Figaro, la forma de interpretarlos —respetando siempre la voluntad del autor— y el gesto directoral más eficaz para sacar lo mejor de la orquesta y los cantantes.

La Orquesta Juvenil Luigi Cherubini es una vez más la protagonista, junto a jóvenes intérpretes seleccionados directamente por Muti. Entre ellos (y son muchos, ya que Le nozze di Figaro tiene un reparto muy variado) hay algunos que ya han empezado una carrera internacional exitosa como Serena Gamberoni  (la Condesa), el cantante y actor teatral Luca Micheletti (el Conde de Almaviva), Alessio Arduini (Figaro), Paola Gardina (Cherubino) y Carlo Lepore (Don Bartolo). Junto a ellos hay otros que están empezando, pero que demuestran en cada sesión de pruebas capacidades notables como las dos Susanna, Damiana Mizzi y Vittoria Magnarello, Isabel de Paoli (Marcellina), Letizia Bertoldi (Barbarina), Matteo Falcier (Don Basilio), Riccardo Benlodi (Don Curzio) y Adriano Gramigni (Antonio).

© Zani-Casadio. Felix Hornbachner dirige un momento de Le nozze di Figaro.

© Zani-Casadio. Felix Hornbachner dirige un momento de Le nozze di Figaro.

Los directores escogidos este año, tras una férrea selección, que tiene como requisito fundamental poseer el diploma de composición y dirección de orquesta, demuestran un conocimiento más profundo de la lengua italiana que en ediciones anteriores, requisito fundamental para empezar a entrar en los más sutiles y a veces ambiguos significados del libreto dapontiano.

David Quang Tho Bui (clase 1992) vietnamita, pero formado en Berlín e Italia. Felix Hornbachner, también él de 1992, vienés, con ya una cierta experiencia de director en conjuntos austriacos, y una excelente capacidad en transmitir a la orquesta sus ideas musicales. A ellos se une Nicolò Umberto Foron, con 21 años, el más joven de los cinco, de pelo rojizo y lleno de energía nacido en Génova, pero criado en Hannover, donde ha realizado sus estudios, y Stephen Lam  (Link-Hin Lam), chino de 33 años, con formación vienesa, más tranquilo, pero activo en la dirección,  con cinco producciones operísticas entre 2105 y 2018. La última de los seleccionados es la joven y extremadamente talentosa Jiannan Cheng, también ella formada en Viena y que desde 2010 dirige con regularidad la Orquesta Sinfónica de Macao.

Dos italianos han sido seleccionados entre los pianistas acompañantes: Clelia Noviello Tommasino (nacida en 1993) y Veronica Cornacchio (1995). A ellas se une el español, pero con nacionalidad también israelí y sudafricana, Daniel Strahilevit (clase 1986). Cada uno de ellos ayuda el director a ensayar la obra al piano con los cantantes, momento que para Muti es fundamental, ya que es allí donde se trabajan el texto, la expresión y los acentos.

© Zani-Casadio. Desde la izquierda: Felix Hornbachner, David Quang Tho Bui, Jiannan Cheng, Stephen Lam (Lik-Hin Lam), Nicolò Umberto Foron.

© Zani-Casadio. Desde la izquierda: Felix Hornbachner, David Quang Tho Bui, Jiannan Cheng, Stephen Lam (Lik-Hin Lam), Nicolò Umberto Foron.

Para el director napolitano, en la ópera es imprescindible ensayar mucho tiempo con los intérpretes, para poder llegar al fondo de una expresión o de un gesto. Aspecto esencial sobre todo en el teatro mozartiano. Por eso, durante los ensayos muchas han sido las reprimendas de Muti contra la forma de preparar una ópera de hoy en día: rápida y sin profundidad y, a menudo, al servicio de directores de escena, sobre todos de área germánica, pero hoy también en el panorama italiano, que piensan más en deslumbrar a la audiencia con interpretaciones extremas del texto y nada se fijan en las indicaciones dramatúrgico-musicales presentes en las partituras de los compositores que deciden poner en escena. Un trabajo y un respeto de la partitura, del que desgraciadamente queda muy poco en el panorama interpretativo actual y que Muti intenta transmitir a las nuevas generaciones gracias a su Academia.

© Zani-Casadio. Muti da consejos a Felix Hornbachner, David Quang Tho Bui, Stephen Lam (Lik-Hin Lam) y Nicolò Umberto Foron.

© Zani-Casadio. Muti da consejos a Felix Hornbachner, David Quang Tho Bui, Stephen Lam (Lik-Hin Lam) y Nicolò Umberto Foron.

La Academia será sin duda el legado del director napolitano, que acaba de cumplir 78 años este 28 de julio, y del que no quiere tener la exclusividad. Muti distribuye consejos y pone a disposición años de experiencias aprendidas a lo largo de una vida pasada en los teatros de todo el mundo. Las suyas no son simples opiniones, es un saber y un respeto al Arte, donde lo que emerge es fundamentalmente el alma del compositor, el sentido del teatro y de la palabra. Para transmitirlo a los jóvenes utiliza la seriedad, junto a divertidas anécdotas ocurridas en los años de carrera; entrelaza consejos muy precisos acerca del trabajo que hay que realizar sobre cada nota y cada palabra con precisos y adamantinos análisis del texto y de la música.

©Zani-Casadio. Riccardo Muti y Jiannan Cheng en un momento de los ensayos de Le nozze di Figaro.

©Zani-Casadio. Riccardo Muti y Jiannan Cheng en un momento de los ensayos de Le nozze di Figaro.

Un público formado por estudiantes y apasionados asiste con enorme interés a los ensayos en el Teatro Alighieri de Ravenna, algunos de ellos concentrándose en anotar cada sugerencia en sus partituras de Le nozze di Figaro. Cada momento teatral es analizado hasta el mínimo detalle, del que tiene que salir una interpretación que ponga en vivo la profunda e inimitable humanidad de los personajes. Muti señala a sus alumnos que el final del segundo acto no solo es una inmensa creación sino casi un acto divino: Este final lo ha escrito Dios, dice por ejemplo el maestro, no tanto por una creencia religiosa, sino porque todavía hoy en día, después de años profundizando esta partitura, no entiende Cómo puede ser que en tan solo seis semanas haya sido posible escribir una ópera tan compleja y profunda como Le nozze di Figaro.

Una cámara de video registra todos estos momentos, posiblemente para un DVD, como se hizo para la primera edición de la Academia, la de 2015 con Falstaff, en venta en la página web oficial de Riccardo Muti. La Academia, a partir de 2020 no solo tendrá sede en Ravenna y Tokio, sino probablemente también en Florencia, ciudad donde Riccardo Muti empezó su carrera estelar como director, en 1968. Una esperanza, pero sobre todo una necesidad, para que no se pierda y que renazca una manera de trabajar la ópera que el mundo superficial de hoy necesita como nunca.

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