Estrany riu, el primer largometraje de Jaume Claret Muixart, llegó al 66º Festival de Tesalónica tras un triunfal periplo, que se inició en su estreno en el pasado Festival de Venecia, tras su paso por el Festival de Tokio y antes de partir al de Black Nights en Tallin. A su llegada a Tesalónica, el director nos ofreció una entrevista, que nos permitió profundizar en una película sobresaliente. Estrany riu narra un viaje familiar en bicicleta a orillas del Danubio, donde el joven Dídac (Jan Monter) nos muestra la cara más sensible de la adolescencia, la exploración de la identidad y la sexualidad, el amor y el deseo, expresado hacia un misterioso joven, Alexander, en un encuentro fugaz.
La génesis
Jaume Claret Muixart llegó al rodaje de Estrany riu tras una larga preparación que duró siete años, y a lo largo de la cual rodó tres cortometrajes, según confiesa, “para aprender a construir una película de equipo”. Uno de los cortometrajes se titula Los danubios (Die Donau, 2023), y esta es su relación con la película que está recorriendo con enorme éxito los festivales de cine: «Empecé a escribir Estrany riu con 19 años, entonces estaba más cerca de la edad de Dídac que cuando la rodé. Me encontraba en la Elías Querejeta Zine Eskola (EQZE), y mi tutor era Michel Gaztambide, el guionista de Vacas y de la última de Víctor Erice. Me preguntó si había leído El Danubio, de Claudio Magris… y lo empecé leer, me pareció un universo muy brutal, con pasajes muy bonitos, muy densos, sobre el escritor inventado que narra su viaje por el río. El segundo de los cortometrajes que rodé en esa época es el del Danubio, nació como un impulso, éramos un equipo de cinco personas, pero yo no quería perder la ilusión de rodar en verano”.
Al director le preocupaba la fragilidad de los procesos, el impacto que pudiera tener ese rodaje en su proyecto largo y el temor a que se perdiera la magia, “Entonces volvimos al Danubio, a los mismos sitios, pero los personajes, el tono, eran diferentes. No se trataba de una fábula desde un escritor, un fugitivo”. Aquí es donde Claret Muixart empezó a descubrir cosas como el juego de las aguas, desde el magenta al verde del inicio, el azul del final, esa transición, aunque la transformación cromática se deba a la postproducción.

El agua, omnipresente en Estrany riu es un símbolo eterno en el arte, desde Heráclito. En el caso del director, vehicula la transformación constante, “El Danubio tiene una simbología muy fuerte, incluso tópica, y quería jugar con eso, tanto con la idea de crecimiento como con la exploración estética y experimental. Es un portal para poder jugar con la poética de las imágenes, del sonido… Relacionaba el agua con la figura de Alexander.” Las sirenas, Ondina… la mitología está presente en su película, sobre todo en la construcción del personaje de Alexander. “Puedes pensar que es un personaje muy abstracto, que no tiene mucha complejidad, que es más una idea que una imagen, pero el actor necesita algo a lo que agarrarse. Trabajamos mucho con el mito de Ondina, es un personaje trágico, está en ese río encerrado, tiene un deseo, pero lo abandonan”.
Es imposible no pensar que los dos jóvenes protagonistas guardan un extraño parecido físico, aunque esta semejanza no resiste un examen próximo, sin embargo, comparten algún tipo de cualidad que los asemeja. Alexander, el atractivo adolescente algo mayor que Dídac tiene ese componente arquetípico, incluso polivalente, de contenedor: “Sí, es lo que tú quieres que sea, totalmente, era como buscar el arquetipo, pero cuando el idealismo se vuelve más real, más racional en la película, es cuando aparece su voz. Ahí aparece la decepción, tal vez los miedos, pero hay algo bonito en lo que piensas de que se parecen, porque creo que ha sido consciente, es una proyección de vida, de ese lugar de cambio y de ese ideal que imagina y que se acaba creando, está en su mente. Y, a la vez, son cuerpos muy diferentes, el de Dídac es más adolescente, más encorvado, más tímido. Alexander es dos años mayor, está más formado, eso se revela en la forma de caminar, también. Dídac es tímido, no quise que perdiera esa frescura, por lo que ensayamos menos con él, quería que conservara esos andares a lo Muerte en Venecia, la miré mucho, igual que Senso, para trabajar la coreografía».
Es curioso que Claret Muxart cite la película de Visconti, ya que es una de las asociaciones que surgen al ver Estrany riu, a pesar de que su temática sea totalmente diferente. Sin embargo, la manera de filmar un cuerpo adolescente que todavía no ha encontrado su lugar en el mundo, la fisicidad de situarse en un plano liminal entre la infancia y la edad adulta, son una de las virtudes de la película y la emparentan con la del director italiano. Los personajes se desplazan siempre de una forma significativa, nada es casual, por ejemplo, el primer encuentro de los dos jóvenes, sin palabras, solo descrito por el movimiento, con la música de piano de fondo, es como un vals sin tocarse. “Trabajé con los actores como si proyectara una coreografía…”, también hay algo de Desplechin, nos lo corrobora el director, “Me encanta Desplechin, de hecho en la escena de la masturbación aparece el tema ‘Dafnis y Cloe’, de Maurice Ravel, que está en Comment je me suis disputé…(ma vie sexuelle). Durante el montaje, con Meritxell Colell, veíamos fragmentos de otras películas para relajarnos y vimos un fragmento de esta, escuchamos ‘Dafnis y Cloe’ y la pusimos sobre la escena”.

La tensión entre lo natural y lo fabricado
El paisaje natural, la geografía de los márgenes del Danubio que la familia recorre en bicicleta, como hizo varias veces en su vida el propio director, juega a la oposición de la arquitectura y el medio como una relación narrativa, una dialéctica de espacios, que se traslada a la dinámica familiar. “Los dos espacios arquitectónicos que aparecen en la película estuvieron ahí desde el principio, fueron como boyas para mí, desde la primera versión del guion. Tenía claro que quería que los encuentros de forma coreográfica se produjeran en esos entornos. Mi padre es arquitecto, por lo que hay también algo de ello, de mi propia experiencia, un lenguaje que me resulta familiar. He pasado años filmando para arquitectos y hay ahí una exploración entre los espacios y la fuerza de gente como Roland Rainer«.
Misterio y franqueza
Dídac se relaciona con sus padres con una sinceridad cándida, casi infantil, maravillosa, pero sigue transmitiendo un cierto misterio difícil de explicar, es una forma de relacionarse con padres y hermanos fascinante. “En la película hemos abierto muchos frentes. He narrado una familia que parte de la familia que yo he tenido, vengo de un entorno de alta educación cultural, mis abuelos maternos son pintores, mi tío es un diseñador importante, tengo el privilegio de haber crecido en una familia donde los veranos íbamos a ver arte. No solo mi familia sino también mis tíos, mis primos. Ese verano fuimos a localizar en familia, viajando y encontrando todos los lugares juntos. Creo que eso es importante y debo mencionarlo. Yo estoy narrando una película desde ese lugar. Es mi homenaje a la educación que he recibido”.
Esa es la autenticidad que transmite Estrany riu, algo único que te atrapa. “Exacto, la ambivalencia entre la timidez y la sinceridad. La belleza de Jan es muy fuerte, pero no es solamente guapo, tiene una autenticidad que viene de su personalidad, yo mismo aún no entiendo parte de ese misterio. Tiene una mirada que te atrapa y a la vez es una persona muy tímida”.
Aquí también adquiere protagonismo la arquitectura, porque, por ejemplo, la escuela de Ulm es un espacio semi transparente, “Sí, ves todo desde dentro y ves todo desde fuera, todo el espacio natural, me parecía un sitio adecuado para ese primer encuentro entre los dos chicos. Está lo simbólico, pero sobre todo es físico, donde el sonido es importante, sentir el movimiento de las ramas, cuando tocan el piano, cuando corren… pero después está el barrio de Puchenau, donde la naturaleza se come el barrio. Y nos gustaba la idea de que como Alexander va ganando presencia, a medida que Dídac lo va deseando y la madre va recordando su amor, él va personificándolo, hay algo de que la presencia de Alexander, la naturaleza, va embebiendo ese espacio arquitectónico».
Una cadencia orgánica
El ritmo de Estrany riu es sinuoso, musical, acordado con los sonidos de la naturaleza, con el fluir del agua y la cadencia del pedaleo, todo es armónico. Es una película que no tiene prisa, pero tampoco se detiene, donde el personaje de Alexander no aparece hasta el minuto 50.
En Estrany riu hay una escena en que la disociación de sonido e imagen tiene una fuerza poética y narrativa a la vez, es cuando escuchamos un chapoteo que no se corresponde con lo que vemos. El sonido parte de los pies de Dídac en el agua, pero lo que Claret nos muestra es su torso. El sonido ambiental, los pájaros, la sirena del barco, el tren, se suman a la partitura original de la compositora Nika Son, a la música clásica, Ravel, incluso las dos canciones que abren y cierran la película… es una danza de los sentidos.
“Me gusta que digas eso, y siempre lo comento, que mi influencia viene más de la danza y de la música que de la literatura. Soy un coreógrafo frustrado, de alguna forma, el cine me permite hacer coreografías, por ejemplo cuando los dos chicos se miran, lo planifiqué en un plano secuencia con un traveling. Empecé a imaginar de dónde venía un actor y el otro, me sentía realmente coreógrafo y marcaba el ritmo con sus entradas y salidas. De pequeño, estudié siete años de música, piano, claro, mi influencia viene de ahí. Me viene de forma natural, lo que más me costó fue la construcción de personajes, darles intensidad, profundidad, eso es detalle. Ahí entró Meritxell como coguionista, porque el ritmo sí es verdad que me sale natural y puedo jugar con ritmos diferentes. De repente, ahora estoy planteando la posibilidad de una película que alterne el ritmo rápido y el lento, me interesa mucho la velocidad, pero como dices, hay aquí una cadencia que tiene una lentitud que no es pesada. Siempre cogía como referencia una frase de Ermanno Olmi, que me fascina: ‘En una corriente de agua, donde el agua se estanca, los dos amantes se miran y se reconocen’. Me gusta esa idea del agua que se embalsa y vuelve a correr”.
La excelencia de un equipo
Claret Muxart no ahorra palabras de agradecimiento a sus colaboradores en Estrany riu, de hecho, en todo lo que lleva de carrera: “Algo muy importante es que las películas nunca las hacemos solos, yo he ido construyendo un equipo a lo largo de los años, y puedo decir que el equipo de sonido de esta película es un absoluto lujo, llevo siete años trabajando con el diseñador de sonido Oriol Campi, con quien encontrar esta complicidad ha sido clave; Amanda Villavieja, la directora de sonido directo, es la sonidista de Isaki Lacuesta, Guerín; las mezclas son de Alejandro Castillo, también colaborador de Isaki; Jordi Ribas es el editor de diálogo de Albert Serra. Es un equipo de sonido que ha logrado algo espectacular”.
En cuanto a las imágenes, el director también ha contado con la colaboración del director de fotografía Pablo Paloma (Espíritu sagrado, Chema García Ibarra, 2021) “Es una bella persona, humilde, con quien he estudiado, ha trabajado con Víctor Iriarte, nos conocemos desde hace mucho tiempo, he colaborado con él toda mi vida, con Oriol lo mismo. En el montaje, con Meritxell Colell, Maria Castan de Manuel, con quien trabajo desde los 16 años, con Sandra Prat, la directora de arte, desde los 15 años. Es un equipo sólido”.

Rodar en 16 mm
Jaume Claret Serra ha rodado su película en 16 mm, una decisión que no solamente afecta a su aspecto visual, su textura, sino también a su propia construcción. En este caso, la técnica influye en el resultado, en la puesta en escena, como un elemento que condiciona la forma de actuar: “No sé si ahora mismo sabría trabajar en digital, me costaría bastante. Los tres cortos los hice en 16 mm. Ruedo en este formato por la dirección de actores, con él tenía un margen de cuatro tomas, más o menos, así que no puedes rodar todo el rato, debes pensar más y, además, genera una tensión”. En Estrany riu no hubo ensayos antes de rodar, “en los meses previos hicimos ejercicios muy técnicos de dinámicas, en rodaje empecé a ensayar, pero en la segunda semana dejamos de hacerlo. Alguna escena quizá más, pero siempre abiertas. De mi experiencia teatral de seis años, recuerdo el desastre del ensayo antes de actuar, tan diferente de la verdadera actuación, donde la tensión del público te hace crecer. Al rodar cine, el hecho de que los actores sepan que solo va a haber dos tomas genera otra dinámica, crecen, aumenta la concentración y la responsabilidad que derivo hacia ellos, que pueden improvisar (de un modo muy trabajado), con la libertad de cambiar palabras o proponer otros gestos. Generamos una confianza, cada toma es diferente y se crea una tensión en todo el equipo, más concentrado aún que los actores, porque no pueden fallar”. Bernardo Bertolucci o Catherine Breillat glorifican el momento supremo del rodaje, como algo único más allá del guion o la planificación extrema, “Sí, Breillat me encanta, es eso, incluso Nausicaa destaca el sonido de la película, que genera algo que no existe en digital”.
Trabajar sin ver el material mientras estás rodando es una diferencia significativa al optar por los16 mm, “No verlo esa noche, esperar tres o cuatro días a que se revele es fundamental. Tuve monitores muy simples, porque no quería quedarme más con la imagen que con los actores o con lo que está pasando. Quería únicamente una amplificación del visor, porque me gusta no ver la imagen muy bien, así cuando llega la película y ya estamos en otra escena con otras preocupaciones, eres el primer espectador de un material que te sorprende, lo ves con ojos de montador. Es un momento muy bonito que llegaba cada cuatro días, era como un regalo para todos, para Mónica Cambra, la script, por ejemplo, era una emoción que no tienes con el digital. Creo que podría dar una clase de 16 mm. Además, visualmente, trata diferentemente las luces altas, así el sol quemado es super bonito, no debes iluminar la sombra o poner difusores del sol. Eso es tiempo y dinero, poner focos, lo mismo”.
Elegir este formato también influyó en la dirección de actores de Estrany riu: “Imagínate un actor joven que empieza y tener un panel de difusión enorme que tapa la montaña. El dispositivo marca su actuación”.
Referentes estéticos
Las imágenes de la película evocan las artes plásticas, la pintura, en la forma de plasmarlas y también en los motivos, por ejemplo, encontramos a Ofelia, algo que no buscaba expresamente el director: “Nunca pensé en Ofelia, pero me lo han comentado, también los tonos de Sorolla, los cuerpos desnudos, el sol, también Monet, el impresionismo… Aunque las imágenes puedan ser impresionistas, el montaje es expresionista. Creo en un cine expresionista, alejado del naturalismo aburrido del que venimos y aún se mantiene en España. A mí me gusta mucho el cine francés de los 90, Assayas, Claire Denis, Breillat, Ackerman”. Quizá también Los juncos salvajes o incluso Muerte en Venecia… “Sí, Los juncos salvajes es una película con una increíble energía, muy fluida en cuanto a las relaciones entre los personajes y, además, Jan tiene el misterio de Tadzio. Me gusta que Alexander no tenga tanto misterio, es el típico chico del que te enamorarías con 16 años, pero es una proyección”.
“En cuanto a la pintura, creo que está la influencia de los románticos alemanes, Caspar David Friedrich…, creo que los teníamos más o menos en los cuadernos que hago, pero sobre todo fue la influencia de mis abuelos”, nos detalla el director, “mi abuelo fue pintor expresionista de la generación de Tàpies, Chillida…, su obra es muy buena. Mi abuela también era pintora, más en el estilo de Paul Klee, así que el uso del color viene de ellos”.
Los actores
El proceso de casting para encontrar al Dídac perfecto fue largo, más de tres meses tuvieron que estar buscando Claret Muxart y Martina Roura, viendo a más de 800 adolescentes hasta dar con el debutante Jan Monter. En cuanto a Nausicaa Bonnín, que interpreta a la madre, fue muy diferente: “Ella es muy buena, super generosa, era una amiga más. Una condición que me ponía a mí mismo durante el rodaje era que cenaríamos todos juntos cada día después del rodaje. Eramos ya un grupo de cuarenta amigos, los viernes y los sábados salíamos de fiesta, hacíamos kajak… y Nausicaa se apuntaba a todo, no era la típica diva que se queda en el hotel a sus cosas».
La verdad y el tono
La autencidad transpira en cada escena de Estrany riu, donde la belleza de las imágenes y la armonía del sonido y la música tienen una organicidad fluida y real. “Esto es muy importante para mí. Además, estoy en comunicación con Mia Hansen Løve, nos vimos en Madrid, sabes que ella siempre busca la verdad. Un amor de verano me sirvió para el montaje, ella habla del amor de la adolescencia, hay momentos en que el tiempo pasa rápido o se detiene. Esa película está construida en base a esos ritmos, la primera parte de la nuestra es bastante rápida, más que la segunda parte. Observé con María Castan de Manuel cómo montaba ella, y vemos lo que decías en cuanto a lo armonioso, que es tan importante, igual que el tono. En cinco minutos, cuando ves una película sabes si lo tiene o no, y en ese caso ya no me interesa. Ahora me atrae jugar con diferentes tonos dentro de uno, sin que haya disonancia. Estrany riu es una película de familia, romántica y también tiene cierto tono crepuscular, de final de verano y principios de otoño».
Nos despedimos del director horas antes de la proyección de su película en el 66º Festival de Tesalónica, hablando de proyectos y esperando ver su nueva producción mucho antes de esos siete años que tardó en llegar Estrany riu, aunque fue una más que merecida espera.






Nadie ha publicado ningún comentario aún. ¡Se tú la primera persona!