En cada persona hay un bosque. Y en cada uno de esos bosques se ha perdido alguien, con ese epígrafe de R.V. Cullingham comienza la última novela de David Pascual, quien se sienta en la mesa del bar, pide un botellín de Mahou y, antes de que se encienda el grabador, cuenta una aventura de juventud sobre su vida y época de camarero en Buenos Aires. Dejar la tierra natal para trabajar en la hostelería en España es el camino de miles de jóvenes argentinos. Él fue a contracorriente. Dejó España para trabajar en la hostelería argentina. Un poco en esa primera anécdota se condensa su ética: ir contra los prejuicios de la época para crear una nueva.
Durante una hora, hablará de su vida y también sobre Carne, libro editado por Colectivo Bruxista, lo que dará pie para profundizar sobre algunas de las obsesiones que lo recorren en la actualidad: la década de los noventa neoliberales, el interior de España y la televisión como máquina de inventar historias. Todo eso se irá atemperando con opiniones diversas que darán tiempo también para conversar sobre Virgen de la periferia, su último proyecto musical sintetizado en el álbum El Crimen de España Vol. I. Sin más preámbulos, entraremos a su bosque y veremos quién se ha perdido.
Andrés Mainardi. ¿Qué es para ti escribir?
David Pascual: Es de lo que vivo y lo que más me gusta hacer. Ahora mismo vivo de escribir, no de escribir libros, que es lo que menos dinero me da, pero sí de escribir guiones, películas, ficciones sonoras, doy clases de escritura. En este momento, desde hace como tres años, vivo solo de esto. Pero mi camino para llegar ha sido un poco extraño, porque en realidad estudié Bellas Artes y lo que había hecho toda la vida era música. Aunque lo que había hecho siempre estaba vinculado con la escritura, era muy lector, escribía letras de canciones, textos en un blog que tenía, y en lo que hacía en Bellas Artes, que sobre todo estaba vinculado al vídeo y la performance, era muy textual también. En ese momento no me planteaba dedicarme solo a la escritura, o que el elemento central de mi vida fuese ese.
¿Y cómo fue que se volvió tan central?
Cuando estuve en Buenos Aires, conocí a una editora de una editorial muy pequeñita que se llama Encendidas. La conocí por una casualidad muy loca, quedé allí con una persona que conocía de aquí de Valencia y quedamos también con esta editora, él no apareció y entonces nos conocimos ella y yo. Y con ella acabé publicando lo que fue mi primer libro, que en realidad una parte eran los textos que tenía en el blog y otra parte la tuve que escribir.
Entonces de repente me tiré un mes escribiendo todo el tiempo, cuando no estaba trabajando en el bar, estaba escribiendo. Y ese fue el primer libro que escribí. Cuando volví a Valencia, ya tenía claro que quería seguir haciéndolo, pero obviamente no lo pensaba como un trabajo, lo pensaba como otra faceta más, como otra cosa que disfrutaba de hacer, como la música sobre todo en ese momento. Luego, durante diez años, estuve combinando el escribir novelas en editoriales muy pequeñitas, con hacer música, y con tener un trabajo en un centro ocupacional en salud mental, pero de repente hubo un momento en el que me propusieron participar en el guion de una película y era imposible hacer todo a la vez. No tenía tiempo físico. Entonces dije, vale, pues si voy a hacer esto necesito formarme.
Hice un Máster de guion en el que estaba Borja Navarro, y al tercer día que estaba en el máster, volví a mi casa y a mi pareja de ese entonces, que era María Bastarós, le dije que había pensado en dejar el trabajo y dedicarme solo a esto. Tenía algo de dinero ahorrado, y María dijo, adelante, y yo dije, venga, y me lancé.
¿Diez años en un centro ocupacional han servido para tu escritura?
He trabajado diez años en un centro ocupacional con pacientes enfermos de esquizofrenia. El sitio era muy tranquilo porque en realidad era un centro de día e iba gente que tenía mucha supervisión. Por lo tanto, para mí era muy raro que alguien tuviese una crisis muy gorda o que las cosas se te fuesen de las manos. Obviamente, es un universo muy peculiar, la gente conoce muy poco.
Hasta Gordo de Porcelana, nunca me había atrevido a escribir sobre eso. Por varios motivos, primero, porque es algo a lo que le tengo mucho respeto y segundo, es algo de lo que se han hecho muchos clichés, y yo lo último que quiero en la vida es perpetuar un cliché relacionado con la salud mental.
Lógicamente la salud mental es algo que a mí me interesa, he trabajado en ello mucho tiempo, aunque genera mucho dolor. El único motivo por el que dejé ese trabajo es porque había algo que me hacía más feliz.

Para dedicarte a la escritura tuviste que acercarte al lenguaje cinematográfico, televisivo, y también a la publicidad, ¿qué te gusta más?
La publicidad la odio profundamente, pero he hecho unos cuantos trabajos. Tengo amigos que se dedican a ello, entonces de vez en cuando me ofrecen algo y lo cojo porque tengo que vivir. Soy realista, para poder vivir de escribir, necesito diversificar. Lo que pasa es que la publicidad es lo que menos me gusta hacer, por muchos motivos. El principal es porque me siento un villano haciéndola. Honestamente, disfruto igual de escribir un guion que de escribir una novela. Para mí no hay mucha diferencia, obviamente hay cosas del lenguaje que son diferentes, aunque a mí cada vez me dan más igual.
Sí hay una cosa que es determinante que es la libertad de creación. En una película, tener la última palabra o el control de lo que estás haciendo es muy difícil. En un libro hago lo que quiero. Igual, me gusta trabajar por encargo, no me cuesta, pero soy consciente de que hay otra persona que quiere las cosas de una determinada manera y así es como lo tienes que hacer.
¿La escritura literaria te sirve para lo audiovisual? ¿Y viceversa?
Soy una persona anti dogmática y procuro cuando doy clases recordárselo a los alumnos y alumnas. Les insisto mucho en que lo que les digamos nunca lo escuchen como una verdad absoluta y que tomen sus decisiones. Normalmente en la literatura hay un dogma muy grande: que si un libro es muy bueno tiene que ser irrepresentable en una película, porque es otra cosa. Y en el cine pasa al revés, es como: no cuentes nada, no hagas diálogo, no sé qué, show me don’t tell. Para mí esos son dogmas, no me interesan nada.
Creo que cada proyecto crea una estructura interna que hace que funcionen unas cosas u otras no. Los libros de Cormac McCarthy podrían ser guiones y nadie piensa que Cormac McCarthy no es literario. Y hay películas súper literarias que funcionan fenomenal. En Romería hay una parte que la película se convierte en realismo mágico y otras partes que hay mucho diálogo, eso no hace que sea más o menos cinematográfica, pero en cada uno de esos momentos gana en profundidad. Eso es genial. Pero, en fin, tú puedes hacer lo que quieras, dependiendo de la estructura interna de tu proyecto.

Hablando de hacer lo que quieras, en Carne has hecho un poco eso y lo has conseguido.
En Carne, en general, la narración de los capítulos es bastante cinematográfica. Lo que pasa es que luego hay una voz, que es la voz de Anita, que lo rompe y abre grietas en esas narraciones audiovisuales. Sobre todo, porque me gusta contar a los personajes a través de situaciones concretas de su pasado.
Carne es un libro en parte sobre la televisión. Entonces, contar determinadas cosas casi como si fuese un guion tiene cierto sentido y cuando llegas al plató tiene más sentido aún. En una versión anterior del manuscrito había anuncios publicitarios a lo largo de todo el libro. Luego los quité. Creo que ha quedado uno solo.
¿Y por qué los has quitado?
Yo qué sé, son decisiones. En la última versión quería ser más directo y los elementos más postmodernos me daban la sensación de que frenaban la crudeza del libro. Todas las decisiones te dan y te quitan cosas. En ese momento para mí el libro era mejor sin los anuncios. Tiene mucho que ver con qué escritor te sientes en cada momento. Pero eso no tiene nada que ver con que en los guiones se puedan hacer unas cosas y en los libros otras. Yo creo que lo mejor que me ha pasado a lo largo de mi vida como creador ha sido que cada vez que he encontrado algo que me ha explotado en la cara lo he intentado hacer.
¿Sientes que la televisión ha formado parte de tu educación sentimental desde pequeño a adulto?
Con Carne alguien me dijo… “Ostras, es que en todos tus libros sale mogollón la televisión”. Antes no me había dado cuenta nunca. En Carne evidentemente sí, porque es un elemento como principal, pero en Gordo de porcelana y Dinosaurio, por ejemplo, sale muchísima televisión también. Soy de la generación de la televisión. Nosotros veíamos mucha. En mi casa se leía mucho, era una casa interesada por lo cultural, pero generacionalmente vimos mucha tele. Y además muchas cosas las vimos por primera vez a través ella. Y muchos relatos con los que nos hemos construido los vimos ahí.
Además, había una cosa como muy chocante entre la tele y el mundo que veíamos. No era igual, era diferente. De hecho, fíjate, de repente salen seis libros de seis personas diferentes en seis sitios de España donde hay un montón de elementos en común, eso es resultado de una generación que ha visto las mismas cosas.
De algún modo la globalización aplanó el inconsciente o le dio otra textura a ese multiverso.
En ese momento todos veíamos lo mismo porque en España eran dos canales y luego fueron cuatro. Entonces, claro, sí, eso tiene importancia. También influía la época, cierto.
Los noventa en España son unos años muy contradictorios.
En mi caso personal, para empezar, yo era bastante pequeño ahí. En la España de los noventa, para mí, era muy común que un toxicómano te atacase por la calle. Era súper habitual. Había un parque al lado de casa de mi abuela estaban literalmente todos los arbustos repletos de jeringuillas. Era muy bestia. Pero también era la España de las Olimpiadas y las Exposiciones Universales, la que parecía que por fin se abría a Europa y que daba sensación de modernidad, la que decía “En España no somos unos cazurros, somos Europa”.
Pero en paralelo estábamos todavía con la epidemia del SIDA, de la heroína, y aunque no fue una cosa solo de España, el tema de la heroína en España fue muy bestia. Con el SIDA igual, solo que el SIDA estaba invisibilizado. Del tema de la heroína tampoco se hablaba mucho. Todo el mundo tenía un pariente, un conocido o un vecino que era adicto a la heroína y muchos acababan muriendo de SIDA, pero eso entre familias no se hablaba. O sea, hablaba muy poco. De hecho, con el libro de Juan Trejo, Nela 1979, o con Romería de Carla Simón también, aparece una generación que de pequeño vivió eso y ahora está hablándolo.
Eran como los espectadores de una farsa…
Hay hasta una película de cómo limpiaron las calles de Sevilla para hacer la Exposición Universal. De cara a que viniese el turismo, cómo iban apartando a los toxicómanos, para dar la imagen que se quería dar de una España europea.
En Carne hay una decisión personal de retratar los pueblos vaciados de España. Tú te interesas por retratar esa España que de algún modo de los 90 en adelante dio vergüenza mostrar porque significaba atraso.
La España del interior de Valencia era y es muy diferente a la de Barcelona o de la de Madrid. Toda esta movida de modernidad que se vendía en las grandes ciudades no tenía nada que ver con los pueblos. Carne es un libro de cinco personajes que tienen sus propios problemas y a los que esto les viene fatal. Es el primer libro en mi vida que empiezo a escribir sabiendo lo que estoy haciendo. Soy un escritor muy intuitivo, cuando empiezo un libro no sé lo que estoy haciendo. Con Carne sí sabía lo que quería contar y lo que quería contar era qué pasa con las personas cuando algo horrible y extraordinario, como la desaparición de una niña, se da en un contexto además pequeño.
¿Las tragedias nos unen o nos desunen?
En Carne lo que ocurre es que la desaparición de la niña ni une a la gente, ni la hace mejor, al revés. La hace peor. Además, los personajes de Carne tienen una vida antes de que tú los conozcas y cuando dejas de conocerlos, no sabes qué más pasa con sus vidas, pero todos están en un momento de crisis cuando llega su momento. Y la tragedia, la desaparición de la niña, les viene fatal a todos porque todos tienen sus propios problemas. En un pueblo pequeño es más fácil ver cómo afecta eso a la sociedad, porque todo es más pequeño e intenso. Sobre todo, me interesaba integrar el afuera en el adentro, que en este caso es el periodismo de Madrid que llega y cambia el relato.
La televisión llega a enriquecerse con la tragedia y cambia la propia historia de lo que está pasando. De repente convierten a la gente en contenido para programas de entretenimiento. Lo cual es muy interesante porque el pueblo pequeño al final acaba siendo parte de la maquinaria de lo que viene de fuera que en este caso es lo poderoso. Lo de fuera fagocita a lo de dentro, pero al mismo tiempo los de dentro necesitan crear un enemigo exterior. Ante las tragedias necesitamos culpar al afuera, sea la inmigración, el demonio o el esquizofrénico porque si no, es que somos nosotros y si somos nosotros, entonces ¿qué?
¿Qué lugar ocupa para ti también, en este momento, Virgen de la Periferia? Otro proyecto que también habla del crimen en España.
Correcto que es como el mayor compositor de Virgen de la Periferia y uno de mis mejores amigos me invitó y yo le dije vale, me meto, pero me meto si no montamos el grupo hasta que tengamos grabado el disco. Lo que quería era no tener que ensayar. Entonces empezamos a hacer el primer disco sin que hubiese grupo prácticamente, grabando, pero no ensayando lo cual a mí me sirvió mucho también para tomarme con una tranquilidad distinta a otros proyectos como fue Mr. Perfumme.
Las letras de El Crimen de España son muy narrativas.
El disco lo escribí prácticamente cuando estaba escribiendo Carne, lo cual tiene muchísimo que ver las obsesiones en mi vida que van como por temporadas. Las letras siempre han sido fundamentales en mis proyectos y en este disco tuve más tiempo para eso. Lo que quería era que tuviesen un sentido y no una colección de cosas aleatorias.
Quería que el disco fuera un disco todo el rato. Aunque no está contando una historia de principio a fin siempre hay elementos. El crimen y el mundo rural son los principales. Todo el rato hay como una idea de que las letras, aunque no vayan a ser historias, tengan todos estos elementos y por eso luego es muy coherente.
En la presentación de Carne en Bangarang le diste mucho lugar al humor y era la presentación de un libro bastante crudo, ¿cuál es el lugar para ti en la vida?
Yo me comunico el 90% del tiempo a través del humor. Es mi manera de relacionarme cuando estoy contento y cuando estoy absolutamente destruido. El humor en mis libros normalmente suele haber mucho humor. Me gusta mucho cuando la gente dice que se río mucho leyendo Dinosaurio, por ejemplo. Eso me lo dijo Rosario Villajos y yo me moría del gusto porque es como es un libro feísimo, pero no me extraño que me lo dijese.
No puedo evitar ver la parte humorística porque mis libros son muy duros, con un peso fuerte desde lo dramático. El humor en mis libros casi siempre parte de los personajes que viven situaciones tan chocantes que lo utilizan para protegerse. El humor casi nunca son gags sino son los propios personajes defendiéndose del mundo y riéndose un poco de sí mismos, de la propia miseria que los constituye.
¿Con qué libros españoles actuales y, en particular de Valencia, crees que dialogan tus libros?
Con Borja Navarro hemos trabajado mucho y es la cosa más loca que me ha pasado en mi vida, porque normalmente la gente que viene de la literatura está muy poco acostumbrada al equipo y en el guion es mucho más habitual. Cuando hacemos proyectos audiovisuales con él, literalmente, a veces parece como si escribiese la misma persona, te lo juro. Creo que por varias cosas tenemos una sensibilidad muy parecida. Además, los dos somos muy generosos y poco ególatras.
Ahora te voy a decir la gente que a mí me encanta y por lo tanto con la que veo relación, aunque luego no sé si en los libros se ve tanto. Iván Rojo siempre me ha fascinado. María Bastarós no es de Valencia, es de Zaragoza, pero vive en Valencia y hemos trabajado mucho juntos y es super talentosa. Luego hay gente a la que admiro mucho, pero creo que cuando ves los libros es más difícil ver la relación, aunque, por ejemplo, con Alberto Torres Blandina he aprendido muchísimo de estructura y con Lidia Caro Leal también, aunque probablemente es más difícil ver las similitudes sobre el papel
¿Y cuáles son los referentes artísticos de David Pascual?
Me hizo muchísima ilusión cuando en una reseña de Saber Matar, Jesús García Cívico me referenció a Nan Goldin, es mi fotógrafa favorita y me pareció alucinante que viese eso en el libro porque no había una referencia directa ni se la nombraba. Después, Cormac McCarthy es un autor súper importante y al que tengo presente a la hora de escribir determinadas cosas de los libros. Contemporáneas A.M. Homes, me encanta porque hace libros muy diversos que no tienen nada que ver entre ellos y todos me flipan. Creo que con Carver y Catedral fue el primer libro que leí y pensé yo quiero escribir así. Óscar Gual, que es un escritor de Castellón lo cito muchas veces también porque cuando leí Los últimos días de Roger Lobus fue uno de esos libros que leí y me di cuenta que los libros eran muchas más cosas que lo que yo pensaba.
¿Y en música?
Me gustan los noises y los crooners. Tom Waits, The Jesus and Mary Chain, Sonic Youth y Nick Cave. Esos.






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