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75 Festival de Cannes “Holy Spider”, crónica negra iraní

En Cine y Series jueves, 26 de mayo de 2022

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Tras dejar al público anonadado con la audacia y sensibilidad que mostró en el filme fantástico Border, su segunda película y primera en ser presentada en el Festival de Cannes —donde obtuvo el premio de la sección Un Certain Regard—, el director iraní afincado en Suecia Ali Abbasi ha regresado con un film de género, en este caso una crónica negra basada en hechos reales, ambientada en su Irán natal. Holy Spider narra la historia de un asesino en serie, Saeed (Mehdi Bajestani) que estranguló a dieciséis prostitutas en la ciudad de Mashhad, entre 2000 y 2001. El móvil del criminal partía de su fundamentalismo, de un propósito mesiánico y redentor, de la necesidad de “limpiar” la ciudad de vicio y corrupción.

Holy Spider

Sin embargo, la investigación de tan considerable delito se estancó, la policía no hallaba pistas y las prostitutas seguían siendo asesinadas y localizadas, una vez su asesino llamaba para notificar dónde las había abandonado. El clima que crea Abbasi desde las primeras imágenes es de empatía con la primera víctima que nos muestra, una joven madre, que vive miserablemente y deja a su hijita durmiendo en un habitáculo paupérrimo. Se maquilla burdamente, exageradamente y sale en busca de sus clientes, deteniéndose lo justo para esnifar una dosis que seguirá destrozándole la vida y los dientes, pero también ayudando a arrastrarse un día tras otro hasta el siguiente cliente. Las mujeres que viven en el tercer mundo, bajo dictaduras o regímenes totalitarios pseudodemocráticos son las más pobres entre los pobres, y Abbasi nos los demuestra desde los primeros planos de Holy Spider.

Holy Spider

La preocupación social es patente en la película que, más allá de la crónica negra, explora en las raíces del crimen, en su impunidad y su orgánica aceptación dentro de un régimen que sistemáticamente desprecia los derechos de las mujeres. Como en una ficción de polar nórdico, será una periodista quien se empeñe en investigar el crimen y llegar hasta las últimas consecuencias para hallar al asesino y conseguir su condena. Acosada por policías y jefes y ayudada por un fiel colega, Rahimi (Zar Amir-Ebrahimi, premiada como mejor actriz en el 75 Festival de Cannes) llegará hasta el final, temiendo hasta el último momento que la corrupción y la impunidad arruinen su propósito.

Lo primero que destaca en el filme es la libertad creativa que muestra su director, inédita en Irán, pero comprensible cuando sabemos que ha sido filmado en Jordania, y en el que las mujeres se muestran como son en la intimidad, y actúan como en la vida real, comparten cama con sus maridos, son acosadas sexualmente e incluso, a veces, osan rebelarse. En el estilo de Abbasi reconocemos a un cinéfilo que ha sabido interpretar y trasladar sus fuentes de inspiración desde Travis Bickle —cambiando el taxi por la motocicleta—, al mismo Hitchcock, a quien nos recuerda inevitablemente en escenas prolongadas de violencia —la lucha entre el asesino y su última y frustrada víctima (Cortina rasgada, Crimen perfecto) y en los estrangulamientos (Frenesí).

Al director le interesa narrar un proceso, al asesino le conocemos desde el principio de la película, no hay sospechosos que descartar, sino descripción del modus operandi y de la cotidianidad del delincuente, de su motivación y también de su poder de representatividad de una conciencia colectiva, de unos valores aceptados por la sociedad, de una legalidad injusta, que parte de una abominable justificación, presentada a la manera de Rasoulof en La vida de los demás. No nos debería distraer la apariencia de thriller nórdico, porque Holy Spider es un filme iraní hasta la médula, en el que la reflexión corre pareja a la ficción, como en Border, la narración es deslumbrante, y el poso, duradero.

Holy Spider

El pulso de Abbasi como contador de historias es de un ritmo bien calculado y sus finales brillantes, y es en la coda que acaba de atar y de sobredimensionar a su película donde el espectador reconoce a un gran director, capaz de sorprender con una última gran escena, para asegurarse que cuando salgamos de la sala no creamos haber visto una película policiaca.

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