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75 Festival de Cannes: “R.M.N.” para diagnosticar Europa

En Cine y TV 23 May, 2022

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Tras Los exámenes, presentada en 2016, el director rumano Cristian Mungiu vuelve con R.M.N. al Festival de Cannes para diagnosticar a su país, pero también a Europa. Si en aquella película partía de una anécdota familiar para describir la corrupción y la necesidad del individuo de obtener sus propósitos a cualquier precio, en su nuevo filme, ambientado en una comunidad rural de Transilvania, Mungiu amplía su objeto de estudio para analizar la realidad de un mundo en extinción y el nacimiento de un nuevo orden. Con la misma asepsia con que filma un plano fijo de 17 minutos y la distancia aparentemente equilibrada con que permite expresarse a aquellos miembros de la sociedad que representan las fuerzas que lastran el progreso de la humanidad, el director rumano nos ofrece una película sobresaliente que cumple con creces sus objetivos.

El ritmo y la dosificación de la información, el modo de trenzar lo íntimo con lo político y el retrato implacable, en trazos bien escogidos, del protagonista Matthias (Marin Grigore) nos hacen reconocer los mejores rasgos del director de Más allá de las colinas (2012), su pulso y su impasible fiereza. El invierno de Transilvania y la navidad no son elegidos en vano para situar la acción, el contraste con los sucesos es mayor así. Si Mungiu trasciende el brutalismo e inmovilismo de un grupo, su miedo al extranjero, sus problemas para encajar más de una cultura en un único tiempo y espacio, cuestionando la legitimidad de su ascendencia, es para llevarnos a reflexionar sobre una Europa en peligro, cuya debilidad subyace en su propia filiación.

En R.M.N. (Resonancia magnética nuclear) conviven grupos de procedencias diversas, como los que habitan la región en la que húngaros, alemanes y rumanos se entienden si quieren en sus propias lenguas, lo demuestra cuando los subtítulos del filme cambian de color para que percibamos los cambios de idioma constantes entre los personajes. Además del grupo social ya formado al inicio de la película y que convive con cierta normalidad, se unen como motor del conflicto tres trabajadores de Sri Lanka, inmigrantes que ocuparán los puestos de trabajo que rechazan los trabajadores locales, que no aceptan el salario mínimo y prefieren emigrar ellos mismos. Por otra parte, llegarán al pueblo un joven francés, que desarrolla un proyecto de la UE para proteger a los osos, y Matthias, al que en Alemania llaman gitano, y que regresa súbitamente a casa sin un propósito expresado abiertamente, pero supuestamente para recuperar a su amante.

El rechazo del pueblo a los extranjeros se plantea abiertamente en la escena cumbre, en la reunión de los vecinos, tras los infructuosos esfuerzos por acercar posiciones de la dueña de la fábrica que emplea a los extranjeros. Los oponentes que no han dudado en atacar físicamente a los nuevos trabajadores, lanzando bombas incediarias a su refugio, revelarán sus razones que a nuestros oídos resuenan como un temible programa electoral. Las voces que reclaman comprensión y coherencia no se escuchan con la misma fuerza, y la intervención del joven francés solo sirve para que se le ataque por su labor.

Los temas principales que se desgranan en R.M.N. son los síntomas de ese diagnóstico que podría aportar la resonancia magnética nuclear. El recurso a las imágenes del cerebro de Papa Paul, la figura paterna de Matthias que está gravemente enfermo son revisadas una y otra vez en el móvil, como intentando descifrar un enigma, un fallo visible que ayudara a comprender la enfermedad. Rumania y Europa, están enfermas y son incapaces de curar sin un diagnóstico profundo, porque las raíces del problema están en la propia Historia, en las naciones que nacieron de las luchas, de la defensa de sus fronteras. Como dice uno de los personajes, Occidente pudo desarrollarse porque nosotros mientras tanto manteníamos las fronteras luchando contra los enemigos.

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En otro nivel, el fracaso de Matthias como encarnación del brutalismo, incapaz de respuestas complejas a las situaciones a que se enfrenta, arrastra pesadamente las cargas de su rol patriarcal, debe ir armado  y responder con violencia, vigilar la honra de sus mujeres y perpetuar en su hijo los valores asociados a los hombres secularmente. En su relación con las mujeres, hay una amenaza latente de violencia, sobre todo con su esposa, mientras que respecto a su amante actúa con cierto respeto al desconcertarle su asertividad y su forma de vivir. La única persona evolucionada en todo el pueblo es Csilla (Judith State), una mujer libre, que vive sola en una casa moderna, que ama la música y toca el cello, habla varios idiomas y sabe interactuar con paisanos y extraños con la misma desenvoltura y empatía.

Los dos extremos de personalidad son representados por la pareja protagonista: Matthias monolítico, incluso físicamente compacto, e inseparable de las creencias tradicionales, sin más recursos para convivir que la violencia y la ley del más fuerte -le dice a su hijo que quien tiene piedad muere el primero- y por otra parte la conciliadora Csilla, acompañada de otros personajes femeninos positivos, que parecen haber vuelto de un viaje al futuro, para humanizar su comunidad. Policías, alcalde y sacerdote, encarnan a las fuerzas vivas garantes de la perpetuación de las tradiciones, mientras que las mujeres jóvenes representan la defensa de la tolerancia, la negociación, la reinvidicación de sus derechos y los de los demás y el sentido práctico frente al inmovilismo estéril, que demuestran manteniendo una industria que crea puestos de trabajo para la comunidad y se beneficia de las ayudas de la comunidad europea.

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El encaje en Europa es un tema primordial en el filme, que se revela con diversos ejemplos, desde el cambio de hábitos a unos beneficios que no alcanzan a comprender, porque interpretan como una imposición. Así, y sobre todo, el tratamiento de la naturaleza, la protección del medio ambiente y la fauna salvaje, que vemos representados en la figura del conservacionista francés que censa a la comunidad de osos, o el cierre de la mina para detener la transformación del paisaje y los vertidos tóxicos. Mungiu utiliza diversos símbolos a lo largo de R.M.N. para describir a los personajes y sus relaciones (Csilla ensaya cada noche con su cello la melodía de In the Mood for Love), se ha hecho vegetariana, circula en bicicleta, tiene buen talante, se relaja de noche con un copa de vino y su sexualidad es libre.

Matthias se mueve en una ruidosa moto, suele llevar su rifle, y actúa como matarife de cabras y cerdos. La relación con su hijo sirve también para ilustrar los dos distintos tiempos que conviven a la vez, el del atavismo y el del futuro evolucionado de acuerdo con los valores de solidaridad, ecología y humanismo, derechos igualitarios frente a machismo y racismo. El padre enseña al niño a colocar una trampa, y el hijo libera a la presa, Matthias insiste en promover la masculinidad tradicional, apuntarlo al hockey, mientras que los nuevos tiempos van en su contra y el niño desarrolla un mutismo psicológico como defensa. La fábrica que emplea a los extranjeros está gestionada por dos mujeres, su esposa comprende y ayuda mejor a su hijo que el bruto del padre, cuando hace unas décadas, ella no habría osado contradecir al progenitor… Las imágenes de Matthias silencioso a las puertas de la casa de Csilla expresan sin palabras cuál es su lugar y su posición en esa nueva sociedad que los aldeanos tanto se resisten a tolerar.

El machismo, la xenofobia, la destrucción de la naturaleza, son los valores tradicionales que Mungiu describe en R.M.N. como un escollo para el progreso si se siguen transmitiendo a las generaciones futuras. La metáfora del bosque como hogar de lo misterioso, desconocido y amenazador, funciona a lo largo del filme, puntuando los trayectos del niño al colegio como un peligro suspendido. Y será del bosque de donde aparezca la respuesta a tanta barbarie, la naturaleza viva y salvaje se mostrará como en un cuento de hadas como advertencia y quizá como venganza, para plantar cara a tanta ignorancia e intransigencia.

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