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El largo y frío invierno en diez canciones sin fecha de caducidad

  • En Música
  • 13 diciembre, 2017
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El largo y frío invierno en diez canciones sin fecha de caducidad

El recogimiento al que invitan estos días, amenazados como estamos por olas de frío, potentes borrascas y ciclogénesis varias, invitan sobremanera al disfrute de la música pop entre las cuatro paredes del hogar. Las canciones de invierno no son precisamente un subgénero, ni siquiera procuran la abundante discografía que el verano o la primavera deparan

El recogimiento al que invitan estos días, amenazados como estamos por olas de frío, potentes borrascas y ciclogénesis varias, invitan sobremanera al disfrute de la música pop entre las cuatro paredes del hogar. Las canciones de invierno no son precisamente un subgénero, ni siquiera procuran la abundante discografía que el verano o la primavera deparan con su exuberancia formal. Pero hay discos que son innegables productos del largo y frío invierno.

Es esta una época que, en terreno musical, suele ser tiempo de contrastes: desde la dureza que sus rigores ambientales alientan a la hora de trazar paralelismos con ciertas devastaciones emocionales hasta la calidez que las reuniones con los seres queridos estimulan, y todo lo que tienen también de consabidos retornos a las raíces, a lo más entrañable de nuestro pasado. Allá van diez perlas invernales, que pueden degustarse a modo de ilustrativa lista de reproducción.

#1 Neil Young – “Winterlong”

Compuesta en 1973, originalmente ideada por el canadiense para un álbum (Homegrown) destinado a ser el sucesor natural de Harvest (1972), apareció en algunos acetatos de Tonight’s The Night (1975) y ya con todos los honores en el recopilatorio Decades (1977). Pero tuvo que pasar más de una década para que la emergente escena alternativa norteamericana extrajera nuevos relieves de sus líneas, gracias a las versión tramada por los Pixies en 1989. Una historia de vuelta a los orígenes, tan clásica del invierno.

#2 Nick Cave and the Bad Seeds – “Fifteen Feet of Pure White Snow”

Uno de los grandes momentos de la fase de madurez de Nick Cave fue esta sinuosa canción, inflamada por coros casi gospel (marca de la casa), incluida en el nunca bien ponderado No More Shall We Part (2001). Atentos al clip, con cameos de Jarvis Cocker (Pulp) y Jason Donovan, marcándose unos bailes en el antiguo salón del Comité Central del Partido Comunista de Kazajistán, con la plana mayor de algo que se parece mucho al politburó de la URSS observándoles desde unos desvaídos cuadros que cuelgan de sus paredes. Lo hacen con tanto frenesí que parecen dar la razón a quienes creen que la nieve a la que se refiere el australiano no es, en realidad,  más que la golosa cocaína.

#3 Belle and Sebastian – “The Fox in the Snow”

El segundo (gran) álbum de los escoceses –y el primero que llegó a grandes audiencias– es uno de los indiscutibles clásicos invernales. Melancólica, vulnerable y delicada, “Fox in the Snow”, que es una de sus gemas, invita al recogimiento. Un hermoso tapiz de pequeños dramas cotidianos, resueltos en un manojo de viñetas prendadas de alienación. Que explican y justifican por sí solas el ethos de Stuart Murdoch y los suyos, en el pico más pronunciado de su creatividad.

#4 The Rolling Stones – “Winter”

Los Stones se anotaron el tanto de escribir unas de las canciones definitivas de invierno precisamente desde un estudio de la soleada Jamaica. Hasta allí se fueron a grabar Goat’s Head Soup (1973), trabajo que es mucho más que el álbum donde se alojaba “Angie”. Esta emotiva y gráfica descripción de los rigores del trimestre más frío del año es una de las muchas gemas semiocultas de su amplísimo repertorio, en la que los honores de su indeleble solo de guitarra recaen en Mick Taylor, y no en Keith Richards (pese a lo que dicen los créditos).

#5 Björk – “Frosti/Aurora”

La electrónica miniaturista de Matmos, y su traducción aquí en glitches que simulan pequeñas pisadas en la nieve, fue la mejor aliada de la islandesa en el punto en el que mejor supo combinar intimismo y una inspiración que congraciaba grandes dosis de experimentación. La secuencia que forman “Frosti” y “Aurora” marca el tramo más invernal de uno de esos discos (el magistral Vespertine, de 2001) que nos invitan a no olvidar nunca que una vez todos nosotros fuimos niños, y nuestra capacidad de soñar no tenía límites.

#6 Henri Salvador – “Jardin d’Hiver”

¿Es posible rendir cuentas al invierno al cálido ritmo de la bossa nova? Para el tándem que formaron Benjamin Biolay y Keren Ann, la respuesta es un rotundo sí. La versión más conocida de este tema es la que grabó Henri Salvador a sus 83 años, en aquel Chambre Avec Vue (2000) que vendió más de un millón de copias en Francia y supuso su triunfal retorno crepuscular. A partir de entonces, fue versionada por Stacey Kent, Luz Casal o Bïa, en diferentes idiomas.

#7 Santi Campos y Los Amigos Imaginarios – “El Invierno Secreto”

Ya alejado de las melodías radiantes que facturaba al frente de Malconsejo o incluso en su primera entrega en en solitario, el segoviano (afincado desde joven en Castellón, luego en Madrid y desde hace unos años en Barcelona) registró su mejor cota en el nuevo siglo con este El Invierno Secreto (2006). En él, y como si estuviera quemando a fuego lento y en una hoguera doméstica viejas hojas del calendario invernal de Neil Young o Wilco, demostraba su consumada capacidad como artesano de pop atemporal. El clip con el que ilustramos esta entrada no es del tema homónimo, sino de “Permanecer”, su primer corte.

#8 Galaxie 500 – “Listen, the Snow is Falling”

La escribieron John Lennon y Yoko Ono, pero fue la versión de los norteamericanos Galaxie 500 la que elevó esta pieza a la categoría de culto. El sonido de la nieve cayendo in crescendo debe parecerse mucho a estos casi ocho minutos, en los que la voz dulce de Naomi Yang da paso a las características guitarras en espiral de Dean Wareham. Su hueco lo podría ocupar también el “Snow Song” de los valencianos Polar, los mejores embajadores hispanos de esta clase de sonido.

# 9 Diabologum – “De la neige en été”

El escalofriante #3 (1997) de los galos Diabologum es uno de los mejores discos invernales nunca hechos. Guitarras cortantes como el filo de un cuchillo japonés, guiños a la blank generation y brotes de conceptualismo arty jalonaban un trabajo frío por fuera y ardiente por dentro, al borde de la erupción, como un volcán nevado. El apocalíptico escenario con el que lo abrían, en el que dibujaban un verano invadido por la nieve a no más de cero grados, fue uno de sus puntos álgidos.

#10 Kitchens of Distinction – “Mad as Snow”

Cuando en el minuto 3’10” de este corte llegan en cascada las guitarras comandadas por Julian Swales, le entran a uno las ganas de restregarle en la cara y a todo volumen sus cualidades envolventes a todos aquellos que hablan de shoegaze en los últimos tiempos, sin tener ni idea de lo que eso significa. Este trío londinense no se aferraba –ni mucho menos– a ese libro de estilo, pero conjugaba lo mejor de aquel mundo y de la herencia post punk en un argumentario distinguido, con momentos sublimes. Esta historia de anhelo amoroso, con la nieve cayendo tras la ventana, da buena fe de ello.

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1 Comentario

  • José
    15 diciembre, 2017, 3:42 pm

    Os recomiendo Flores de Invierno de La Barranca 👌🏼

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