El crítico criticado: cuando el músico ejerce el periodismo - el Hype
Share on Pinterest
Share with your friends










Enviar
1050×90 Banner top Demo
Buscar
728 x 90

Música

El crítico criticado: cuando el músico ejerce el periodismo

  • En Música
  • 25 Enero, 2017
  • 661 visitas
El crítico criticado: cuando el músico ejerce el periodismo

Bob Stanley, Neil Tennant, Ira Kaplan o Pete Astor se cuentan entre los muchos músicos que se curtieron en el periodismo musical. Una incursión que a veces, como muestra el caso de Robert Forster, también puede ser tardía. Lo habrán leído en más de una ocasión: el crítico no lleva bien eso de que le

Bob Stanley, Neil Tennant, Ira Kaplan o Pete Astor se cuentan entre los muchos músicos que se curtieron en el periodismo musical. Una incursión que a veces, como muestra el caso de Robert Forster, también puede ser tardía.

Lo habrán leído en más de una ocasión: el crítico no lleva bien eso de que le critiquen. Desde que Internet y las redes sociales han alentado el feedback entre periodista y lector, es habitual que cualquier plumilla se enfrente, casi a diario, a comentarios negativos acerca de su propio trabajo.

En esencia, se supone que impulsados por el mismo espíritu analítico que el escriba defiende (de ahí la teórica contradicción del crítico criticado), aunque en la práctica el porcentaje de vituperios y el matonismo verbal superen, de largo, el loable ánimo constructivo (que también lo hay y se agradece, aunque -lástima- tan solo lo practique una minoría). Se empieza abogando por el periodismo ciudadano (esa falacia) y se acaba justificando cualquier disparate proferido por eternos aspirantes a cronistas (frustrados), que son auténtica legión, y por lo visto disponen de mucho tiempo libre.

Quizá el haber estado en ambas trincheras ayude a ponerse en la piel del otro. Ese bien puede ser el caso de quienes medraron en la prensa musical, antes de emprender una fructífera carrera empuñando los instrumentos. Podría ponerse en cuestión hasta qué punto su conducta valida aquel tópico de que el crítico musical no deja de ser un músico frustrado (no es el caso de quien esto firma, quien en su vida ha tenido intención de empuñar un instrumento, y juraría que igual le ocurre a la mayoría de compañeros).

Y aunque generalizar, desde cualquier prisma, suele ser algo feo -porque toda regla cuenta con varias excepciones- , si uno echa un vistazo al listado de algunos músicos célebres que se dedicaron a juntar letras como paso previo a la composición de canciones, se dará cuenta de que en la praxis creativa de la mayoría de ellos, en sus discos, late una abierta ausencia de prejuicios.

El caso más paradigmático es el de Bob Stanley. Tanto él como Pete Wiggs, su amigo de la infancia y compañero -junto a la deliciosa Sarah Cracknell– en el trío Saint Etienne, defendieron su visión del mundo del pop desde tribunas periodísticas, antes de destilar su particular brebaje sonoro, agitando en la misma coctelera los modismos del pop eurovisivo añejo, el indie, la herencia sixtie, la música disco o la electrónica más sutil.

El Melody Maker, Mojo, The Guardian, NME o The Times contaron con la rúbrica de Stanley, quien hace algo más de dos años editó una de las más fascinantes (y abiertas de miras) travesías escritas en torno al fenómeno de la cultura pop, el portentoso Yeah Yeah Yeah. La Historia del Pop Moderno (Turner).

bob-stanley

Bob Stanley, el periodista -antes que músico- de visión enciclopédica y exenta de prejuicios, asumiendo que “pop” viene de “popular”.

Es seguro que la introducción de elementos (el italo disco, el house, el high energy, el trance) aparentemente ajenos  a la ortodoxia pop en las canciones de los Pet Shop Boys tuvo mucho que ver con el bagaje acumulado por Neil Tennant como periodista de la revista Smash Hits durante la primera mitad de los años 80.

No fueron pocos los temas que escribió sentado en el autobús que le traía de vuelta a casa después de cada jornada en aquella redacción, en la que instauró el lema It’s like punk never hapenned (es como si el punk nunca hubiera ocurrido), dada la colorista diversidad de novedades discográficas que anegaban su mesa de redactor, en tiempos de pimpante synth pop y chillonas hordas de new romantics.

Por cierto, que el bueno de Tennant, tal y como cuenta estupendamente F.J. Barbero en su libro Plural (Milenio, 2016), también fue víctima de ese clásico desliz de cualquier periodista novel (bueno, y a veces no tan novel): entrevistar a alguien por teléfono para darse cuenta, ya concluida la charla, de que ni siquiera había pulsado el rec de la grabadora. Le ocurrió con Bonnie Tyler, allá por 1983. Y tuvo que volver a llamarla, claro.

out-pet-shop-boys-and-smash-hits-magazine-and-neil-tennant

Neil Tennant, cuando trabajaba en la redacción de Smash Hits, primera mitad de los 80.

La inagotable capacidad de Ira Kaplan para absorber toda clase de nutrientes sonoros a lo largo de tres décadas, al frente de la ejemplar discografía de Yo La Tengo, también tiene mucho que ver con su enciclopédica cultura musical. Plasmó muchos de sus conocimientos en decenas de críticas y entrevistas en medios como New York Rocker, Village Voice o Soho Weekly News, dando su visión sobre los trabajos que entonces facturaban Robyn Hitchcock, The Feelies, The Clean, Half Japanese o la plana mayor de la efervescente escena neoyorquina a la que garitos como el CBGB habían dado voz desde finales de los años 70.

El New York Rocker fue muy influyente en mí, sobre todo a medida que aumentaba el espectro musical que cubría, le confesaba el propio Kaplan al periodista Jesse Jarnow en las páginas del estupendo libro Big Day Coming. Yo La Tengo y el auge del indie rock (Libros de Ruido, 2014).

También hay quienes machacan el teclado de su ordenador cuando su carrera musical ya no tiene nada que demostrar. Es el caso de Robert Forster (The Go-Betweens), quien nos contestaba esto (cuando tuvimos ocasión de entrevistarle, hace algo más de un año) acerca de su tardía faceta como crítico musical, que arrancó hace algo más de una década en publicaciones de su país (Australia) como The Monthly: Sí, creo que estoy en plenitud de mis capacidades y me alegra hacer otras cosas al margen de escribir canciones, como el periodismo, producir discos o escribir libros. Es importante para mi el intentar cosas nuevas, porque esa es la forma de crecer como artista.

robert-forster

Robert Forster, asomándose al ámbito del periodismo musical desde la madurez.

Su ejemplo fue también secundado por Pete Astor (The Loft, The Weather Prophets, The Wisdom of Harry), quien también escribe sobre música pop en publicaciones de la Universidad de Westminster y llegó a publicar un libro sobre el álbum Blank Generation, de Richard Hell and The Voidoids, hace tres años en la colección 33 1/3.

Su ingreso en el periodismo musical tras muchos años de carrera musical es homólogo al que aquí cursaron músicos como Fernando Martín (Desperados) o Jam Albarracín (Farmacia de Guardia), aunque sus nombres llevan tanto tiempo asociados a las críticas, las crónicas y las entrevistas a otros músicos, que han dejado en segundo plano algunas de sus puntuales retornos al pentagrama. Desde una óptica no estrictamente musical, compañeros del gremio como Sabino Méndez, Josele Santiago, Igor Paskual o José Ignacio Lapido han ido diseminando artículos de opinión en los que ofrecen su visión de la actualidad.

peter-astor

Pete Astor, desplegando ahora la sabiduría de tres décadas en la trincheras del mejor indie pop desde el ámbito académico.

No debería extrañarnos que la escritura, en forma de críticas de discos o de conciertos, haya supuesto una forma de dar rienda suelta a la creatividad para músicos que luego han triunfado comprimiendo su inventiva lírica en el sintético formato de estrofa, estribillo y estrofa, propio de la canción pop.

Capítulo aparte, y con él ya cerramos este listado (ampliable, desde luego), merece Morrissey, quien se pasó gran parte de su adolescencia escribiendo cartas al New Musical Express y al Melody Maker, antes de marcarse un par de volúmenes biográficos sobre sus adorados New York Dolls o James Dean y acabar firmando sus propias críticas en Record Mirror. Enternece (y divierte) releer sus pinitos en aquellas furibundas misivas que algunos medios británicos le publicaban en sus secciones de cartas.

No se pierdan una de las más flagrantes pruebas del delito: esta carta que remitió en julio de 1976 al Melody Maker, afirmando que los Ramones eran una basura.

ramones-are-rubbish-mozzer

Artículos relacionados

Comentar

Debes ser registrado para dejar un comentario.

Tiempo – Teatre Talia

LO + VISTO

Últimos artículos del autor




Nuestros autores