Al final de Mad Men - el Hype
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Hermosos y malditas

Al final de Mad Men

Al final de Mad Men

Sobre el final de la serie Mad Men: entre Love Boat y la Escuela de Frankfurt. La doble lucidez de Don Draper: la tentación de existir o el mundo como gran jingle. #1 El mundo según Draper: episódica doble lucidez La serie Mad Men (Matthew Wener, 2007-2015), una de las mejores de la historia de

Sobre el final de la serie Mad Men: entre Love Boat y la Escuela de Frankfurt. La doble lucidez de Don Draper: la tentación de existir o el mundo como gran jingle.

#1 El mundo según Draper: episódica doble lucidez

La serie Mad Men (Matthew Wener, 2007-2015), una de las mejores de la historia de la TV, ha terminado y todo lo que sigue es un spoiler: Don Draper no ha estampado su identidad descolocada sobre el asfalto de Madison Avenue. Al revés, en un acceso de doble lucidez que dejaría atónito al mismo Herbert Marcuse, Draper ha comprendido, en su retiro espiritual, tanto la vacuidad del imperativo felicitante, como las correspondencias últimas entre la arquitectura de la contestación social y la estética de la publicidad capitalista. La inquietante capacidad del vientre de ésta para digerir su oposición más explícita y expulsarla a continuación como atractivo objeto de consumo.

Draper-Zen: the new seeker

Draper-Zen: the new seeker

#2 Sobre todo una estética

Sí, Draper no saltó del rascacielos. Diseñó en su atormentada cabeza el jingle de Coca-Cola con el que la agencia McCann ingresaría suficiente dinero como para pagar a Don todos los tragos del mundo. Al otro lado de la televisión, que es como decir al otro lado de la vida, Betty morirá como todos lo haremos algún día, sólo que ella un poco antes. Siempre podremos admirarla en uno de los finales más estimulantes de entre todos los que ha habido en las 7 temporadas del drama más cool de la ACM: disparando a las palomas del vecino con un rifle de repetición sin que se mueva el cigarrillo húmedo entre los labios.

Estética Betty

Estética Betty

#3 La disidencia como mercancía

La Escuela de Frankfurt fue un grupo de investigadores que en la Alemania de los años 20 y alrededor del Instituto para la Investigación Social intentó desde una postura de izquierda crítica con la experiencia soviética, revitalizar tanto las tesis de Marx como los conceptos más vitalistas de Freud para la discusión crítico ideológica de la razón instrumental (origen de la aterradora experiencia nazi). La ideología de izquierda y el origen judío de sus componentes provocó un exilio (cuyo episodio más terrible fue el suicidio de Walter Benjamin tras el portazo español). En EEUU, Herbert Marcuse la emprendió con el consumismo moderno: mercantilización de la cultura y tecnificación cosificadora de la conciencia.

"Un hombre unidimensional", Herbert Marcuse

Para Marcuse, caracteriza a las sociedades neocapitalistas tanto la despersonalización como la cosificación del individuo provocada por el consumo y la publicidad: uniformidad, manipulación de deseos y conciencias; una suerte de totalitarismo tan simpático como encubierto.

En esa línea, Draper entiende que la publicidad puede fagocitar la fuerza de la contestación (el movimiento hippie, Woodstock, el escándalo de Vietnam, etc.) y envolverla como atractivo objeto de consumo. El jingle Hilltop de Coca-Cola disolverá exitosamente el movimiento proto-indignado en un pegadizo y vacuo mensaje de armonía: “Me gustaría comprarle al mundo una casa y decorarla con amor, hacer crecer manzanos y abejas…”.

#4 Miedo y asco en Madison Avenue

La serie ha tenido algunos de los momentos más gamberros en la senda de la inesperada aproximación de las series televisivas al tipo de imaginación que hizo grande al mejor cine de Hollywood. Uno de ellos, para delicia de David Lynch, fue el regalo de Ginsberg a Betty: una cajita con su pezón mutilado arrancado de su cuerpo en pleno brote psicótico. La cara de asco de Sally Draper ante la felación que su abuela política le practica al golfo de Roger Sterling, la evolución del personaje de Glen desde los 9 años, la amputación gore del pie de un publicista británico por una cortadora de césped.

Las cortadoras de césped tambien las carga el diablo

Las cortadoras de césped tambien las carga el diablo

#5 Brutalidad sistémica o This is a Mad Men’s World

Por más que los policías paletos norteamericanos sigan apaleando a personas negras, no hay peor racismo que el británico. Queda reflejado en la fea paliza que el viejo Lane da a su hijo por hablarse con una conejita afroamericana. Por su parte, la violencia contra la mujer es casi siempre estructural (desde el inicio en el tocador de señoras, pasando por la prostitución consentida de Joan, hasta el chantaje sexual en McCann) pero también hay episodios explícitos como la violación también de Joan por su propio prometido.

Cooper, como el esclavista americano, como el capitalista del XIX, tiene falsa conciencia

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6# Love Boat

Los últimos capítulos no se libraron del modelo de desenlace sentimental canónicamente instaurado en los 80 por Love Boat (lúdicamente traducido en España por Vacaciones en el mar). En efecto, tres parejas se juntan, o mejor, dos se juntan y otra se rejunta. Roger y Marie, Peggy y Stan… ¡Pete y Trudy!: frente al dictum del retorcido Ferdinand Celine: ¡una vez fuera hasta el cielo!

Lane pega a Pete. De pequeño a él también le pegaron

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#7 Arte, moral de nicotina y otras drogas

Es conocida la discusión sobre el arte entre Gombrowicz y Dubuffet; para el segundo tiene que ver con la comida; para el primero el arte resulta afín a la nicotina. Alimentación del estómago o de los vicios, quienes estamos en esto con el autor de Ferdydurke, pensamos que Mad Men es una pieza de arte cuya necesidad de ser tiene que ver más con el LSD que Sterling toma con su esposa, con las bacanales de dos días, con la marihuana que las mujeres-Draper fuman antes de su crepuscular trío sexual, que con el pan.

El cigarro es a la boca lo que los patines a los pies: Peggy Olson

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El fresco de una época ha terminado. Queda la moral cerrada como queda el olor a nicotina en la camisa cuando te quedas mucho tiempo en la puerta de los bares. El aire que antes llamábamos libre apesta a una sustancia afín a la lejía del suelo de los afters. El cierre de la serie es impecable desde todo punto de vista: Don Draper, mítico cruce entre los personajes de J. D. Salinger y Scott Fitzgerald, sonríe segundos antes de situar correctamente en el agua y en los peces de un río que va y pasa la inestable naturaleza ficticia de nosotros mismos.

Como Draper, nunca sabremos quiénes somos

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