Tilda Swinton
Ongoing
Eye Filmmuseum, Amsterdam (hasta el 8 de febrero)
Es su presencia, la capacidad de mirar y escuchar de una manera que pertenece a los mejores músicos. Es su amplia conciencia de cómo el tono y la expresión afectan a quien recibe. Y luego, por supuesto, la apariencia distintiva: lejana y cercana al mismo tiempo, más allá de los conceptos ordinarios de tiempo y de las fronteras de los lugares.
Por primera vez, el Eye Filmmuseum de Ámsterdam, fundado en 1952, ha inaugurado una exposición que no está dedicada a un director. Hace cinco años, se le preguntó a Tilda Swinton —la alta actriz escocesa, a menudo de pelo corto, con cuarenta años de carrera a sus espaldas— si consideraría ser el tema de una exposición. Según su propio testimonio, se sintió abrumada y ligeramente conmocionada, y pidió algo de tiempo para pensarlo. Ahora que por fin ha llegado una exposición con Swinton como eje creativo, el concepto se percibe fresco e idiosincrático, muy alejado de una retrospectiva tradicional y centrado en una premisa casi evidente: el cine es un medio colaborativo.
El nuevo edificio del Eye Filmmuseum fue inaugurado en 2012 y es una auténtica joya arquitectónica. Atractivo y cautivador, está situado en la orilla oriental del río IJ y presenta la forma de un ojo entrecerrado que deja entrar el elemento más central del cine: la luz. Resulta tentador comparar el edificio con Swinton; ambos combinan una superficie exquisita con un contenido profundamente arraigado.

Fragmento de Timeslip, 1988/2025, de Derek Jarman. Comisionado por Eye Filmmuseum, co-producido por Onassis Stegi. Cortesía de James Mackay © Basilisk Communications Limited.
La vida cinematográfica de Tilda Swinton comenzó a tomar forma de manera decisiva cuando apareció en el largometraje Caravaggio (1986), de Derek Jarman. Jarman, director y activista queer, trabajó estrechamente con Swinton hasta su muerte por sida en 1994. Prospect Cottage —una casa negra situada en una playa de guijarros en Kent, a la que se trasladó tras su diagnóstico en 1987— se convirtió en un lugar significativo para Swinton. En el entorno que rodea la casa, pudo explorar y sentirse cómoda con su relación con la cámara cinematográfica.
La exposición se titula Ongoing, una forma de subrayar la presencia absolutamente esencial de la continuidad y de las colaboraciones a largo plazo. En una sugerente analogía con los árboles (la naturaleza es muy importante para Swinton), explica cómo el tronco representa el trabajo colectivo, las ramas son las conversaciones amplias y diversas, y las hojas son las películas, las distintas obras de arte. Las hojas van y vienen, y queda claro qué es lo crucial en la práctica y en la existencia de Swinton: no son las películas en sí las que nutren el siguiente proyecto, sino los colegas y las conversaciones.
Ocho cineastas y artistas visuales participan en Ongoing, que debe entenderse como un informe de situación de Tilda Swinton sobre dónde se encuentra ahora mismo como artista y como ser humano. Nada está fijado ni cerrado en la colaboración con Joanna Hogg, Luca Guadagnino, Apichatpong Weerasethakul, Olivier Saillard, Jim Jarmusch, Tim Walker y Pedro Almodóvar. A ellos se suma el pintor Sandro Kopp, pareja de Swinton desde hace años, que a menudo trabaja como fotógrafo fijo en sus películas.
Las películas en sí no nutren el siguiente proyecto; lo hacen los colegas y las conversaciones.
Como para subrayar que el concepto de “retro” no es aplicable a esta exposición, la mayoría de los colaboradores participantes aportan obras completamente nuevas. Swinton y su amiga de la infancia Joanna Hogg han realizado juntas tres largometrajes, el más reciente The Eternal Daughter (2022), una película en la que Swinton, con una precisión absoluta, improvisa de manera fantasmal un encuentro entre madre e hija (interpretando ambos papeles) en un remoto hotel-mansión. La obra Flat 19 es una reconstrucción a escala real del piso de Swinton en Londres, donde vivió durante quince años formativos entre 1983 y 1998. La réplica sin amueblar, con sus característicos suelos de moqueta de pared a pared tan británicos, da a un edificio de ladrillo, mientras voces y sonidos del pasado fluyen desde las puertas entreabiertas de las distintas habitaciones.

Fragmento de la video instalación de Apichatpong Weerasethakul Phantoms, 2025. Comisionada por Eye Filmmuseum, coproducida por Onassis Stegi. © Apichatpong Weerasethakul, Kick the Machine.
Flat 19 es una instalación sencilla pero profundamente evocadora, en la que la atmósfera tranquila y la ausencia física de Swinton señalan hacia las demás obras del espacio expositivo, en especial hacia el cortometraje Phantoms de Apichatpong Weerasethakul. Swinton entró en contacto con el director tailandés a través de una proyección de Tropical Malady (2004). Reconoció de inmediato su manera de reposar en las imágenes y dejar que las cosas simplemente sucedan. Swinton se siente atraída por los procesos prolongados de maduración, constantemente impregnados de nuevos elementos vitales. Al dúo le llevó 17 años completar Memoria (2021), una experiencia cinematográfica de inmersión extraordinaria. Su colaboración es probablemente la parte más conmovedora de la exposición. Comparten numerosas variables existenciales y artísticas: la poderosa influencia que la memoria y los lugares ejercen sobre nuestra existencia, la relevancia de la historia en lo cotidiano y contemporáneo; trabajan con la mente permanentemente abierta y se hacen —y nos hacen— accesibles a acontecimientos que van más allá de lo evidente.
Los fotógrafos suelen bromear diciendo que la nuca de Swinton es su mejor ángulo. Y sí, la parte posterior de su cabeza resulta estéticamente hermosa, pero, en un plano más serio, se trata sobre todo del efecto de lo desviado, de lo no dicho, de la búsqueda de aquello que no puede definirse de forma definitiva. En Phantoms, la cámara sigue a Swinton desde atrás mientras deambula por la casa familiar en Escocia; las puertas crujen y se abren, y distintos recorridos por las estancias se proyectan unos junto a otros y superpuestos. Con un control absoluto del tempo y de la respiración, Weerasethakul convoca figuras de la vida familiar de Swinton y, al mismo tiempo, permite al espectador viajar por sus propias casas de la memoria.
Otro cineasta de marcada sensualidad es Luca Guadagnino. Él titula Camaraderie su retrato en dos partes de su amiga Swinton. Se conocieron poco después de la muerte de Derek Jarman en 1994 y han realizado juntos cinco películas. Tras girar en torno a un busto plateado finamente esculpido de Swinton, volvemos a verla de espaldas, alejándose de nosotros en un cortometraje de dos minutos rodado en Italia el verano pasado. Guadagnino la sigue de cerca colina arriba y a través de campos de maíz, pero no la alcanza hasta el final, cuando ella gira rápidamente la cabeza hacia la cámara antes de que todo se funda a negro.

Fragmento de Camaraderie, 2025, de Luca Guadagnino. Comisionada por Eye Filmmuseum, coproducida por Onassis Stegi. © Luca Guadagnino.
En la película, Swinton viste el mismo jersey rojo cubierto de palabras que llevaba cuando se conocieron, y que ahora cuelga, junto a otras prendas de su vestuario privado, en un largo perchero situado en el centro del espacio expositivo. Entre las palabras del jersey aparecen algunos conceptos centrales para Swinton: independencia, culto, deseo de viajar, humildad, vigilancia, compañerismo.
Esta colección de ropa, titulada A Biographical Wardrobe, se presenta en colaboración con el historiador y comisario de moda Olivier Saillard. Ambos han trabajado recientemente juntos para insuflar nueva vida a los vestuarios de las películas de Pasolini en la performance Embodying Pasolini (2022–25). Las prendas físicas se complementan con una versión filmada de la presentación en vivo que Saillard y Swinton realizaron con motivo de la inauguración de Ongoing. En la sección contigua, el fotógrafo de moda Tim Walker toma como punto de partida el vestuario autobiográfico para retratar a Tilda Swinton como uno de los miembros de la noble familia Swinton, en una serie de representaciones que recorren los siglos.
Lo más sugerente de las secciones centradas en la moda es el sutil guiño a la inclinación del mundo de la moda y de las celebridades por lo excesivamente glamuroso y superficial. A intervalos regulares, algunas prendas del perchero descienden hasta el suelo y se transforman en un montón arrugado: la ropa no nos dice nada de verdadero valor hasta que alguien presente la viste.

Fragmento de Zelda Winston, 2018/2025, de Jim Jarmusch. Comisionado por Eye Filmmuseum, coproducido por Onassis Stegi. Cortesía Kill The Head Inc. & Focus Features © Jim Jarmusch.
El énfasis de la exposición en la indumentaria funciona como una suerte de transición entre el mundo arthouse de Tilda Swinton y sus proyectos de mayor escala en Hollywood. Jim Jarmusch y Swinton han trabajado juntos en cuatro largometrajes desde 2005, y aquí se presenta una proyección a dos canales con un fragmento de The Dead Don’t Die (2018), para el cual Jarmusch ha compuesto nueva música. Swinton ha descrito este tipo de proyectos como algo que va más allá de lo autobiográfico: asumir un guion y encarnar un papel de la manera en que lo hacen muchos actores habitualmente, pero que ella misma no practica con demasiada frecuencia.
Una colaboración relativamente reciente es la que mantiene con Pedro Almodóvar, un director al que Swinton admira desde que vio Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) junto a Derek Jarman. Almodóvar es un autor de estirpe bergmaniana que llega al rodaje con la película ya terminada en su cabeza, y corresponde a los actores perfeccionar su visión. La primera película de Swinton con él, The Human Voice (basada en el monólogo de Jean Cocteau), es una obra altamente estilizada y meticulosamente planificada: un mediometraje de treinta minutos que se proyecta en un cine temporal situado al final del recorrido expositivo. Aquí aparece una versión distinta, más directa, de Swinton como actriz: con el rostro plenamente expuesto en la pantalla, impulsa la película con un vigor indiscutible y una dicción afilada como una cuchilla.

Tilda Swinton en La voz humana (Pedro Almodóvar, 2020). Foto: Iglesias Mas, © El Deseo D.A. S.L.U.
La grandeza de Tilda Swinton reside en su lucidez y en su extraordinaria apertura. Lo que esta exposición logra es mostrar los caminos largos y variados que Swinton, la persona y la artista, ha recorrido para encontrar sus entornos seguros y a las personas afines. Demuestra que llegar hasta ahí lleva tiempo. Que llegar importa.
Justo antes de la salida se exhibe Notes for Radical Living, de Swinton: una colección de palabras que escribió hace un año. Tal vez sea un manifiesto atenuado, un consejo vital de alcance general o una guía para mantenerse cuerdo. Lo esencial es que apunta hacia adelante, que hay una continuidad. En la audioguía de la exposición, Swinton revela las tres cosas que la mantienen en marcha: «Comunidad. Naturaleza. Arte». A partir de sus notas radicales, cabría añadir: «Escuchar el silencio».
Este artículo fue publicado originalmente en la prestigiosa revista sueca de cine Point of View.

Tilda Swinton cuando era niña. © Swinton Archive.

Tilda Swinton delante del Eye Filmmuseum por Victor Wennekes, 2025 © Eye Filmmuseum.






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