Si Arcén (Editorial Dosmanos), fue una excusa de diez relatos para hablar sobre la CV 500 y las pedanías valencianas donde el escritor creció durante toda su juventud, es Perros de caza (Editorial Malas Tierras), la nueva novela de Borja Navarro Sellés, la excusa de un crimen para hablar de un pueblo. Y otra cosa. Si Arcén fue un movimiento desde la ficción a lo real, Perros de caza es un movimiento de lo real a la ficción. En este lapsus, entre obra y obra, se puede detectar que el autor ha puesto en el centro lo más profundo que tiene cualquier tipo de escritura: el lenguaje con el que está hecha. Mediante la crónica wéstern, el narrador testigo y omnisciente, y con los flujos bestiales de los pensamientos en primera persona, Navarro regala al público, por primera vez, una nueva forma de acercamiento hacia su creación, un nuevo tipo de placer textual, más atrevido y centelleante.
Desde Almansa, un pueblo del interior manchego, y mediante el famoso caso de Rosita Fernández, la niña de once años asesinada durante un exorcismo por su propia madre, su tía y dos vecinas en el año 1990, Navarro hace del paisaje rural y postindustrial una verdad, para construir un relato profundo sobre el misterio y el esoterismo que ronda en esas tierras manchegas donde lo humano sobrevive en sus formas más oscuras y luminosas. Con una escritura hecha con lo mismo que compone una comarca (“fe, promesas y lamentos”), Navarro ha logrado que Perros de caza no se parezca a Arcén, pero tampoco a ningún otro libro. Y eso, en estos momentos de la historia, es algo a lo que vale la pena prestar atención. Esta entrevista interrogará las fórmulas, pensamientos, intuiciones, abismos e influencias que esta promesa de la literatura invita a quien se anime a observar de frente.
A.M.: ¿Qué es para ti escribir en este momento?
B.N.S.: La escritura es casi una extremidad. Sería tan absurdo como definir para qué sirve mi mano. Lo que sí tengo claro es qué no es escribir. No creo que sea un medio para alcanzar cosas. No creo que sea ni siquiera un medio para cambiar la realidad. Creo que la escritura es un fin. Un fin para explorar y para conocerse a uno mismo. Hay una frase de Joan Didion que lo resume muy bien: “no sé lo que pienso hasta que lo escribo”. Es así. Tanto en la escritura como en la lectura.
¿Leer y escribir te parecen dos acciones que se realizan al mismo tiempo?
Sé que hay gente a la que no le resulta así, pero a mí me gusta alinear lo que estoy escribiendo con lo que estoy leyendo. Ahora tú me has recomendado que lea Degenerado de Ariana Harwicz y lo he conseguido, porque me interesa leer algo que me cuentan, que es de alguna forma parecido a lo que hago. Me gusta ir un poco a la par y dejarme influir con criterio. Una influencia controlada. Creo que parte de aprender a escribir es leer e intentar alcanzar lo que te ha emocionado leyendo. Es importante construir un nuevo estilo, una nueva forma, pero vamos, retroalimentándote es mucho más divertido.
Para Roland Barthes leer y escribir son una misma acción. Lo graficaba con un momento. Él decía que cuando lees un libro y levantas la cabeza porque algo te ha parecido muy bueno, cuando detienes la lectura, ese es un gesto de escritura.
A mí me ha pasado mucho leer y sentir envidia. Ese sentimiento, de alguna forma, es importante. La envidia dice: yo quiero hacer esto. Al principio cuando empecé a escribir lo que hacía era copiar estilos. Copiaba a la gente que a mí me gustaba muchísimo. Después todo, lo fui llevando hacia mi terreno. Creo que esa es la clave. Transmitir con lo que te es transmitido.

Perros de caza, tu último libro, es un proyecto que comienza en una residencia de escritura en A Coruña, ¿cómo fue eso?
En la residencia estuve mucho tiempo leyendo y he empezado cosas nuevas que no sé a dónde van a llegar. Perros de caza lo tenía casi todo escrito, solo faltaban algunos detalles. Yo escribo como se escribe un poema, luego el texto va cogiendo la forma. Todos los ríos acaban en el mismo. Luego, para una novela elijo lo que me sirve de lo que he escrito. En la residencia he empezado cosas que me han gustado mucho. La residencia me sirvió para tirarme un mes en A Coruña.
¿Y el trabajo con Malas Tierras?
A finales de septiembre del año pasado hemos empezado a trabajar la edición. Ha sido un trabajo súper bueno. El texto ha mejorado muchísimo. El proceso duró casi dos meses. Hemos ido muy al detalle y conectado muy bien. Creo que con el editor somos muy a fines. Nos gustan cosas parecidas. Tenemos un humor parecido y creo que nos gusta hablar, porque lo hacemos cada dos o tres días. Muchas veces de fútbol.
¿De qué equipo eres?
De pequeñito fui del Valencia. Mi padre siempre fue del Madrid. Un día el Valencia gana una Liga. Me acuerdo en el colegio dar una vuelta al patio porque el Valencia era campeón. Era cuarto de primaria o algo así. Y mientras los niños celebraban comienzan a cantar “Madridistas hijos de puta, pa, pa, pa”. En medio de esa efervescencia pensé: esta gente está insultando a mi padre. Entonces a la vuelta llegué a casa y le dije: “Papá, yo soy del Madrid”.
Es una historia hermosa.
Aunque soy más del baloncesto.
Perros de caza es un libro que interpela desde el punto de vista oracional, de las palabras, más allá de lo de la historia que se narra. Hay algo ahí, ¿tu escritura busca el detalle?
Siento que escribí un libro mucho más consciente a nivel estilístico. Una de mis intenciones era que la forma acompañase lo que yo quería transmitir. He estado bastante obsesionado con el tono. El de la crónica wéstern y el de la chica. Me gustan mucho los libros en los que lo más importante es la página en la que estás. Es más importante la página que lees que la que viene. Ese era un pilar fundamental a la hora de escribir. Más que nada porque estaba contando un caso real, pero que a mí me daba igual. Yo no quería hacer una crónica negra. Por ejemplo, me he inspirado mucho en Temporada de huracanes de Fernanda Melchor, una referencia absoluta. Me gusta que mis libros se asemejen a un poema, aunque no tengan esa estructura. Un poema de esos que te acompañan en tu día a día. En el lenguaje, buscar la palabra más acertada posible. La edición me ha ayudado mucho a eso. Con Perros de caza hasta he aprendido palabras.
¿Por qué elegiste ese crimen como motivo de escritura?
Dentro de Perros de caza hay casi un poemario que describe una visión de Almansa. Todo está estructurado a través de la idea de diseccionar un poco el pueblo. Yo quería hablar de todos los recovecos de ese lugar dentro de una perspectiva muy concreta y oscura. En eso hay algo que marcó mucho al pueblo para siempre y es el exorcismo. Y eso me sirvió para estructurar la otra parte del relato. Lo primero que escribí de este libro es la parte cuando ella describe a los niños, los adultos y los ancianos del lugar. Esa parte torrencial y vomitiva. Mi idea principal era hablar de un pueblo, sus gentes y sus crisis.
El exorcismo del 18 de septiembre de 1990 te sirvió para contar lo que querías contar.
La trama la fui descubriendo un poco por el camino. Digamos que Perros de caza siempre está escrito desde lo micro hasta lo macro. El exorcismo me permitió darle unos cimientos a la novela sobre los que apoyarse. Era más una excusa para hablar de cosas que a mí me interesan.
El crimen deja cualquier sistema sin velo, deja ver de una forma muy cruda lo peor y lo mejor de una sociedad.
De algún modo, el crimen disecciona un pueblo al mismo tiempo que disecciona una España.
Es una España muy triste y desesperanzadora.
Sí que lo es. Y sigue ahí.

Borja Navarro. Foto: ® Pau Colomina.
¿Qué es lo que te moviliza de esos paisajes?
Cuando escribo no trato de criticar nada en concreto. En Perros de caza, al final, lo que hay es una pregunta constante por la muerte. Eso creo que es lo que más incomoda. Imagino que la lectura del libro también lo será así. No he llegado a plantearme la reacción. Alguien a lo mejor se horroriza de lo que otra persona puede reírse. Yo escribo desde una compresión y un miedo. Escribo sobre Almansa porque parte de mi familia es de ahí. Es un lugar al que llevo yendo hace doce años. Escribo sobre las fábricas de calzado que están abandonadas porque las veo. Y creo que la escritura me permite enamorarme de los lugares que habito. Los sitios que narro en el libro, para mí son una maravilla. Un territorio post industrial en el que ya no existe rastro de su época dorada. Todo un secarral, es como una especie de lejano oeste español. Además, que hay una cultura esotérica de verdad en toda esa región. Estuve leyendo y documentándome bastante para escribir sobre el tema sin que fuera un ensayo.
Es un libro que demuestra el fracaso del progreso y la misericordia de lo que se resiste a entrar en él. Lo humano existe donde no hay integración.
Intento nunca escribir con una respuesta preconcebida. La trama es casi un trabajo de intuición. Hay momentos de cierta luz dentro del libro y están inspirados en situaciones reales también. El momento en que la chica adopta a la perra es bastante similar a cuando yo adopto a la mía. Mi perra es una podenco coja que está durmiendo ahora aquí cerca. Ese es un momento luminoso. Otro momento es cuando consigue rentar la casa y también cuando acoge a la niña dentro suyo, cuando acepta la presencia dentro de sí. El cariño es casi la única esperanza en esos lugares. Perros de caza funciona como una metáfora a la hora de perdonar un entorno y querer enamorarse de él. Hay algo que he hablado mucho con Iván Rojo y creo era una frase de Herzog que decía algo así que al final tú escribes de lo que sabes. Mi aproximación a esta novela es por conveniencia más que nada. Estoy enamorado de Almansa,
Lo que no tiene expectativas genera un entorno que me gusta. Me gustan los espacios que no le interesan a nadie.
Los personajes de la novela son tristes y miserables, pero tienen sus momentos de lucidez. En una entrevista has dicho que lo feo es lo más estable, lo que perdura.
Lo que no tiene expectativas genera un entorno que me gusta. Me gustan los espacios que no le interesan a nadie. Por ejemplo, una casa en Almansa es mucho más barata que en cualquier lugar de España, porque no interesa. Y no estoy diciendo que Almansa sea fea.
Perros de caza transcurre, de algún modo, en un lapsus de setenta años, de 1954 al 2024. Han pasado miles de cosas en tanto tiempo, y todo transcurre en pocas páginas, para ti, ¿qué es lo que no ha cambiado?
El misticismo es una de esas. La cultura esotérica de Almansa y la región se avergonzó muchísimo luego del exorcismo de 1990. Fue una marca brutal. A muchas personas las tildaban de analfabetas, de brutas, o lo que fuera. Decían que los curanderos o los espiritistas eran gente sin cultura. Y esa cultura sí es algo que sigue existiendo. Conozco gente a la que le siguen curando el empacho o las verruguitas. Es algo habitual que sigue muy arraigado. Muy propio de la zona. Creo que lo que perdura es el misterio.
Sin banalizar el asesinato, lo que quedó después fue un golpe perfecto para criminalizar a las prácticas religiosas no oficiales.
Es que sigue habiendo una creencia hacia estas disciplinas y no irónicas. No hablamos de tarot, tampoco de gestión emocional a través del horóscopo. Eso es algo muy fantasioso y moderno. Yo intento hablar de lo que ha sobrevivido de otro tiempo. Hay algo ahí que no se ha corrompido. Perros de caza plantea también que no hay nada de malo en gestionar una emoción, que no deja de ser una depresión, a través de un acogimiento. En el libro sucede así. La personaje principal tiene un espíritu dentro suyo. Eso en Almansa sigue vivo. Hay gente que sigue creyendo.

Borja Navarro. Foto: ® Pau Colomina.
Es muy lindo el momento de Perros de caza cuando el personaje principal deja de pelear con la acogida y la acepta en su vida.
Estaba leyendo un libro de Malas Tierras, la misma editorial en la que publiqué, y hace poco me quedó una frase sonando en la cabeza, la frase decía algo como que el peor sufrimiento es el que no tiene motivo determinado, el que viene todas partes. Creo que esto es un poco lo que pasa a la chica de Perros de caza. O sea, ella trata de encontrar un motivo de su tristeza. También como lector se puede entender que es alguien que vuelve al pueblo de su infancia, que ha creado unas expectativas de tener otra vida fuera de ese entorno y que no se le han cumplido. También viene de una ruptura y eso la deprime. Pero, al final, el verdadero malestar le viene de todas partes. Entonces, cuando la espiritista le dice que su malestar es que tiene una acogida todo se transforma en algo muy concreto. Abraza al espíritu y ya sabe qué es lo que le pasa. Entiende su herida y comprende que no hay nada malo en ella, que simplemente es ese espíritu. Por eso ella, de alguna forma, decide quedarse con la niña, porque tiene miedo a que si esa niña desaparece, el sufrimiento siga.
Tanto en tu libro como en Carne, el libro de David Pascual, aparecen los crímenes, la España vacía, los noventa, ¿hay algo que los atraviesa generacionalmente?
Creo que hay coincidencias, pero a mí me interesa muy poco el true crime. Estoy bastante lejos de eso. Entiendo que, al final, el libro se pinte con ese caso verídico, pero el exorcismo de Almansa, y creo que también el caso de las niñas de Alcasser en el que se inspiró David para escribir Carne, son casi una excusa para hablar de otra cosa. La de David para hablar de la televisión y la mía para hablar de Almansa. David y yo tenemos proyectos en conjunto, a lo mejor hay una mirada parecida en ciertas cosas.
¿En que se parecen el Habbo, el juego de internet de los dos mil que aparece varias veces en el libro, y Almansa?
Pasear por Habbo es muy parecido a pasear por el polígono de Almansa donde están cerrando muchas fábricas. Digamos que ambos lugares son ruinas muy modernas. No había pensado ese paralelismo, pero son dos entornos que han dejado de ser productivos. Habbo es una ruina de internet.
¿Crees que donde no hay productividad está la escritura?
Escribir es un fin. En términos de productividad es algo altamente absurdo. Hay una lectura personal de todo esto. Durante la juventud estuve muy enfocado hacia un éxito concreto. Después me di cuenta de que competir te vuelve un perdedor. Por eso estoy más cómodo con las actividades que no tienen un para qué, que no son un medio para conseguir algo que ya está perdido.






Nadie ha publicado ningún comentario aún. ¡Se tú la primera persona!