-Tengo algo que decirte.
-Claro, dime.
-Verás, lo que tengo que decirte es que…
-Te gusto.
-Sí, me gustas. ¿Tanto se nota?
-Algo.
-No lo pretendía.
-¿Es desde hace mucho?
-Un momento antes de conocerte.
-Ya…
-Te ha molestado.
-No, no. Sabes que somos amigos.
-Y espero que esto no…
-Y que a partir de ahora tendremos que reestructurar nuestro lenguaje al dirigirnos la palabra.
-Er…
-Y a establecer una agenda propia que, a la vez, sea compartida.
-Bueno, pero eso…
-Y a informar conjunta o separadamente a nuestros amigos comunes del cambio producido.
-Sí, pero es una buena noticia.
-Y conocer a familia a la que habremos de presentarnos.
-No demasiada.
-Deberemos eliminar ciertas familiaridades para incluir otras.
-Er, si…
-Y dejar de ser tan entusiastas cuando estemos juntos respecto a los conocidos que nos ponen a mil.
-Bueno, no se pueden poner puertas al cam…
-Tendremos que buscar cualquier aquí te mato al menos durante los primeros meses.
-Esto, claro…
-Y echarnos de menos cuando no sea posible coincidir por cualquier motivo, sea estúpido o no.
-Pero eso es norm…
-Y decidir si prefieres a la izquierda o la derecha del sofá, o establecer quien se levanta a llamar a Telepizza.
-Yo cocino muy bien.
-Deberemos aprender a convivir con gustos y manías a los que no estamos acostumbrados, mientras ponemos cara de me debes una.
-Me gustan los gatos. Uso hilo dental. No ronco.
-Y a saber hasta dónde levantar la voz en las broncas.
-Mejor no pensar en eso.
-Y estar preparados para cuando alguno de los dos coja la puerta y se lo lleve el viento.
-Podremos seguir siendo amigos.
Con vistas al mal
Reacción en cadena

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