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Los mejores discos del sello Fania

En Música 21 febrero, 2021

Sergio Ariza

Sergio Ariza

PERFIL

Se acaba de morir Johnny Pacheco, uno de los dos socios fundadores de Fania, el mítico sello neoyorquino desde el que se visibilizó en todo el mundo la salsa, así que es un buen momento para redescubrir los tesoros de una compañía que se convirtió en sinónimo del género, como Motown o Stax para el soul, y lanzó al estrellato a algunos de sus nombres más conocidos como Willie Colón, Héctor Lavoe, Rubén Blades o Cheo Feliciano.

Ray Barretto – Acid (1968)

Cuando hablamos de Ray Barretto hablamos de un músico descomunal, uno que empezó tocando con Charlie Parker, antes incluso que con Tito Puente, pero que también cruzó el puente con la música rock, colaborando con los Rolling Stones o los Bee Gees. Pero por lo que siempre será recordado es como una de las figuras más importantes de la música latina en general y como uno de los padres de la salsa, a través de su contribución al mítico sello neoyorquino Fania, el equivalente latino a Motown o Stax. Precisamente Acid fue el primer disco de Barreto con Fania, aunque ni mucho menos su primer trabajo discográfico, ya que Ray llevaba grabando desde los 50 y en 1961 había conseguido un gran éxito con “El watusi”.

fania

Con Acid, Barretto se metía de lleno en la fiebre del bugalú, un género que mezclaba la música latina con el rhythm & blues en busca de un mercado fijo, en una música dominada totalmente por el rock anglosajón. Con estos mimbres se comenzó a preparar el primer disco de Barretto para Fania en 1968, aunque Jerry Masucci, uno de los jefazos, tuvo otra idea, la del título y la psicodélica portada, para buscar la complicidad con los jóvenes oyentes blancos de la época. Eso sí, la única influencia que compartían Barretto y su fabulosa banda con los hippies de Haight Ashbury era la música de John Coltrane.

Los bugalús de Acid son verdaderas joyas ante las que cuesta mucho mantener los pies quietos, “Mercy mercy baby”, “Soul Drummers”, “Teacher Of Love” y, principalmente, la espectacular “A Deeper Shade of Soul”. En estas canciones, cantadas en inglés, pone la voz Pete Bonet y consigue la mezcla perfecta entre el feeling de un Wilson Pickett y el tumbao de Ismael Rivera. Pero lo bueno de Acid es que no solo se queda en la nueva moda sino que adelanta los nuevos caminos salseros de la próxima década con canciones tan espectaculares como “El nuevo Barretto”, donde el son montuno se fusiona con el funk, resultando en otra canción irresistible.

También conviene hacer notar cómo en esta canción, durante el inicio de trompeta, se puede apreciar la tremenda influencia que tuvo en la posterior mezcla de Santana entre la música latina y el rock. En las canciones en español, la voz principal la pone el gran Adalberto Santiago. Pero es que aún hay más. Siendo un apasionado del jazz, Acid también incluye un par de instrumentales, incluida la canción que le da título, donde ‘Mano dura’ puede demostrar que, fuera de Tito Puente, no tiene rival como mejor percusionista latino, y nos enseña cómo hubiera sonado una posible reedición de la colaboración entre Chano Pozo con Dizzy Gillespie, con Coltrane y Barretto como protagonistas…

Willie Colón & Héctor Lavoe – Cosa Nuestra (1969)

Atención, porque hablamos de la pareja más importante de la historia de la salsa. Por un lado, Willie Colón, el trombonista, y líder de banda, que puso los metales en el centro siendo uno de los más importantes personajes a la hora de definir lo que se conocería como salsa; por el otro, Héctor Lavoe, el cantante de los cantantes, la voz más recordada del género.

Cuando se conocieron en Nueva York a mediados de los 60, Colón, un nuyorican, hablaba muy poco español, mientras que el puertorriqueño no entendía casi nada de inglés, pero su comunicación musical era increíble. La Fania había fichado al prodigioso Colón con solo 15 años y a los 17 ya estaba publicando su primer trabajo como líder, El Malo, sus dos primeros trabajos en solitario, ya con Lavoe en la voz principal, fueron producidos por los mandamases de la casa, Johnny Pacheco y Jerry Masucci, pero desde el tercero, Guisando, Colón asumiría también esas labores; con el cuarto, este Cosa Nuestra, encontraría el glorioso sonido que definiría a la salsa.

El disco se abre con la imparable “Che Che Cole”, con raíces afrocubanas y un Lavoe espectacular, demostrando que eso de haberse puesto La Voe, no era ninguna exageración. “No me llores más” es otra exhibición vocal de Lavoe y cuando entran los vientos es imposible quedarse quieto, mientras que “Juana Peña” es otro clásico absoluto con los trombones en primer plano; con “Ausencia”, Lavoe demuestra que también es un maestro  cantando bolero y al final llegaba otra gran canción compuesta por el dúo, “Tú no puedes conmigo”.

La verdad es que a partir de aquí la carrera de Willie Colón y Héctor Lavoe entregará algunos de los mejores discos de la salsa, cosas como El Juicio en 1972 o Lo mato, en 1974, que también merecerían estar en este listado (pero he preferido meter solo un disco por artista).

Pero antes de terminar con este disco quiero resaltar a otro personaje fundamental de Fania, el artista gráfico Izzy Sanabria, autor de muchas de las portadas del sello, como esta maravilla en la que Colón jugaba con su imagen de chico malo, mezclando el título con visiones de la mafia italiana.

Fania All Stars – Live At The Cheetah (1971)

Masucci y Pacheco ya habían probado a juntar a varios de sus mejores músicos en una formación única en el notable Live At The Red Garter de 1968, pero fue su mítica actuación en el Cheetah la que catapultó al género y convirtió a Fania en la referencia absoluta. No era para menos, nunca un título fue más apropiado que esto de All-Stars que parecía el partido de las estrellas de la NBA en versión música. La alineación era de quitar el hipo, Ray Barretto, Roberto Roena, Johnny Pacheco, Larry Harlow, Willie Colón, Richie Ray, Bobby Cruz, Héctor Lavoe, Pete el Conde Rodríguez, Adalberto Santiago, Ismael Miranda, Santos Colón, Cheo Feliciano o Bobby Valentin… era normal que cada nota que sonara fuera pura magia. Y así fue, el primer disco que salió contenía solo cuatro canciones, pero era pura exuberancia musical.

Después de la sabrosa introducción llegaba “Descarga Fania”, una completa maravilla en la que se puede comprobar el increíble nivel de los músicos de los que estamos hablando. Tras una introducción con solos de trompeta y trombón, el gran Bobby Valentin comienza a marcar un riff contagioso al que le sigue el piano y la percusión, poco a poco todos van teniendo su momento de gloria en esta jam firmada por Barretto pero que no es sino una excusa para el lucimiento de unos músicos que no eran en ningún modo inferiores a los que se podían escuchar en el vecino Blue Note del Greenwich.

Valentin se hace uno de los mejores solos de bajo que he escuchado nunca, los cantantes también tienen momentos de gloria, con una frenética invitación al baile. “Anacaona” es una de las mejores composiciones del más grande compositor del género (hasta la irrupción de Rubén Blades), Tite Curet Alonso y la canción fetiche de Cheo Feliciano que demuestra porque le llamaban el único negro que suda miel. Pero el final es lo mejor, los 16 minutos de “Quítate tú”, una especie de pelea de gallos entre varios de los mejores cantantes del género, sobre un son montuno, el género cubano sobre el que se edificó la salsa, que cuenta con un Yomo Toro espectacular al tres, con varios guiños al mítico “Guantanamera”.

Si algo dejaba claro este disco era que la Fania en directo era absolutamente imparable, algo que se agrandaría durante la década, como se puede disfrutar en el también imprescindible Live at the Yankees Stadium de 1974 o el Live in Africa que documenta su actuación en el Zaire, durante el Festival organizado por Don King para la pelea entre Muhammed Ali y George Foreman. Pero hay que reconocer la audacia de Jerry Masucci, que grabó el concierto y produjo una película documental sobre el mismo llamado Our Latin Thing (Nuestra cosa) logrando dar mucha más visibilidad al género, siendo este el momento en el que la Salsa pasó a ser un fenómeno global, sobre todo en los países hispanos.

Richie Ray & Bobby Cruz – El bestial sonido de Richie Ray & Bobby Cruz (1971)

Puede que no tengan tanto nombre como otros de los artistas que aparecen aquí, pero este es uno de los discos más importantes de la historia de la salsa, y la canción titular uno de sus mayores monumentos. El pianista Richie Ray y el cantante Bobby Cruz llevaban juntos desde 1963 pero con El bestial sonido encontraron su obra maestra.

El disco se abría con una enormidad absoluta, “Sonido bestial”, una canción en la que Ray se descubría como el pianista, arreglista, compositor y director de orquesta más heterogéneo de su género, la banda es absolutamente bestial, pero el pianista va todavía un paso más lejos, mezclando Stravinsky y Chopin con jazz y guaguancó. Precisamente “Guaguanco Triste”, escrita por el mismísimo Rubén Blades, es otra bestialidad bailable, con la que el dúo intenta consolar a la comunidad boricua que seguía volviendo en ataúdes de Vietnam, demostrando que la salsa podía hacerte mover el culo pero también la mente.

“Fire and Rain”, una versión del tema de James Taylor, es una preciosidad en la que a la voz de Cruz se le une la maravillosa voz femenina de Miki Vimari, hablando de versiones el “Señora” de Serrat se convierte en un tema bailable con increíbles vientos y percusiones. Y cierran el disco con el “Volver” de Gardel, con Ray volviendo a demostrar su formación clásica, y Vimari brillando en la voz principal.

Cheo Feliciano – Cheo (1971)

El puertorriqueño Cheo Feliciano era todo un veterano de la escena neoyorquina, había surcado la fiebre del bugalú junto a la banda de Joe Cuba y había pertenecido a la banda de Eddie Palmieri. Pero su adicción a las drogas estaba poniendo en riesgo su carrera, y su vida. Así que decidió cortar por lo sano y dejar la música y las tentaciones, por un tiempo. Volvió a Puerto Rico para rehabilitarse, donde recibió el apoyo de dos figuras fundamentales, el compositor Tite Curet Alonso y el empresario italoamericano Jerry Masucci.

Cuando Cheo decidió que estaba listo para volver, Masucci no dudó en ficharle para Fania y Curet Alonso le regaló la canción por la que será recordado siempre, “Anacaona”, que apareció por primera vez en este disco que supuso su triunfal regreso a la música, explotando a fondo su faceta como baladista, como se puede comprobar en la mencionada o en “Mi Triste Problema”, otra canción que le compuso expresamente Tite Curet, aunque también había temas más movidos como la magistral “Mano caliente”, en la que se puede ver la enorme influencia de Cheo, y de Tite, en Rubén Blades.

Lou Harlow – Hommy: A Latin Opera (1973)

En 1973 la salsa estaba en su apogeo, el éxito del disco Live at the Cheetah de la Fania y del documental Our Latin Thing habían puesto de moda el estilo y la Fania seguía expandiéndose. Justo ese año Larry Harlow, un pianista neoyorquino al que apodaban “el judío maravilloso” había perdido a su cantante principal, Ismael Miranda, que se había marchado a formar su propia orquesta. Así que decidió pensar a lo grande y crear la primera Ópera Salsa, basándose en el Tommy de los Who.

Era una forma perfecta de presentar a su nuevo cantante, Junior González, que sería Hommy y rodearlo con algunos de los nombres más famosos de la casa, Cheo Feliciano como el padrino / tío José, Pete ‘el Conde0 Rodróguez como Elemento del Boche o Adalberto Santiago como el Doctor.

El concepto del disco era similar a la obra de Pete Townshend, un niño que nace ciego, mudo y sordo, pero que tiene una extraordinaria habilidad, aunque en este caso cambiaron lo de jugar al pinball por lo, mucho más apropiado, de ser un percusionista único. Faltaba un papel por asignar, el único femenino, el de Gracia Divina, y Harlow tenía muy claro a quien quería, Celia Cruz.

En ese momento, la cantante cubana había terminado su contrato con Tito Puente y llevaba un año en México, medio retirada. Jerry Massucci y Harlow viajaron allí para convencerla, pero Celia quería un contrato más largo y no solo cantar una canción como invitada. Así que se pactó una reunión en Nueva York para hablar de negocios, pero cuando Celia llegó allí, todo estaba preparado para que grabara. El cabreo de la cantante fue considerable pero decidió poner su voz a la canción, Cruz no la había ensayado, ni escuchado antes, Harlow se la enseñó y le dijo que harían varias pruebas para ir amoldándola a su voz, pero la cantante le dijo algo así como usted, dele a grabar y ya está.

En una única toma Celia sacó a pasear toda su fuerza interpretativa y dejó a todos boquiabiertos. Desde ese momento nadie dudaría de que estaba ante la única e indiscutible reina de la salsa, la canción tenía un increíble arreglo orquestal, sobre percusiones latinas, sobre los que la voz de Celia volaba.

Pero más allá de la canción por la que sería recordado siempre este disco, el resto brillaba a gran altura y demostraba que el género podía dejar las pistas de baile y escucharse en templos de la música como el Carnegie Hall, quitando cualquier tipo de complejo que tuviera el género.

Celia Cruz & Johnny Pacheco – Celia & Johnny (1974)

Úrsula Hilaria Celia de la Caridad de la Santísima Trinidad Cruz Alfonso está en la liga de los mejores vocalistas de todos los tiempos, ella se sienta en la mesa de las Aretha Franklin, Ella Fitzgerald, Billie Holiday o de los Elvis Presley, Marvin Gaye o su compatriota Benny Moré. Su voz, su fraseo, su sentimiento, su musicalidad, son algo absolutamente inhumano, esa voz ya estaba ahí cuando grababa con la Sonora Matancera en Cuba o cuando hizo sus primeras grabaciones en Nueva York en el sello Tico, antes de que este fuera adquirido por Fania.

Sin embargo, fue en esta casa donde se convirtió en la indiscutida reina de la salsa, desplazando del puesto a la volcánica La Lupe. Tras el espaldarazo que supuso el “Gracia Divina” de Hommy, el primer disco que grabó para Fania fue este disco en el que la acompañaba uno de sus dueños, el flautista y arreglista Johnny Pacheco. El disco se abría por todo lo alto con una de las canciones definitorias de su carrera, “Quimbara”, un tema en la que utiliza su voz casi como elemento de percusión, pero también se puede destacar el homenaje a su Cuba natal en “Canto a La Habana” o la sensualidad que desprende en el bolero “Vieja Luna”.

Tanto la canción como el disco se convirtieron en grandes éxitos, siendo el primer disco de oro de su carrera. A partir de aquí, Celia se incorporará como estrella invitada a Fania All Stars, convirtiéndose en su figura indiscutible, alcanzando hitos como el concierto en el Yankee Stadium en el que su Bemba Colorá llevó al éxtasis a 45.000 personas o la actuación en el Zaire ante 80.000, con Celia cantando “Quimbara” y “Guantanamera” (si no han visto nunca las imágenes, no duden en disfrutar del momento del ensayo de esa canción durante el día, así se puede comprender mejor cuánta magia puede tener su voz).

Ismael Rivera – Soy Feliz (1975)

Hay artistas que, como James Brown, es mejor presentar como se merece: Y ahora, señoras y señores, es la hora de los mitos, ¿están preparados para un mito? Presentando al hombre con más de 30 clásicos a sus espaldas, entre esas canciones que nunca morirán, cosas como “Quítate de la vía Perico”… “Mi negrita me espera”… “El Nazareno”… Presentando al mito de la bomba, el Brujo de Borinquen, el Sonero Mayor, la inspiración de Cheo Feliciano, Rubén Blades o Héctor Lavoe, el mismísimo Maelo, ¡Ismaeeeeel Riveeeera!“.

Y es que Ismael Rivera es uno de los cantantes más importantes de la historia de la música latina, algo así como el equivalente puertorriqueño de Benny Moré. Rivera comenzó a grabar en 1954 y su papel como cantante del combo de Rafael Cortijo es motivo de leyenda. Baste decir que aquí en España, Rivera fue el modelo sobre el que Peret inventó la rumba catalana, siendo “La Noche del Hawaiano” o “El Gitano Antón”, versiones de temas de Rivera como “El charlatán” o “El negro Bembón”.

El caso es que Rivera llevaba grabando con sus Cachimbos desde finales de los 60 con el sello Tico Records, uno de los principales de la música latina de Nueva York. Sin embargo, en 1974 el poder de Fania era inmenso, así que decidió comprar el sello y darse el gusto de tener al ‘sonero mayor’ entre sus filas.

Así en 1974 Tico pasó a formar parte de Fania e Ismael Rivera también. Fue curioso, porque el cantante vivía una etapa de esplendor con discos como Traigo de Todo en 1974 o este Soy Feliz del año siguiente, que incluía clásicos como “Las Tumbas”, un tema que le escribió el gran Bobby Capó (el autor de “Piel Canela” y “El negro Bembón”), sobre su experiencia en una prisión de Kentucky en la que Maelo estuvo encerrado cuatro años, a principios de los 60, por problemas relacionados con la droga.

También se incluye aquí “Parece que le gusta bailar”, una clara invitación al baile, mientras que “Borinqueneando” es otro clásico absoluto con Rivera demostrando la enorme huella que ha dejado en todos los demás cantantes salseros. Pero tengo debilidad por la preciosa “Si Yo Pudiera”, con una sección de vientos maravillosa y un gran trabajo a la guitarra eléctrica, aunque lo principal sigue siendo la maravillosa voz de Maelo

Héctor Lavoe – De Ti Depende (1976)

Era evidente que a medida que la fama de Willie Colón y Héctor Lavoe crecía, su futuro en común se hacía más corto, así que, al final, la pareja se separó en 1974. Fue Colón el que dio el paso, buscando empezar a cantar él también, lo que dejó cierta sensación de vacío en el cantante, que además estaba metido en problemas de drogas.

A pesar de eso, Colón siguió ayudando a su amigo y el primer disco del cantante, La Voz, fue un éxito absoluto. Eso sí, el segundo, este De Ti Depende, era todavía mejor, nuevamente con Colón como productor y su banda casi al completo, con Rubén Blades como corista de lujo.

El comienzo es espectacular con “Vamos A Reír Un Poco”, aunque el tema más conocido es “Periódico de Ayer”, otro clásico de Curet Alonso, en la que Colón mete unos exquisitos violines para acompañar a la voz del cantante de los cantantes. Pero también se podría destacar la biográfica “Hacha y Machete”, que era un recorrido por su carrera junto a Willie Colón, (Héctor y Willie eran el Hacha y el Machete de la canción).

Willie Colón & Rubén Blades – Siembra (1977)

Este es el disco más vendido de la historia de la salsa y hogar de una de las canciones que podrían reclamar el título de mejor canción grabada en español de la historia, “Pedro Navaja”. Es evidente que Willie Colón sabe elegir a sus cantantes, no está mal pasar del cantante de los cantantes al compositor de los compositores, sobre todo líricamente, el inigualable Rubén Blades.

El panameño se metió en los zapatos más difíciles de llenar del mundo de la salsa, los de Héctor Lavoe, y salió bien parado, primero llegó el también magistral “Metiendo mano” en 1977 y un año después esta obra maestra en la que Blades se confirma como la pluma más afilada del género, el hombre que pone tus neuronas a pensar, mientras mueves el culo. “Pedro Navaja”, “Plástico”, “Buscando Guayaba”, “María Lionza” y la canción titular son clásicos incontestables.

La pareja lleva al género a otros terrenos y marca un nuevo hito, el disco se abre llevándonos al Studio 54 con los ritmos disco de “Plástico”, un bajo espectacular, cuerdas, vientos, pura fiebre del sábado noche que termina cuando entra un piano y una percusión y Blades comienza a cantar sobre algo que sigue sonando totalmente actual:

Ella era una chica plástica, de esas que veo por ahí / De esas que cuando se agitan, sudan Channel number three / Que sueñan casarse con un doctor / Pues él puede mantenerlas mejor / No le hablan a nadie si no es su igual / A menos que sea fulano de tal / Son lindas delgadas de buen vestir / De mirada esquiva y falso reír.

Pero es que estamos hablando de un escritor del que García Márquez dijo que le hubiera gustado poder escribir algo como “Pedro Navaja”. Y es que la canción de Blades es una novela en sí misma, uno de los mayores monumentos de la música popular del Siglo XX, a la altura de cualquier cosa que se les ocurra.

Tras una breve introducción musical, Blades comienza a cantar con el único fondo de una percusión, Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar…, luego entran piano, bajo y vientos, y Blades hace la más perfecta descripción de los bajos fondos del barrio latino de Harlem, con homenaje a West Side Story incluido. A veces la vida te da sorpresas, unas veces son malas como le pasa a los protagonistas de esta canción, otras son maravillosas como cualquier nuevo oyente que se encuentra con estos siete mágicos minutos.

Pero Siembra va más allá de su canción más famosa, “María Lionza” es una caricia hecha canción, mientras que “Buscando una Guayaba” es la definición de sabrosura, además de contar con un divertido solo vocal de Rubén, algo que surgió por casualidad, ya que Yomo Toro llegó tarde a la sesión (el guitarrista no vino) y Rubén comenzó a improvisar y a Colón aquello le gustó tanto que decidió dejarlo dentro.

El disco se cierra con la canción que le da título, otra canción increíble, con un inicio mítico, ese Usa la conciencia latino, No la dejes que se te duerma, con el que Blades vuelve a demostrar que era el intelectual de la Salsa.

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