Las baladas asesinas de Nick Cave y las Malas Semillas

En Música lunes, 09/02/2026

Sergio Ariza

Sergio Ariza

PERFIL

Para alguien que había llamado a uno de sus discos, Tu funeral… Mi juicio era bastante normal que en algún momento apareciera un disco como Baladas asesinas que viene a ser una descripción bastante gráfica de su contenido: una colección de murder ballads interpretadas por Nick Cave & The Bad Seeds. Haciendo suyo ese género tan antiguo casi como la música misma, si posiblemente la primera canción que tuvo letra fue para decir te quiero o te deseo, la segunda o la tercera fue para asegurar prefiero verte muerta antes que con otro hombre…

También sería bueno recordar que no hay que tomárselo literal y que una vez Nick Cave dijo que le gustaba matar gente en canciones para no tener que matarlos en la vida real. Así que podríamos decir que este disco salvó a una buena cantidad de gente, ya que en las primeras 9 canciones de este disco mueren 75 personas, más un perro.

Aunque no todas las canciones aquí son baladas, y los Bad Seeds se aceleran en varias ocasiones, sí que toman su inspiración en las tradicionales baladas de crímenes pasionales, dos de ellas, son adaptaciones de canciones tradicionales, pero es evidente que Nick Cave se siente a gusto en el mórbido tema, a veces tomando la voz del asesino, como en la espectacular «Where The Wild Roses Grow?», el mayor éxito de su carrera, puede que también que por utilizar a su compatriota Kylie Minogue como coprotagonista, y en otras del asesinado, como en «Henry Lee», su volcánico dueto con PJ Harvey que desencadenó una pasional relación entre ambos.

El humor negro de Nick Cave

El caso es que, en otra prueba del humor negro que recorre todo el disco, este Murder Ballads se abre con una canción que se llama «Song of Joy» o «Canción de Alegría», pero alegría no es el tema sino el nombre de la primera de las personas asesinadas, la mujer del narrador, muerta junto a sus hijas, sin que se aclare nunca quién fue el asesino, aunque si tenemos en cuenta como la canta/cuenta Nick Cave, no habría que descartar al propio narrador…

«Stagger Lee» es una personal adaptación de una popular canción del folklore estadounidense que se remonta al Siglo XIX. Eso sí escuchándola, parece imposible que no sea una canción de Cave y los propios Bad Seeds, con esa guitarra que suena como un cuchillo clavándose y ese aire amenazante que siempre les rodea.

Le sigue «Henry Lee» otra adaptación de otra canción popular que es un dueto con PJ Harvey. Decir que saltan chispas entre ellos es quedarse corto, la química entre Cave y Harvey era demasiado fuerte, en una balada en la que más que sobre un asesinato suenan como si estuvieran haciendo el amor. Lo curioso es que Nick Cave y las Malas Semillas vuelven a utilizar la melodía de «Henry Lee» en «The Curse Of Milhaven», pero la sensual balada se convierte en una especie de country rock garajero, como Johnny Cash (otro amante de las baladas asesinas) en speed, con Cave narrando las aventuras de Loretta, la maldición de Milhaven, mientras canta frenéticamente La la la la, La la la lie, All God’s children, they have to die.

La Bella y la Bestia

Aunque la canción más recordada del disco es «Where The Wild Roses Grow?», el emparejamiento musical entre Kylie Minogue y Nick Cave resultaba tan extraño como el de la Bella y la Bestia, aun así Cave ha reconocido que estaba obsesionado con su compatriota y había intentado varias veces escribir una canción para ella. No lo consiguió hasta que tuvo esta maravillosa y escabrosa balada de asesinatos con la que surgió, de la más improbable de las colaboraciones, uno de los mejores duetos de los 90, con sus voces cubiertas por cuerdas que suenan a terciopelo.

Pero, como decía, no todo eran baladas, Cave, las malas semillas y los invitados se lo pasan en grande permitiendo al protagonista recrearse con alguna de sus letras con un humor más negro como en «O’Malley’s Bar», 14 minutos de desenfreno homicida en los que Cave se relame cantando cosas como: Bueno Jerry Bellows, se abrazó a su taburete / Cerró los ojos y se encogió de hombros y se rió / Y con un cenicero tan grande como un puto ladrillo muy grande / Le partí la cabeza por la mitad.

Mientras que, en una maravillosa muestra del sentido del humor de Nick Cave y las Semillas Malas, la décima, y última, canción, es una sentida versión del «Death Is Not The End» (La muerte no es el final) de Bob Dylan. Una canción que había aparecido en uno de sus discos masacrados por la crítica en los 80, Down In The Groove. Pues bien, aquí Nick Cave, The Bad Seeds y sus invitados de lujo, Anita Lane, Shane MacGowan, PJ Harvey y Kylie Minogue demuestran que aquí había un clásico oculto del compositor más famoso del Siglo XX.

Una canción que no se sabía si era de esperanza o una invitación al suicidio: Cuando estés triste y te sientas solo, y no tengas ningún amigo, recuerda que la muerte no es el final. Un final que te lo hubieran firmado los Azcona y Berlanga de El verdugo

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