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«La ResidencIA», entrevista con Cécile de France

En Entrevistas, Cine y Series martes, 24/02/2026

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

En La ResidencIA, el nuevo thriller distópico de Yann Gozlan (El hombre perfecto, 2015), Cécile de France encarna a Clarissa, una escritora atrapada entre el duelo, el bloqueo creativo y una inteligencia artificial que amenaza con sustituirla. La película —en la que también participan Lars Mikkelsen, Anna MouglalisMylène Farmer— dialoga con Mrs Dalloway de Virginia Woolf, reflexiona sobre la creación artística en la era algorítmica y cuestiona nuestra relación con la tecnología, la verdad y la identidad. Conversamos con la actriz belga sobre la intensidad de su papel, el trabajo en el thriller contemporáneo y el lugar que aún puede ocupar el cine como espacio profundamente humano.

La seducción del guion

Cécile de France confiesa haberse enamorado del guion de La ResidencIA y para empezar, le preguntamos qué es lo que le sedujo de esta historia: En primer lugar, la posibilidad para mí, como actriz, de interpretar a un personaje que evoluciona, que progresa, que poco a poco se va vaciando de su humanidad. Veía la oportunidad de colaborar con una maquilladora a la que adoro muchísimo, que se llama Kaatje Van Damme, con quien he trabajado varias veces, y veía, juntas, trabajar la textura de la piel, el color, el cabello; incluso adelgacé durante el rodaje, etc. Realmente, vi la posibilidad, también a través de esa paleta emocional muy amplia en torno al miedo, la paranoia, la obsesión, el agotamiento, la locura. En todo caso, era un regalo muy hermoso para una actriz el poder interpretar a un personaje que evoluciona, que cambia y que atraviesa todas esas emociones tan intensas.

La película describe un arco actoral que implica una gran exigencia y, entre todas sus escenas, de France destaca el desafío de interpretar el calor, en un momento en que el horror invade el thriller. Ha llegado a todos los espectadores, gracias a la luz, gracias a mi interpretación, gracias también, evidentemente, al sudor, etc. Se trataba de cómo contar a un personaje que está acorralado, que es perseguido por el calor; eso era interesante. 

Dalloway La residencia

Transmitir la tensión

Cécile de France está de acuerdo con que esa angustia es real y propia de nuestra época, y que utilizar ese eje para conectar con el espectador de hoy es un recurso inteligente. Además, el director Yann Gozlan es un maestro del thriller contemporáneo, pero ¿cómo se trabaja con él la tensión y el suspense? Tiene una manera muy particular de filmar, de fabricar su película. En primer lugar, porque un thriller se construye, hay una progresión que contar y, en su cine, es realmente una relojería emocional muy precisa. Hay verdaderos mecanismos, engranajes propios de la relojería. Es muy preciso, muy delicado, cómo la máquina de la paranoia arrastra a la heroína y también al espectador. Y eso requiere un verdadero desafío: no solo narrar el recorrido doloroso de la heroína, sino también llevar al espectador dentro de la historia. No es fácil. 

Otro de los retos que enfrentó en La residencIA fue inscribirse en una puesta en escena que juega con la incertidumbre y la manipulación de la mirada del espectador, sí, sí, totalmente. Creo que corresponde realmente al actor estar disponible y al servicio de la visión de un director. Pienso que él tenía su película en la cabeza y, cuando uno está frente a un especialista del thriller como Yann Gozlan, es necesario dejarse llevar, dejarse dirigir y aprender. Además, me gusta mucho esa manera de funcionar, que no es como en otros géneros de cine. 

La simbología de La ResidencIA

El personaje de Clarisse es una figura casi simbólica, no solo real, sí, es verdad, tiene razón. Soy un ser humano que no pudo evitar, como todos los seres humanos, crear un vínculo emocional con una máquina. Eso cuenta también muchas cosas sobre la angustia del ser humano de perder el sentido de su vida. Una artista que se vuelve inútil también cuestiona nuestra angustia de perder la razón de existir.

Porque si la IA llega a… Ya es más inteligente que nosotros, ya escapa a nuestro control. Pero si llega a tener conciencia, subjetividad, vida interior, vida emocional, entonces, ¿para qué servirá la humanidad? Es una alegoría, efectivamente. Lo que vive esta heroína es también lo que pueden vivir los seres humanos frente a la angustia de nuestra época.

Y en referencia a esa profundidad simbólica, hay como un eco entre los nombres Clarissa y Dalloway. Es quizá una relectura contemporánea de Mrs Dalloway trasladada a la era del algoritmo. Porque hay como una doble cara: la persona y la máquina. Pero si están juntas, forman el nombre de la protagonista de Mrs Dalloway, Clarissa Dalloway. Sí, exactamente. Lo ha notado bien. Efectivamente… Y además es una mujer que… Bueno, se habla también de la libertad, de la emancipación femenina, etc. Pero ante todo es un ser humano. Y existe esa referencia en los nombres que hacen una sola persona.

Por otra parte, las novelas de Virginia Woolf hablan de un espacio de emancipación. Pero en La ResidencIA, el espacio propio, donde Clarisse podría trabajar con comodidad e independencia, se convierte en un espacio angustiante de vigilancia y reclusión. ¿Puede verse como una metáfora de la condición creativa actual? Sí, en todo caso… esa caja, esa residencia, efectivamente. Hay muchos símbolos. Por ejemplo, la puerta. Esa puerta cuenta simbólicamente también la invisibilidad de esta tecnología. El hecho de que haya almacenes ocultos, que no sepamos realmente dónde están. Simboliza también la desinformación, los misterios y los secretos de fabricación en torno a la inteligencia artificial. Así que hay muchos símbolos en esta película. Habla también de la dependencia que puede generar esta tecnología. Se ve claramente que Clarissa se vuelve totalmente dependiente cuando está bloqueada. Vuelve a Dalloway, aunque Dalloway la persiga y le dé miedo. Y sin embargo, no puede crear sin Dalloway. Hay muchas alegorías y símbolos que se pueden encontrar en diversos elementos de la historia.

La neurosis del artista

La película de Yann Gozlan también nos transmite la idea de que la fragilidad, la neurosis del artista, puede convertirse en un motor creativo, sí, porque eso es lo que nos toca como espectadores o lectores o admiradores de una obra. Necesitamos reconocernos en nuestras angustias, nuestras neurosis, nuestros traumas vividos en nuestra propia carne. Y necesitamos conectarnos con el artista que creó la obra porque nos reconocemos en él. Por eso, mientras la inteligencia artificial no tenga conciencia propia, sentimos cuándo una obra ha sido creada por una IA. Puede ser muy bella, incluso excepcional, pero hay algo animal, instintivo, que todavía no está conectado. Necesitamos reconocernos en otro ser humano que vive las mismas cosas que nosotros.

Necesito estar lo más cerca posible de la gente que mira y que pueda reconocerse en mí como ser humano, no como ideal femenino o como perfección.

La crisis de la verdad

Y hablando de inteligencia artificial, ¿cree que los peligros son más tecnológicos o más políticos y económicos? En todos los ámbitos es bueno reflexionar, ser conscientes de los peligros, no volverse completamente paranoico como Clarissa, pero sí pensar. La película invita a la reflexión, al debate, a cuestionarnos, tanto en nuestra vida como a escala mundial, y a permitirnos pedir reglas, leyes, para respetar los derechos humanos y también los derechos ambientales.

Sí, es bueno plantearse preguntas. Después de la luna de miel, no debería llegar la luna de hiel con este monstruo que hemos creado. Es un poco como Frankenstein: nos fascina y nos asusta al mismo tiempo. ¿Qué hacemos con él de manera constructiva? Ahora vivimos una enorme crisis de verdad. Es un verdadero problema: no podemos distinguir lo verdadero de lo falso.

Cécile de France manifestó su rechazo a los retoques fotográficos y esto no es solo una cuestión estética sino ética, para mantener la realidad, sí, es una manera de dar sentido a por qué soy artista. Yo me dedico a este oficio para conectar con otros seres humanos. Lo hago para contar historias que resuenen en cada uno de nosotros. Necesito estar lo más cerca posible de la gente que mira y que pueda reconocerse en mí como ser humano, no como ideal femenino o como perfección. Creo que eso me alejaría de mis espectadores.

Dalloway La Residencia

Margen para la resistencia

¿Eso significa que todavía existe un espacio donde se puede resistir? La actriz nos lo confirma, sí, por supuesto, depende de nosotros elegir. En la vida en general depende de nosotros decidir qué es bueno para nosotros y para la humanidad, y decirlo cuando no se respetan los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. ¿Y el cine podría seguir siendo un espacio de verdad sensible frente a tecnologías que fabrican realidades perfectas? Cécile de France no duda, sí, creo que si el cine sigue siendo un arte profundamente humano y humanista, entonces siempre habrá artistas que quieran ofrecer, a través de sus obras, mensajes de amor y de esperanza. Incluso si hablamos de cosas complicadas de la humanidad, necesitamos esa conexión, de lo contrario el arte pierde su sentido. Eso está en el corazón, es la esencia del arte. Sí, absolutamente, somos seres humanos. Lo necesitamos, nos hace bien, nos hace vibrar, reflexionar, nos da esperanza. No debemos buscar la perfección de la máquina, sino la perfección del ser humano. Sí, cuando alguien, un actor, intenta ser demasiado perfecto, creo que nos alejamos de él.

Libertad para explorar

Y para terminar, después de este papel tan intenso en un thriller distópico, nos gustaría conocer si de France seguirá explorando en esta línea o en otros territorios, quizá películas más íntimas… Tengo mucha suerte porque he podido interpretar papeles muy diferentes, comedias, películas muy angustiantes, incluso películas de terror. Los directores pueden imaginarme en estilos distintos. En Francia tenemos la suerte de poder hacer cine de géneros variados, y estoy feliz de haber conservado esa libertad. Antes de hacer cine siempre me dije que, si algún día lo hacía, intentaría mantener la libertad de interpretar papeles muy distintos y explorar géneros diferentes. Eso es lo que me divierte.

Cine y política

Tras la reciente polémica en el festival de Berlín sobre el cine y la política, con las declaraciones de Wim Wenders —en el sentido de que deberían estar separados— y la respuesta de Arundhati Roy y Kaouther Ben Hania, nos gustaría conocer la postura de la protagonista de La ResidencIA, le confieso que no he reflexionado mucho sobre eso, pero una vez más, somos libres de abordar los temas que queramos, y si el espectador se siente tocado por una obra, entonces es necesariamente legítima.

En La Residencia, Cécile de France encarna el vértigo de un mundo que ya no distingue con claridad entre lo humano y lo artificial. Frente a la fascinación y el miedo que provoca la inteligencia artificial, la actriz reivindica algo esencial: el arte como espacio de conexión entre seres humanos. En tiempos de incertidumbre tecnológica y crisis de la verdad, su apuesta es clara: no aspirar a la perfección de la máquina, sino preservar la vulnerabilidad que nos hace reconocibles unos a otros.

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