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74 Festival de Cannes: El cine ha vuelto

En Cine y TV 8 July, 2021

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Desde marzo de 2020, los estragos de la COVID se cebaron con eventos culturales de todo tipo, entre los cuales el Festival de Cannes, que esperó casi al último momento para darse por vencido. La cancelación del certamen más famoso del mundo fue una de las más llamativas por su repercusión tanto entre los profesionales como por la expectación popular que suscita su alfombra roja, sus inevitables y ya tradicionales polémicas —recordemos aquella supuesta obligación de calzar tacones en las sesiones de gala—y las consecuencias económicas para la ciudad y todos los stakeholders.

La 74 edición que se inicia el 6 de julio, en unas fechas inusuales y unas temperaturas sofocantes, lejos de las primaverales a que nos tiene acostumbrados, se extenderá hasta el 17. Entre impresionantes medidas de seguridad e higiene, que se añaden a los detectores de metales y el programa Vigipirate instaurado desde hace años, los periodistas acreditados deben exhibir su certificado de vacunación al acceder a las salas, o en su defecto, someterse a tests de saliva cada dos días. Así mismo, se reservan las entradas online para evitar las colas e, inevitablemente, ha descendido el número de profesionales acreditados para cubrir el festival. Falta saber si las nuevas condiciones sanitarias también afectarán a las fiestas y recepciones que la organización, productores y magnates acostumbran a organizar, siendo también un poderoso atractivo para la industria y los negocios.

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El festival contará con un jurado de Sección oficial presidido por Spike Lee —quien también protagoniza el póster del festival, flanqueado por palmeras californianas, en un blanco y negro evocador— y formado por las actrices Mélanie Laurent, Mylène Farmer y Maggie Gyllenhaal, los actores Tahar Rahim y Kang Ho Song, las directoras Mati Diop y Jessica Hausner y el director Kleber Mendonça Filho.

El pasado 3 de julio Pierre Lescure y Thierry Frémaux presentaron la programación de la Sección Oficial, que arranca con un filme de inauguración potente, Annette de Leos Carax, un particular musical protagonizado por Adam Driver y Marion Cotillard, cuyo avance ha elevado la expectación habitual en otras ediciones. La selección, además del filme inaugural, incluye las siguientes películas: The Story of My Wife (Ildiko Enyedi), Benedetta (Paul Verhoeven), Bergman Island ( Mia Hasen-LØve), Drive My Car (Ryusuke Hamaguchi), Flag Day (Sean Penn), Ahed’s Knee (Navad Lapid), Casablanca Beats (Nabil Ayouch) Compartiment no.6 (Juho Kuosmanen), The Worst Person in The World (Joaquim Trier), The Divide (Catherine Corsini), The Restless (Joaquim Lafosse), Paris 13th District (Jacques Audiard), Lingui (Mahamat-Saleh Haroun), France (Brunom Dumont), La Fracture (Catherine Corsini) The Worst Person in The World (Joaquim Trier), Memoria (Apitchapong Weerasethakul), Petrov’s Flu (Kirill Serebrennikov), Red Rocket (Sean Baker), Nitram (Justin Kurzel) The French Dispatch (Wes Anderson), Tre Piani (Nanni Moretti), Titane (Julia Ducournau), Tout s’est bien passé (François Ozon), A Hero (Asghar Farhadi).

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El festival arrancó con el documental de Mark Cousins The Story of Film: A New Generation, una delicia de homenaje del carismático cinéfilo, director de Women Make Film (2018), que no pudo ser una mejor elección tras el vacío cinematográfico que hemos sufrido. Ampliar los límites del cine es lo que tienen en común las películas que selecciona el director irlandés y que marcan los derroteros del séptimo arte en el último milenio. Y eso exactamente es lo que caracteriza toda la filmografía de Leos Carax, cuya última película, largamente esperada se ha convertido en polémica inmediata.

El director de Holy Motors (2012) adapta la opereta Annette compuesta por Ron y Russell Mael (el dúo Sparks) concebida para una gira de conciertos, y la ha convertido en un filme, con el que desafía una vez más al espectador, hasta el extremo a que nos tiene acostumbrados. La historia de Annette es la de un amor corrompido, la de la inocencia y las intenciones retorcidas, pero también la de la abisal tentación de sucumbir a la fama, la ambición profesional, aunque por el camino los celos, el resentimiento y las emociones crudas te arrastren en una caída infinita.

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Carax no se lo pone nada fácil al espectador y recurre a diversos mecanismos de distanciamiento que ponen a prueba nuestra capacidad de fascinación. Desde la secuencia inicial en la que aparece el mismo director, los compositores y los protagonistas, preparándose para encarnar a sus personajes, en un plano secuencia de tradición hollywoodiense, hasta la representación deshumanizada de Annette, la hija de los protagonistas, los recursos nos alejan del realismo. Las transiciones y los decorados nos muestran que la historia que estamos viendo es eso, una historia en la que al estilo de Lola Montes, los protagonistas se reinterpretan para exponer sus vidas al morbo y escrutinio de los fans.

El vehículo musical que convierte a Annette en una ópera que replica los dramas interpretados por la cantante lírica Anne (Marion Cotillard), convertida en la mujer que muere todas las noches, —real o figuradamente—, ofrece a un Adam Driver (el humorista Henry McHenry) lavantizado la oportunidad de elevar su registro interpretativo hasta la estratosfera. El actor recorre en un trance de más de dos horas un trayecto emocional de alto voltaje, en el que no hay territorios vedados o inexplorables, en lo que es, a todas luces, un regalo de los dioses para quien hace bandera y seña de identidad de la particularidad, en estilo interpretativo y fisicidad. Podemos decir que Driver es más Driver que nunca en este papel, al que aporta una hondura que no apreciamos en Denis Lavant, quien por otra parte no necesita mucho esfuerzo para sobrecoger.

El director israelí Nadav Lapid ha presentado Ahed’s Knee, donde Nur Fibak y Avshalom Pollak ofrecen un recital interpretativo de gran intensidad. El relato que bordea la autoficción sitúa a un director de cine en una minúscula población en medio del desierto, donde acude a presentar una de sus películas, mientras exorciza el rechazo y la culpa individual y colectiva de una nación que vive ensimismada y de espaldas al mundo, simbolizada por la aridez de un paisaje que adquiere gran protagonismo.

El director de Sinónimos (2019) recurre a la historia real de Ahed Tamimi, la joven palestina que abofeteó a un soldado israelí, para sumergirse en una exploración del dolor. En la tradición de los filmes que reflexionan sobre el trabajo del cineastea, Lapid carga a su protagonista con el lastre adicional de la inminente pérdida de su madre, que ha sido su guionista y colaboradora. Ahed’s Knee es un filme valiente y también rabioso, que quizá se excede en el subrayado.

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Tout s’est bien passé, de François Ozon,  ofrece una perspectiva poco original sobre la eutanasia, pero con el encanto y la claridad propias del director de En la casa (2012), que adapta al cine la novela de Emmanuèle Bernheim del mismo título. Sophie Marceau encarna a la hija de un anciano que desea morir tras sufrir un accidente vascular, interpretado por un André Dussollier merecedor de un premio a su trabajo. La película fluye con elegancia y eficiencia, a la que contribuyen Hanna Schygulla y Charlotte Rampling y describe paso a paso las peripecias que implica el suicidio asistido en un país donde todavía es un delito.

Dentro de su estilo habitual, Ozon enfoca cuestiones sociales desde el punto de vista del individuo, y en este caso también lo hace con su característico humor negro, que consigue desarmar el más profundo de los debates.

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