Entre los títulos nominados a Mejor Cortometraje Documental en la 40ª edición de los Premios Goya, que se celebrará el 28 de febrero en el CCIB de Barcelona, destaca El Santo, el nuevo trabajo autobiográfico de Carlo D’Ursi Fortunato. Un filme breve —23 minutos— pero denso en resonancias éticas, afectivas y cinematográficas, que propone una relectura contemporánea de una palabra gastada por la tradición: santidad.
Lejos de cualquier tentación hagiográfica, El Santo articula una búsqueda íntima. D’Ursi regresa a la Italia rural de su infancia para reconstruir la figura de su abuelo, Carlo Fortunato, médico de pueblo fallecido prematuramente y recordado por sus vecinos como alguien capaz de obrar milagros. Sin embargo, el film desplaza el foco: no le interesan las curaciones extraordinarias, sino la compasión cotidiana, la ética del cuidado, la coherencia silenciosa de quien ayuda sin distinción. En palabras del propio director: “Rodé este documental en búsqueda del límite entre la santidad y el martirio, pero descubrí algo más importante: su legado de amor”.
El resultado es un cortometraje profundamente político en su aparente sencillez. Una historia queer de perdón, filiación y memoria en la que un hombre gay, padre y cineasta decide tender puentes entre pasado y presente, entre la familia heredada y la familia elegida. La santidad, aquí, no es virtud abstracta ni ideal religioso: es ternura, escucha, responsabilidad afectiva. Aquello que sostiene los vínculos cuando todo lo demás falla.
La sinopsis lo formula con claridad: un nieto vuelve al pueblo de su abuelo, a quien los vecinos recuerdan como un santo; pero para su familia lo esencial es que fue, sencillamente, un hombre bueno. De esos que el papa Francisco llamaba “los santos de la puerta de al lado”. La película rescata así una tradición ética casi olvidada: la de la bondad como práctica radical y transformadora.
Desde el punto de vista formal, El Santo se apoya en una puesta en escena sobria y precisa. La fotografía de Miguel Garví (Espíritu sagrado) trabaja con una contención luminosa que acompaña el tono introspectivo del relato; la dirección de arte de Laura Garví (Saturno) evita cualquier subrayado; el montaje, a cargo del propio Garví junto a Irene Vecchio, privilegia la escucha y el tiempo interior. La banda sonora de Isabel Latorre y el diseño sonoro de Yago Cordero completan un dispositivo que nunca busca imponerse sobre el material humano, sino sostenerlo.
Producido por Montgó Films, Jaibo Films y Potenza Producciones, el cortometraje ha pasado ya por espacios relevantes como el Festival de Huelva, la Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid y el Festival de Alicante, consolidando un recorrido coherente con su ambición artística.

El Santo confirma además la trayectoria autoral de Carlo D’Ursi Fortunato, cuatro veces nominado al Goya y responsable de trabajos como Yalla y Tabib, donde ya mostraba una sensibilidad singular hacia los conflictos humanos y una voluntad explícita de generar empatía desde el cine. Su obra como creador dialoga, además, con su compromiso estructural con la industria: fundador de Potenza Producciones, presidente de la Asociación Madrileña del Audiovisual, vicepresidente del Clúster Audiovisual de Madrid y miembro de la Junta Directiva de la Academia de Cine. Un perfil poco frecuente donde la práctica artística y la responsabilidad institucional no se excluyen, sino que se refuerzan mutuamente.
En tiempos dominados por el cinismo y la espectacularización del dolor, El Santo propone otra vía: una ética de la delicadeza. Una película que no grita, pero permanece. Que no busca convencer, pero interpela. Y que recuerda, con una claridad desarmante, que quizá la forma más radical de santidad siga siendo la más sencilla: cuidar de los otros sin esperar nada a cambio.






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