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Castillos de arena, la historia de cómo se hizo Indiana Jones

En Cine y TV 20 June, 2021

Sergio Ariza

Sergio Ariza

PERFIL

Imagínense la escena, George Lucas y Steven Spielberg están en Hawái, a 24 horas del estreno de la película que iba a batir todos los récords de recaudación posibles, La Guerra de las Galaxias, y el primero comienza a contarle al segundo la historia de un arqueólogo de dudosa moral, basado en el personaje de Humphrey Bogart en El Tesoro de Sierra Madre, que busca el Arca de la Alianza, un objeto que también quieren los nazis, ¿les suena de algo?

Allí estaban los dos tipos que iban a cambiar la industria cinematográfica para siempre (si es para bien o para mal ya es asunto de otro artículo), mezclando las dos franquicias que se iban a convertir en los máximos referentes de la cultura popular de los siguientes cuatro décadas (de las que todavía se siguen estrenando películas relacionadas con ellas). Para hacerlo más icónico solo hubiera faltado que se hubiera pasado también por allí John Williams y les hubiera dicho Eh, chicos, se me acaba de ocurrir una cancioncilla y les hubiera silbado el tema principal de Indiana Jones, que así se iba a llamar el arqueólogo en cuestión, a pesar de que en ese momento respondía al apellido de Smith…

Habría que remontarse a principios de los 70 para hallar el inicio de la historia, George Lucas ya está trabajando en su particular western espacial, pero comienza a distraerse y empieza a anotar cosas sobre un arqueólogo que es una especie de ladrón de tumbas que busca objetos sobrenaturales, tipo Excalibur, el anillo del Rey Salomón o la caja de Pandora. Si para su Guerra de las Galaxias la principal influencia había sido Flash Gordon, para su historia del arqueólogo vuelve a tirar de los seriales que le habían fascinado en su infancia, cosas de los 30 y los 40 como los cómics y las películas de Don Winslow que, mientras lucha con los nazis, busca cementerios de elefantes perdidos u objetos de oro. También tiene una visión sobre cómo debería ser visualmente la aventura, con una imagen clara, el Zorro saltando de un caballo a un camión. Ese es el tipo de espectáculo que busca y que cree que el cine ha dejado de ofrecer en los 70.

Para desarrollar el concepto le pide ayuda a su amigo director Phillip Kaufman (que terminaría rodando películas como La invasión de los ultracuerpos o Elegidos para la gloria) y es éste el que añade uno de los elementos fundamentales, el Arca de la Alianza. Resulta que su dentista estaba obsesionado con aquel objeto y sus legendarios poderes, lo que les llevó al título de la película, Raiders Of The Lost Ark, la primera de las películas protagonizadas por Indiana Smith, en la que todas vendrían encabezadas por la palabra Raiders. Lo de Indiana era cosa de Lucas que lo llamó así por ser el nombre de su perro cuando era niño (algo que acabaría quedándose también el personaje y que se desvelaría en la tercera película de la serie La Última Cruzada, cuando el padre de Indiana reconocía que ese era el nombre del perro y que su verdadero nombre era Henry Junior).

Se llegó a proponer que Indiana Jones fuera alcohólico, una especie de playboy o, incluso, un ludópata.

Pero, al final, Lucas consiguió financiación para su principal proyecto, La Guerra de las Galaxias, y las aventuras de Indiana Smith se quedaron cogiendo polvo en un cajón, hasta el momento en el que Lucas y Spielberg se reunieron en Hawái en el fin de semana que se estrenaba La Guerra de las Galaxias. Los dos contaban ya a sus espaldas con dos éxitos, el primero American Graffiti y el segundo había roto todos los récords de taquilla con Tiburón, pero Lucas estaba nervioso sobre La Guerra de las Galaxias, había tenido problemas con el reparto y la experiencia de dirigir había sido una pequeña tortura, algo que haría que se fuera retirando poco a poco de esas labores.

El caso es que estaban en la playa del hotel Mauna Kea y decidieron hacer un gigantesco castillo de arena, uno de los dos tuvo la idea, si el castillo aguantaba la llegada de la primera ola, una vez que hubiera subido la marea, La Guerra de las Galaxias se convertiría en un éxito de taquilla, si caía la película fracasaría. Mientras esperaban se pusieron a hablar de próximos proyectos y Spielberg le contó a Lucas sus ganas de hacer una película de James Bond. Entonces al creador de Darth Vader se le encendió una bombillita y le soltó un Yo tengo un proyecto mucho mejor.

Fue allí, en una idílica playa de Hawái, donde Spielberg oyó hablar por primera vez de Indiana Smith, todo le pareció estupendo pensando que Era como una película de James Bond sin el bagaje de éstas, pero lo que no le convenció fue lo de Smith, a lo que Lucas le respondió ¿Y qué te parece Jones?. No hace falta decir que nuestro héroe ya tenía apellido definitivo. Mucha parte de la película ya estaba allí, e incluso Lucas le mintió y le dijo que tenía ya preparadas otras dos secuelas, que también se tenía que comprometer a dirigir, pero el proyecto estaba lejos de estar cerrado.

Al final llegó la ola y no derrumbó su castillo, quedaba inaugurada una tradición que los dos amigos irían repitiendo con cada una de sus películas y que, según Spielberg, funcionó siempre hasta que en 1986 el castillo resistió la ola antes del estreno del peor fracaso de la carrera de Lucas, la inenarrable Howard, un nuevo héroe

Con La Guerra de las Galaxias todavía destrozando la taquilla, en enero de 1978 Spielberg y Lucas encargaron a Lawrence Kasdan el guion de la película. Kasdan era un descubrimiento de Spielberg al que le había encantado su trabajo en Continental Drive. Antes de encargarle el trabajo Spielberg y Lucas le dieron las claves, el Arca de la Alianza, los nazis, etcétera y en largas sesiones de nueve horas fueron sacando el resto y perfilando el personaje de Jones, este debía ser una especie de antihéroe, alguien vulnerable y que también fallara, tampoco debía ser perfecto y se llegó a proponer que fuera alcohólico, una especie de playboy o, incluso, un ludópata, pero al final se llegó a la conclusión de que su trabajo ya rayaba los límites de la ética y, al final, había que hacer que el público estuviera de su parte.

Spielberg comenzó a rodar 1941 y Lucas produjo El Imperio Contraataca mientras Kasdan escribía el guion, cuando lo hubo terminado comenzaron a buscar productora y reparto. Como protagonista Spielberg quería a Harrison Ford pero George Lucas no estaba de acuerdo, no quería que Ford se convirtiera en su Robert De Niro particular, un actor siempre relacionado con su amigo Martin Scorsese, y además no pensaba que Ford fuera a estar interesado en firmar para otra trilogía, ahora que era una gran estrella gracias a Han Solo. Además Lucas quería a alguien más desconocido, tanto él como Spielberg, grandes seguidores del Saturday Night Live estuvieron pensando en ofrecerle el papel a gente como Bill Murray, Chevy Chase o Steve Martin pero al final se decidieron por Tom Selleck, que daba totalmente el pego como héroe de acción. Pero el actor estaba vinculado a la serie de televisión Magnum y no pudo hacerlo.

Mientras tanto Spielberg había podido ver en un pase especial El Imperio Contraataca y se dio cuenta de que su elección inicial era la correcta, Harrison Ford era Indiana Jones, así que presionó a Lucas hasta convencerle y consiguieron que Han Solo aparcara el Halcón Milenario para enfundarse gorro, chaqueta de cuero y látigo y convertirse en el arqueólogo más famoso de todos los tiempos. Por cierto su indumentaria está sacada al completo de la película El Secreto de los Incas, protagonizada por Charlton Heston en 1954…

Más difícil fue conseguir una productora para la película. Lucas quería financiarla él mismo, pero no tenía los 20 millones de dólares presupuestados así que comenzó a ir a todos los estudios a ofrecer el proyecto. En casi todos fue rechazado, aquello parecía una cosa totalmente fuera de moda y, sobre todo, Lucas, que siempre fue un visionario en esto del negocio, buscaba unas condiciones muy favorables, quería que el estudio les dejara libertad absoluta y, además, quería quedarse con todos los derechos de la película y sus posibles secuelas.

Por otra parte, y aunque ahora parezca totalmente impensable, los estudios recelaban de Spielberg como director, tenía fama de pasarse de presupuesto y, a pesar de Tiburón, su última película, 1941, había supuesto un fracaso tanto crítico como comercial. Pero Lucas no negociaba quien se iba a sentar en la silla del director, Indiana Jones la iba a rodar Spielberg o nadie. Al final logró un acuerdo con el presidente de Paramount, Michael Eissner, que se quedó con los derechos para rodar las secuelas e impuso unas severas sanciones si se pasaban del presupuesto.

Spielberg decidió no dejar mal a su mejor amigo, así que se propuso no pasarse de los días de rodaje como le había pasado en todas sus películas anteriores, Paramount les dio 85 días de rodaje, pero Spielberg se propuso rodarla en 73, para ello hizo un storyboard de todas y cada una de las escenas, logró su objetivo y salió del desafío siendo mucho mejor director.

El rodaje se llevó a cabo en varios países, Francia, Inglaterra, Túnez o EEUU, en concreto en Hawái, con un reparto que se completaba con Karen Allen como Marion, John Rhys-Davies como Sallah, Denholm Elliott como Marcus Brody, o Paul Freeman como René Belloq, el reverso oscuro de Jones y su archienemigo.

La película era un soplo de aire fresco a un género que parecía anquilosado, para Spielberg solo era una película de serie B, pero se convertiría en mucho más, gracias en gran parte a su propio trabajo detrás de las cámaras, lleno de grandes momentos como toda la secuencia inicial, la entrada de Indy en el garito de Marion en Nepal, la escena en el Pozo de Almas, la increíble persecución a caballo o el recordado final. Spielberg daba una lección magistral detrás de las cámaras entregando los 115 minutos más trepidantes de la historia del cine, con una aventura que se apoyaba fuertemente en el sentido del humor y en el desenfreno continuo, con el héroe pasando de una peripecia a otra sin casi tiempo de respirar.

Los otros dos ingredientes fundamentales en su éxito fueron la música de John Williams, con uno de los trabajos más icónicos de uno de los más grandes compositores de la historia del cine, y un Harrison Ford, que no solo estaba perfecto en su papel, sino que mejoró varias de sus partes, como cuando Marion le decía que ya no era el hombre que conoció diez años atrás, e Indy le contestaba No son los años, es el kilometraje…, una frase improvisada por el propio actor.

Aunque puede que su mayor aportación se debiera a no estar en condiciones para rodar una mañana, debido a una intoxicación, no se sabe muy bien si alcohólica o alimenticia, la noche anterior. El caso es que Spielberg tenía preparada, con mucho cuidado, una gran pelea entre Indy y su látigo contra un experto espadachín en pleno mercado de El Cairo (realmente Kairuán en Túnez). Imagínense como sería la escena, que tenía programados dos días de rodaje para realizarla. El caso es que cuando llegó el día Ford no estaba en la mejor de las condiciones así, que le dijo al director que iba a ser mejor no tenerle cerca una vez que empezara a tener que ir al baño; ambos se han apuntado el tanto en posteriores entrevistas, lo que es evidente es que uno de los dos dijo la cosa más lógica ¿Y por qué no disparamos al hijo de puta y ya está?. Y ya tenemos una escena clásica que debería haber acabado con todas las peleas posteriores en las películas de superhéroes…

Y es que una de las mejores cosas que tiene esta película es que es totalmente antihéroes o superhéroes, a Jones no le mueve ningún sentimiento noble, como le dice Belloq tampoco está tan lejos de él, a pesar de lo indignado que se queda cuando el Arca se queda cogiendo polvo en un almacén, él no duda en llevarse cualquier objeto arqueológico y sacarlo de cualquier país sin que lo sepan sus autoridades. Es, como se veía ya en uno de sus primeros tratamientos, un “roba tumbas”, eso sí, a pesar de todo es alguien capaz de diferenciar el bien y el mal, y el público es capaz de sentirse identificado con él.

Además tiene enfrente a los mejores malvados que se puedan tener (en una película), los nazis. Y es que, a pesar de que parezca increíble que, a estas alturas, tengamos que seguir explicándolo, los nazis eran, y son, lo peor. Por eso nos encanta ver una película en la que un mono hace el saludo hitleriano y es respondido por un nazi totalmente retratado. Una pena que Belloq no decidiera abrir el Arca en Berlín enfrente de Hitler, Goering, Himmler y compañía (posiblemente el final por el que hubiera optado Quentin Tarantino…)

Otra de las cosas que la hacen grande es que Indiana Jones dista mucho de ser un tipo invencible, es más, Jones recibe más de lo que da y, a pesar de las Amy Farrah Fawlers del mundo, en el mejor caso de resolución de la película, ni siquiera es imprescindible para la película, Belloq y los nazis se hacen finalmente con el Arca y es esta la que los destruye, algo que hubiera pasado igual sin la intervención de Henry Jones Junior. Lo que no hubiera sido igual es que millones de personas nos hubiéramos quedado sin los 115 minutos a los que recurrir cuando queremos una pequeña dosis de eso tan difícil de conseguir, pura felicidad.

Epílogo

Por supuesto, cuando el 12 de junio de 1981 se estrenó En Busca del Arca Perdida (así se llamó originalmente, aunque posteriormente se le añadiera el Indiana Jones para unirla a las otras películas de la saga) Spielberg y Lucas estaban en Hawái construyendo un castillo de arena… No hace falta decir que no hubo ola que pudiera con él y la primera película de Indiana Jones se convirtió en una de las cuatro más taquilleras de la historia, sus compañeras eran La Guerra de las Galaxias, Tiburón y El Imperio Contraataca, y también llevaban la firma de aquellos dos incurables Peter Panes que supieron conectar con el niño interior que habita en todas las edades, y es que, como bien dijo Harrison Ford, Interpretar a Indy es fácil, ¿a qué niño no le gustaría ser Indiana Jones?.

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