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Música

Phyllis no quería estar sola…

En Vidas salvajes, Música miércoles, 1 de julio de 2015

Miguel Caamaño

Miguel Caamaño

PERFIL

Estaba cansada de hacerlo todo sola, de enfrentarse a esos demonios que a veces se apoderaban de ella. Ayer se cumplieron 20 años del momento en que Phyllis quiso quitarse de en medio.

A buen seguro que muchos de vosotros no conoceréis a Phyllis, pero si escucháis sus canciones os sentiréis hipnotizados e hipnotizadas por su música, llena de sentimiento, emoción y tormento. Un tormento que persiguió en vida a “The Sophisticated Lady”, apodo que heredó tras ser premiada como secundaria  en una obra de Broadway donde se brindaba un homenaje a Duke Ellington. Ese Tony Award no consiguió paliar esos deseos incumplidos de ser amada en vida y respetada como artista.

A pesar de que se codeó con compositores que se adaptaron a ella como anillo al dedo (Thom Bell, Norman Connors, Gamble & Huff…) ese anillo que ella deseaba tener como símbolo de amor de pareja en su vida personal nunca acabó de ensartarse en su dedo anular.  Estuvo un tiempo con Barry Manilow, pero no cuajó, mientras iba de un sello discográfico a otro sin ser reconocida como se merecía.

Ayer se cumplieron dos décadas de que decidió quitarse la vida mezclando vodka y pastillas. Cantante, modelo y actriz, hacía todo bien, pero nadie pareció fijarse en ello. Ataviada con pendientes de araña, divinas pamelas y vestidos blancos con todo tipo de abalorios, Ms. Hyman no consiguió ser considerada una de las grandes…ni de largo… aunque quizás lo haya sido siempre.

Se fogueó en todo tipo de bandas hasta que el citado Norman Connors la reclutó para una versión de un clásico con los Stylistics. Antes había viajado a New York para crecer como artista y empezó a cantar en clubs, antes de hacer coros para John Lucien o la conocida Fatback Band. Un cambio de rumbo discográfico le hizo situarse en tierra de nadie, siendo una especie de comodín para bandas sonoras, anuncios de televisión o colaboraciones, algo que no le impidió girar y adquirir gran experiencia.

No obstante, en sus canciones seguía dejando ese tono turbado de melancolía y una soledad que parecía ser inconscientemente provocada por ella misma, con una bipolaridad que devino en depresiones y desajustes de peso que le hicieron perder confianza en sí misma. A ello se unieron problemas financieros, alcoholismo y el cansancio de siempre ceder su talento a otros o para conciertos benéficos.

Por si fuera poco, en la recta final de su vida, su madre, su abuela y una amiga muy cercana murieron y sus fantasmas se agudizaron todavía más. Estaba trabajando en un disco cuyo título era definitorio: I refuse to be lonely. Su quebradiza alma no aguantó más las embestidas de la vida y decidió dejar este mundo poco antes de una actuación en el mítico Teatro Apollo y días antes de cumplir 46 años. Estoy cansada. Aquellos de vosotros que amo, sabéis quiénes sois. Que Dios os bendiga: esa fue su despedida…algo que lamentablemente nos suena de otras vidas salvajes.

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