El Festival insiste, además, en dos medidas concretas que convierten el apoyo institucional en algo verificable: por un lado, paga un fee de alquiler a todas las películas griegas incluidas en la selección oficial; por otro, amplía la disponibilidad de la sección Platform+ en su plataforma digital del 6 al 20 de marzo, extendiendo la vida útil de las obras más allá del calendario físico del certamen.
Un mosaico temático: del archivo a la piel, de la metrópolis al boondocks
La descripción que el propio Festival hace del conjunto funciona como hoja de ruta crítica: miradas personales que se cruzan con la memoria colectiva; archivo utilizado como herramienta de autoanálisis; cuerpos sometidos a prueba; identidades en negociación; ansiedad cotidiana en la gran ciudad y vida fuera del foco urbano; y registro atento de las tensiones sociales contemporáneas.
Es un mapa que permite leer la producción griega actual como un laboratorio: una cinematografía que ya no necesita “explicar Grecia” al exterior, sino que ensaya formas para pensar lo común desde lo íntimo, y lo político desde lo material. En esa fricción se juega buena parte del interés de esta edición: el documental como lugar donde el testimonio no se presenta como “prueba” sino como lenguaje; donde la narración no sustituye a la complejidad, sino que la administra.

The Golden Grip (Fokion Bogris, 2026)
Tres secciones, tres pulsos
Competición internacional
Tres títulos bastan para intuir una diversidad de registros. Bugboy (Lucas Paleocrassas) parte de un adolescente retraído que encuentra refugio en el mundo de los insectos: una fábula de transformación, pertenencia y fragilidad. The Golden Grip (Fokion Bogris) desplaza la épica hacia un actor de reparto especializado en papeles de “tipo duro”, y con ese gesto reescribe cinco décadas de cine griego desde el margen: una historia cultural contada por quien nunca estuvo en el centro del plano. Y The Way Elsewhere (Eirini Vourloumis) propone un retrato de Atenas a través de tres taxistas veteranos, mezclando observación y secuencias musicales: rutina, deseo y memoria en una ciudad moldeada por la crisis y la persistencia.
Newcomers
En esta sección, el Festival afila el radar generacional. At No Cost (Mary Bouli) formula una pregunta incómoda en clave de realismo social: una joven que sueña con bailar y sobrevive en un bar decide convertirse en donante de óvulos “porque total, no cuesta nada”. La frase —tan cotidiana— se vuelve trampa narrativa: el cuerpo, cuando entra en el circuito de la necesidad, deja de ser “propio” en el sentido más literal. EXILE(S), Tales from an Island (Yorgos Iliopoulos) se sitúa cien años después del Tratado de Lausana y recorre Imbros como palimpsesto cultural: ruinas, rituales, convivencia difícil y fronteras que nunca terminan de cerrarse. Y Tiny Gods (Panos Deligiannis) dibuja el péndulo entre microcosmos y mundo a través de la artista Kleio Gizeli: del apartamento al aula, de la miniatura al trabajo educativo, de la introspección a la calle.
>>Film Forward
Aquí, la no ficción empuja los límites formales. Dear Future (Christian Cheiranagnostaki) conecta un archivo subterráneo en el Ártico, depósitos museísticos y marcas ocultas en el paisaje con un estudio neurocientífico sobre emoción: un mundo en pausa que espera ser moldeado por memoria y naturaleza. Horse and Rider (Panayotis Evangelidis) condensa tres días de encuentro en un hotel durante una ola de calor: conversación, sorpresa, enamoramiento y escucha del entorno, con el tiempo contando hacia atrás. Y Stories of a Lie (Olia Verriopoulou) arranca con una situación clínica y moral —una enfermedad ocultada al paciente— para abrir una pesquisa íntima sobre la “mentira médica” y sus efectos en familias y biografías.
El conjunto sugiere una tendencia clara: el documental griego, además de observar, también discute sus herramientas. Cómo se filma un cuerpo; cuándo el archivo ilumina y cuándo coloniza; qué significa contar “bien” sin convertir la experiencia ajena en un producto narrativo.

Tiny Gods (Panos Deligiannis, 2026)
Proyecciones especiales y Open Horizons: Grecia como archivo vivo
En Special Screenings, la programación combina biografía, cultura popular y retratos comunitarios: desde Running on Waves (Yannis Karapiperidis), que revisa una vida atravesada por dinastías navieras, Cuba revolucionaria y políticas culturales, hasta propuestas más híbridas y festivas como Thrax Punks Kuzin (Giorgio Spyridis), donde una banda punk cocina una feast culinaria como acto performativo.
En Open Horizons, el abanico vuelve a abrirse: del voluntariado sanitario en islas fronterizas en …One Road the Sea (Voula Kostaki) a la memoria del exilio en los Balcanes en Railcars in the Rain (Thomas Sideris); de la cárcel femenina en The Night Smells of Jasmine (Antonis Kokkinos) a la despedida de un último cine porno tradicional en Vilma: The Last Goodbye (Costas Bakirtzis, Kostis Stamoulis). El documental aparece aquí como cartografía de lo que suele quedar fuera de los relatos oficiales: rituales, márgenes, trabajo, duelo, deseo, comunidad.
Platform+ y la segunda vida del festival
La ampliación de Platform+ no es un detalle logístico: define una política de acceso. Del 6 al 20 de marzo, el público podrá recorrer un segundo circuito que mezcla memoria, activismo, ecología, arte y controversia pública. Ahí conviven, por ejemplo, un film sobre un investigador palestino asesinado junto a su familia en Gaza (Khalil, Please Answer…), un trabajo sobre permafrost y colapso en el Ártico (Mankind’s Folly), o un documental que entra en el debate sobre libertad artística tras el vandalismo de obras en una galería nacional (The Engraver).

The Way Elsewhere (Eirini Vourloumi, 2026)
Premios independientes: cuando el ecosistema importa tanto como la selección
Más allá del palmarés oficial, Tesalónica despliega un entramado de premios independientes que, bien leídos, dibujan la arquitectura institucional del documental contemporáneo. En 2026 se suma un galardón nuevo: el Municipality of Thessaloniki Award, dotado con 5.000 euros, orientado a películas sobre vida urbana bajo el paraguas City Stories. El título es elocuente: la ciudad como punto de convergencia de aspiraciones, precariedades y afectos.
El Festival también acoge el premio Human Rights in Motion, impulsado por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), dotado con 5.000 euros, para películas que promuevan derechos humanos y valores democráticos. Según PACE, el premio se concede en el marco de cuatro festivales europeos (FIPADOC, Tesalónica, Krakow y Porto/Post/Doc), con jurados nombrados por cada festival.
A este mapa se suman premios de Parlamento Helénico (“Human Values”), ERT, Alpha Bank (accesibilidad), EKKOMED, Amnesty International, WWF Greece, jurado joven universitario, WIFT GR y, por supuesto, el doble premio de FIPRESCI: a la mejor película de la Competición internacional y a un film griego de las secciones internacionales.
No es una acumulación de logos. Es una red de incentivos que puede decidir si una película encuentra distribución, si un proyecto se sostiene, si una obra viaja. En una industria donde la circulación es a menudo el verdadero cuello de botella, este tipo de arquitectura paralela no es decorativa: es estratégica.
Un termómetro fiable
La apuesta por 57 documentales griegos funciona, en definitiva, como termómetro de un país —y de un continente— en transformación. Si el cine de ficción suele llegar tarde a los movimientos del presente, el documental trabaja con otra temporalidad: registra, discute, vuelve, corrige, insiste. Tesalónica lo entiende y lo estructura: apoya económicamente a los filmes locales, ensancha ventanas de visionado y enmarca la producción griega dentro de debates mayores (memoria, derechos, accesibilidad, ecología, ciudad).
En 2026, la no ficción griega no se presenta como “sección nacional”, sino como un campo de fuerza: una constelación de relatos donde la experiencia individual se mide con la historia, y donde el cine —todavía— puede funcionar como dispositivo de verdad sensible.






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