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Jacques Tourneur sale de las sombras

Jacques Tourneur sale de las sombras

Jacques Tourneur comenzó su carrera vendiéndole argumentos a su padre por 10$, siguió como montador y se convirtió en uno de los directores con más personalidad del Hollywood dorado, filmando entre sombras y silencios con la exquisitez de un artista que crea sus propios recursos: todo un autor. El universo fílmico del director nacido en

Jacques Tourneur comenzó su carrera vendiéndole argumentos a su padre por 10$, siguió como montador y se convirtió en uno de los directores con más personalidad del Hollywood dorado, filmando entre sombras y silencios con la exquisitez de un artista que crea sus propios recursos: todo un autor. El universo fílmico del director nacido en París desafía el antropocentrismo y la visión del universo impuesta en los paradigmas creativos tradicionales, para enfrentar al espectador con sus propios fantasmas, en un turbador ejercicio de relativización, subvirtiendo el Modelo de Representación Institucional.

La reciente edición del ensayo de Rubén Higueras, Jacques Tourneur, en la colección Signo e Imagen de editorial Cátedra, supone una aportación imprescindible y necesaria, una lectura apasionante y fluida en una aproximación exhaustiva y coherente al director francés, cuya filmografía incluye títulos de culto como La mujer pantera, Retorno al pasado o El halcón y la flecha. El autor glosa su libro en esta entrevista para EL HYPE.

Jacques Tourneur

Jacques Tourneur

Tourneur es conocido como un director de serie B, pero, en realidad, esta fue solo una pequeña parte de su filmografía.

Las posibles causas de ello son la mayor apreciación por parte de la crítica de los largometrajes que sí fueron realizados bajo los restrictivos parámetros productivos de la serie B, la configuración del singular estilo del cineasta durante sus trabajos producidos por Val Lewton (que impregnaría el resto de sus filmes, sin importar cuán generosos fuesen sus presupuestos) y la economía narrativa que rige el cine de Jacques Tourneur y poda el relato no sólo de todo aquello accesorio, sino también de algunos de sus pasajes nucleares. De ahí la capital función que desempeña la elipsis en sus ficciones. Estética y narrativamente, las películas de Tourneur están más cerca de cualquier producción de bajo coste que de los fastuosos espectáculos hollywoodienses de holgado presupuesto.

¿Esa categorización explica la escasa bibliografía sobre Tourneur?

El estudio de la carrera del autor se ha llevado a cabo de manera harto fragmentaria, bien dividiéndola en función de ciclos productivos y/o adscripciones genéricas, bien mediante el análisis individualizado de títulos concretos. Aunque este proceder ha permitido profundizar en la retórica y las estrategias discursivas que presentan determinados filmes, así como en sus filiaciones genéricas o de producción, no deja de resultar un acercamiento sesgado a una poética fílmica que rebasa géneros, películas o períodos concretos. Era necesario, por tanto, poner en relación las conclusiones extraídas con el resto de su filmografía, para completar ese acercamiento a su caligrafía, rasgos narrativos y temas recurrentes que definen su talante de narrador cinematográfico.

En su trabajo como director, parece que incluso superó la conocida figura del doctor de guiones, ya que aceptaba cualquiera y lo convertía en una buena película. ¿Es cierto que solo rechazó uno, Devil’s Doorway, con Robert Taylor?

En las entrevistas que concedió, ese era el filme que el cineasta francés siempre recordaba haber rechazado, pero hoy sabemos que también eludió encargarse de A Woman’s Secret (Un secreto de mujer, Nicholas Ray, 1949). Tourneur reconoció en una entrevista: Tengo una reputación bastante extraña en los Estados Unidos. Dicen lo siguiente: “Si tienes un guión malo, dáselo a Jacques Tourneur. Él se las apañará”. El motivo de ello es una vivencia personal, que también relató en una entrevista: Recuerdo las últimas palabras que me dijo un gran director de cine, William K. Howard, en su lecho de muerte: “Jacques, he tenido una carrera excelente, pero habría sido mejor si no hubiese cometido la tontería de rechazar tantas películas. No hagas como yo, no cometas los mismos errores”.

La mujer pantera (Jacques Tourneur, 1942)

La mujer pantera (Jacques Tourneur, 1942)

Las historias y los personajes de sus películas viven entre dos mundos, mostrando su interés por el ocultismo, la introducción de lo sobrenatural, de lo irrepresentable.

En el cine de Tourneur, el terreno de lo ignoto abarca tanto lo temático (el reino de lo sobrenatural y su intersección con la cotidianidad) como los mecanismos narrativos manejados por el enunciador, pues, para Tourneur, el terror es elíptico y opta por la sugerencia antes que por la mostración. Los protagonistas de su cine fantástico no huyen de lo desconocido, sino que lo encaran y se adentran en él con la finalidad de explorarlo. Los relatos pueden leerse, en este sentido, como el viaje de un personaje no docto en lo paranormal, y/o que se resiste con firmeza a creer en lo sobrenatural, hacia el corazón de las tinieblas, del cual únicamente podrá salir cuando su fe ciega en el racionalismo se resquebraje. A Tourneur le interesa la percepción subjetiva de lo fantástico: cómo sus protagonistas lo perciben y afrontan mientras toda certeza o conocimiento científico deja de servirles de referencia. Sus películas de terror regresan a las raíces del género, cuando, en el siglo XVIII, la novela gótica surge como respuesta al Siglo de las Luces. Sus personajes se mueven en un mundo donde la certeza y lo racional (la luz) convive con lo inexplicable (las sombras). La contrastada fotografía deviene la plasmación formal de una inestabilidad cognitiva y hermenéutica.

Los personajes masculinos suelen salir de espaldas, hieráticos, ambiguos, pero las mujeres, por contra, son activas.

Los personajes femeninos son sujetos activos, movidos por sus pulsiones y no por las de otros, al contrario de lo que era la norma general en el cine clásico. Los caracteres de Irena (La mujer pantera), Anne Providence (La mujer pirata), Allida (Noche en el alma) o Anne de Hesse (El halcón y la flecha), entre otros, suponen una representación de la feminidad más compleja de la que suele reflejar el filme clásico.

El halcón y la flecha (Jacques Tourneur, 1950)

El halcón y la flecha (Jacques Tourneur, 1950)

Otra característica común de los personajes en el cine de Tourneur es que transmiten una profunda tristeza, además, las películas dejan un extraño sabor, melancólico.

Así es, son personajes marcados por una carencia, ya sea causada por una pérdida irreparable acaecida durante un episodio vital pasado o por su manifiesta imposibilidad para integrarse dentro de la sociedad. Son personajes desubicados, errabundos, extranjeros de todos sitios, pues no pertenecen a tierra o comunidad alguna. El sentimiento de desarraigo se apodera de ellos. El personaje de Robert Mitchum en Retorno al pasado no encuentra su lugar ni en la tumultuosa urbe ni en el tranquilo pueblecito rural en el que vive bajo una nueva identidad (ni siquiera lo hallará en un ambiente paradisíaco como Acapulco). Irena, la desdichada protagonista de La mujer pantera, es un personaje disociado entre la tierra en que vive (EE.UU.) y un pasado milenario con el que carga a cuestas como maldición y que impide su satisfactoria integración dentro de la sociedad contemporánea.

La mujer pantera (Jacques Tourneur, 1942)

La mujer pantera (Jacques Tourneur, 1942)

En su cine el terror se sugiere, no hay suspense más bien sospecha. Estilísticamente se recurre al fuera de campo, a las elipsis… que, además, contribuyen a dotar a sus películas de esa elegancia característica de Tourneur.

Las características de los tres largometrajes enmarcados dentro del cine fantástico y el género de terror que Lewton y Tourneur realizaron para la RKO son la sugerencia antes que mostración, el recurso a la oscuridad para la creación de una atmósfera desasosegante, el empleo sistemático de la elipsis en cuanto mecanismo narrativo e instauración del fuera de campo como espacio privilegiado, en el que ubicar la amenaza de naturaleza indeterminada que acecha a los protagonistas. Todo esto estimula el papel del espectador a la hora de “rellenar” aquellos pasajes textuales cuya representación ha sido negada por la enunciación.

La mujer pirata (Jacques Tourneur, 1951)

La mujer pirata (Jacques Tourneur, 1951)

Al recordar las películas de Tourneur, siempre me vienen a la mente esos silencios inquietantes, porque los sonidos y su ausencia tienen un papel muy relevante en su cine.
El universo del cine de Tourneur está regido por los silencios, las miradas y los susurros. Los diálogos poseen una sonoridad evocadora que los asemeja a una confesión íntima. En contados filmes clásicos el espectador está tan cerca de escuchar el silencio como en algunos pasajes de la obra de Tourneur, en clara oposición al vococentrismo y verbocentrismo cinematográficos: un ejemplo muy representativo es el indeciso caminar de Betsy por el jardín de Fuerte Holland, en plena noche, tras ser despertada por la intrusión en el lugar de Carrefour, en I Walked with a Zombie.

Hoy en día, ¿hay algún director que pueda considerarse de algún modo heredero de su estilo?

Salvando las debidas distancias, puede rastrearse cierta herencia del cine de Tourneur en algunos pasajes de la obra de M. Night Shyamalan y en filmes como It Follows (la parte final en la piscina cubierta, que enlaza con la secuencia de La mujer pantera que acontecía en idéntico espacio).

It Follows (David Robert, 2015)

It Follows (David Robert, 2014)

Eva Peydró
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