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Pérdida de series

El Ministerio del Tiempo: cuando la historia tiene (buen) propósito

El Ministerio del Tiempo: cuando la historia tiene (buen) propósito

La renovación de El ministerio del tiempo por una segunda temporada es un notición. Para la televisión española y para Televisión Española (TVE). Y lo es, primero, porque premia a una ficción de calidad que se toma en serio la historia nacional con un high-concept tan ambicioso como respetuoso. Y segundo, porque es la única producción del canal que es

La renovación de El ministerio del tiempo por una segunda temporada es un notición. Para la televisión española y para Televisión Española (TVE).

Y lo es, primero, porque premia a una ficción de calidad que se toma en serio la historia nacional con un high-concept tan ambicioso como respetuoso. Y segundo, porque es la única producción del canal que es loable en sus aspectos cultural, artístico y comunitario. A fin de cuentas, para esto queríamos una televisión pública -unos noticiarios decentes también, pero esa es otra historia.

El ministerio del tiempo

El Ministerio del Tiempo, para los que la desconozcan, sigue las aventuras de Julián Martínez (Rodolfo Sancho), Amelia Folch (Aura Garrido) y Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda), el nuevo equipo de oficiales de la institución. A diferencia de los encabezados por José Ignacio Wert o Cristóbal Montoro, este ministerio es secreto de estado, cuenta con una serie de puertas que permiten viajar en el tiempo y en él Velázquez es el encargado de hacer los retratos robot de los criminales más buscados. Recortes de presupuestos sí hay.

Este tripartito de estrellas, cada uno de su padre y de su madre (Julián es un enfermero viudo del presente, Amelia es una universitaria de finales del XIX y Alonso es un soldado de los Tercios de Flandes del XVI), navegará así por la historia de España para salvaguardar el correcto desarrollo del espacio-tiempo sin que se vulnere el presente de la nación. Decepcionante, cabe decir, teniendo en cuenta la mierda en la que estamos metidos y que el Real Madrid perdió el pasado domingo ante el Barça. Ya podrían viajar a La Masía a pegarle un par de pataditas al argentino jugón.

El planteamiento es fascinante dadas las posibilidades que les brindan a Javier Olivares y el resto de guionistas los libros de historia. Imaginaos a todos los personajes que podríamos llegar a conocer. ¡Como al cabrón de Francisco Pizarro! ¡O al desgraciado de Fernando VII! Y así con todos los deplorables monarcas y aristócratas que han lucido nuestras banderas durante nuestros genialérrimos últimos ¿20?, ¿30? siglos de vida. De momento, Franco, Hitler y Torquemada ya han pasado por la palestra. A mí me queda la duda de ver al listo que compuso Paquito el Chocolatero.

El ministerio del tiempo

Claro que el conocer a estos elementos también nos da para saber de los héroes del Imperio y de la fantástica opulencia -y anchura- con la que contamos en tiempos mejores. Al fin y al cabo, El ministerio del tiempo es una clase de historia como ninguna otra lo ha sido jamás en la televisión española. Para lo bueno y para lo malo. Y su oferta se revaloriza gracias a un cuidado diseño de producción (¡acabose con los vestidos relucientes!) y a un medidísimo humor de puntillitas y chascarrillos. Los one-liners, que dirían los americanos.

Todas estas facultades han ayudado a que la serie se convierta en el programa de ficción nacional mejor (que no más) comentado en la red de redes. Amén de Twitter, que ha resucitado en la noche de los lunes gracias a El Ministerio del Tiempo. Hemos abandonado el fenómeno de los tróspidos, que apenas era constructivo (salvo para la sorna generalizada), para abrazar el fenómeno de la historia de España. Suena facha, pero hay que mirarlo con otros ojos. Los que saben apreciar un trabajo bien hecho.

El ministerio del tiempo

Pero puede que el notición no nos dure demasiado tiempo. La renovación de El ministerio del tiempo no es el primer y último paso. El director de TVE, José Ramón Díez, dijo el otro día: “Nos vamos a tener que sentar con Javier Olivares. Es una magnífica serie pero queremos que sea aún mejor. Tenemos una serie de comentarios para que la serie sea más accesible al gran público”. Permitidme que me cague de miedo al leer “una serie de comentarios” porque depende ahora de un directivo que esta celebración no se vea empañada por unos cuantos caprichos.

El Ministerio del Tiempo es una de las primeras series nacionales que nos ha permitido ver a la ficción como un homenaje al timeline nacional sin que los espectadores se dividan y peleen por ello. En el caso de que la derrota se plantee como un final tangible, yo lo tengo claro: ¡Llamen a Ambrosio Spínola!

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