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Un perro andaluz en Bollywood

La migración del perro

La migración del perro

Si el cine es voyerismo, los ojos del mirón llevan años escrutando un país: la India. Era en enero de 2011 cuando me engulló el especiado y dulce olor a alcantarilla que desprende Bombay. Los españoles que aterrizan en la ciudad, saben a qué parte del piso se refería Ana Torroja en su canción. Mientras tanto, en

Si el cine es voyerismo, los ojos del mirón llevan años escrutando un país: la India.

Era en enero de 2011 cuando me engulló el especiado y dulce olor a alcantarilla que desprende Bombay. Los españoles que aterrizan en la ciudad, saben a qué parte del piso se refería Ana Torroja en su canción. Mientras tanto, en la nevada Salt Lake City del estado mormón de Utah, en el festival de Sundance, el  premio a proyectos internacionales cambiaba de compañía y su enfoque de Europa a la India. En un universo paralelo, sin crisis ni medidas antimigratorias como el Patriot Act, yo hubiera estado allí.

Pero no. En mi Oz el invierno no llegaría jamás. Me dejé llevar a la deriva por un huracán de casualidades. Pero sobre todo por internet. Atrapé un trabajo en la ciudad de Bollywood justo el mes en que dos de mis mejores amigos (Prarthana y Ed) celebraran su re-boda en Madrás.

Después de casarse en Indiana (el estado de EEUU que nos recuerda el gran fallo de Colón) volvían a repetir en India. ¡7 días de festividades! De verde, dorado, rojo, los trajes de la novia cambiaban como el sol durante el día en las diversas ceremonias. Su abuelo es un de los directores musicales del cine de Tamil Nadu más prestigiosos, así que miles de invitados de la industria hacían cola para tocarle los pies. Los extranjeros hacíamos corrillo: “ese debe ser el Brad Pitt de India, esa la Julia Roberts…”

Yo pensé que sí, pero (de nuevo) no. Estos días no me prepararon para el ruidoso gris asfalto infinito del Andheri East  donde daría clase de dirección de fotografía. Como un reloj, el primer día en la ciudad de las sonrisas lo empecé, como Ana Torroja, en el váter.

Las calles de las ciudades americanas tienen nombres de número. Así que no les fue difícil creer en la existencia de una voz independiente en la India. 6 años allí me infectaron de estadística también, y llegué a India con ganas de encontrar ese mensaje ahogado en la mayor jungla de ficción sin referente.

Como sabéis mejor que yo, sólo Bollywood produce más films anualmente que Estados Unidos al completo. Pero es que además India cuenta con una industria distinta por cada idioma oficial: Kollywood (Tamil), Tollywood (Telegu), Mollywood (Malyalam),… ¡Hasta se hacen remakes de película de un -ollywood a otro!

Sundance no fue la única institución que intentó buscar la aguja en el pajar. Aunque quizá Toronto viera tierra primero,  fue sin duda Cannes quien dio el grito. En 2013, India fue el país invitado especial en la Croisette, conmemorando sus 100 años de cine. Hasta el rey Juan Carlos intentó taimar a la bestia (pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión).

El pecado original lo cometió Danny Boyle en Slumdog Millionaire (literalmente: el perro del slum millonario). Hasta entonces el occidental miraba con recelo los colores y bailes de Bollywood. Los más entendidos veían cine en bengalí, pero, como mucho, nos llegaba David Lean. Mira Nair o Deepa Metha nos habían acercado en ocasiones la especia a la boca, y algún especial de Canal + intentaba darnos las claves para dar sentido a su saturada receta. Cuando Boyle regurgita los clichés de Bollywood (pero formulados para occidente), se alza con ocho estatuillas (Oscars); y las miradas viran hacia oriente.

Los estrenos también son creativos en la ciudad del atardecer (boulevard). Sólo algunos cines tuvieron acceso al film en las primeras semanas… con una condición: que fuera la única película que se proyectaba en todas sus salas. Yo tuve la suerte de verla con Prarthana, todavía “unmarried” (en India no se usa “single”).  Al salir, la propaganda de la gran película del este se disipaba con el humo de su cigarro. El público tiraba los desconsolados panfletos de ONGs que daban con la entrada. “Es un ojo intruso”, me decía, “ha reflejado Bollywood, no la India”. Ese no quería ser yo.

Con el rechazo a nuestra herencia de conquistadores y la misma fe en encontrar las joyas cinematográficas perdidas en la estadística del cine masala (la mezcla de especias que nosotros llamamos curry), emigré. Vendí mi coche (el punto de no retorno a Los Ángeles) y me cambié de país, de continente y de industria: de Hollywood a Bollywood.

Se presenta: un perro andaluz en Bombay.

Marine Lines Chowpatty

Marine Lines Chowpatty

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