La más grande y creciendo - el Hype
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Música

La más grande y creciendo

La más grande y creciendo

Cuesta imaginar qué hará en el concierto del día 28 en el Central Park de Nueva York, o cómo será el bolo de final de gira en Madrid a principios de julio, para mejorar el concierto del Olympia en Valencia el miércoles, porque algunos de los momentos que protagonizó Silvia Pérez Cruz fueron inolvidables. Hoy por hoy,

Cuesta imaginar qué hará en el concierto del día 28 en el Central Park de Nueva York, o cómo será el bolo de final de gira en Madrid a principios de julio, para mejorar el concierto del Olympia en Valencia el miércoles, porque algunos de los momentos que protagonizó Silvia Pérez Cruz fueron inolvidables.

Hoy por hoy, la más grande en la canción popular española, con permiso del magnífico elenco nacional. Y creciendo en escena. La protagonista de momentos excelsos, que canta con generosidad, dulzura y sinceridad brutales.

Como suele pasar con los buenos conciertos, hay al menos una canción -tres, si pudiera elegir- que me hubiera gustado oir dos veces, incluso antes de que acabara el concierto de Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández (guitarra y coros). Esa es “Mercé”, de Maria del Mar Bonet. La cantó de pie, como la otra que me puso la piel de gallina, “Hymne à l’amour”, de Édith Piaf:  Si tu m’aimes, Je me fous du monde entier.

En un teatro no puedes presionar el mando a distancia para hacer retroceder una canción a su inicio. Y la interpretación de “Mercé” solo podía sonar en mi cabeza de regreso a casa. Más allá, quedaba una posibilidad y era reproducirla en el CD Granada, que da nombre a la gira de este dúo catalán. Sonaba fantástica en el reproductor, desde luego, pero solo era un mero recordatorio de lo ocurrido hacía apenas dos horas en escena. Hay que rendirse a la evidencia: el momento del teatro era irrepetible, grandioso.

Ahora viene el consabido anuncio: “Señoras y señores, escuchen música en vivo”. En el caso de la cantante de Palafrugell, para quien no la haya visto en escena, es una obligación recomendarlo. Solo así se puede contemplar en tiempo real cómo cincela  la canción que la Bonet dedicó a su madre para hacerla suya, desde la constatación de que Palma és llunyana (lejana) a la aceptación de que las olas no le permiten alejarse massa (demasiado). Desde un inicio tan plácido como el que la mallorquina eligió para esa pieza de 1971, trece años antes de nacer Pérez Cruz, con un inefabe toque Bacharach, hasta un final explosivo, flamenco y neopsicodélico, mediterráneo y espacial. Mágico, con la guitarra eléctrica y la voz meciéndose en la estratosfera hasta fundirse en un final climático, diluido en un instante como la ola en la arena de Palma.

Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández (Refree) en un concierto

Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández (Refree) en un concierto

Y una clave. Silvia Pérez Cruz puede enlazar una cançó folk setentera como “Mercè” con una casi bossa no menos antigua como “Acabaou chorare”, una habanera catalana de origen familiar con trozos del filin cubano que maceró con Javier Colina, una tonada venezolana con una pieza de Llach como el emblemático “Abril 74” con que arrancó el concierto, o un lied de Schumann y en ella todo eso está tan cerca que es parte de un mismo cancionero, si no de una misma canción. Esa canción se llama Silvia, múltiple, imprevisible, poliédrica, interpretada con generosidad de recursos, riqueza de matices, dulzura y una sinceridad brutal que, como sucede que las mejores cantantes, lleva a su máxima expresión una pieza cuando ha hecho suyo el significado emocional que encierra, más oculto o más desnudo.

Ella mismo lo explicó acerca de la historia de Miguel Hernández y Ramón Sijé, como preludio de la espectacular mezcla del “Compañero (Elegía a Ramón Sijé)” y “Me van aniquilando”, con cajón incluido, que enhebran a partir del taranto y los tangos que ha tiempo concibieron Morente y Pepe Habichuela. Si el concierto que ofreció hace dos años con Colina, Albert Sanz y Perico Sambeat en el Principal fue prácticamente perfecto, el del Olympia, sin llegar a ser tan redondo, alcanzó cotas aún más altas en la voz de la cantante. Incapaz de dejar a nadie indiferente, cante lo que cante. Solo asi se entiende que los vecinos de butaca que al principio del concierto despotricaban contra los pactos municipales de la izquierda, aplaudieran a rabiar el “Gallo rojo, gallo negro” de Chicho Sánchez Ferlosio, himno antifranquista donde los haya que en la voz de Silvia Pérez Cruz se hace canto universal.

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