Wes Craven representó la transgresión sistemática entre lo real y lo ficticio
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¿Ha existido realmente Wes Craven?

¿Ha existido realmente Wes Craven?

La figura de Wes Craven ha estado rodeada a menudo de una transgresión sistemática de fronteras, a veces entre lo real y lo ficticio y a veces, como es en el caso de su película más famosa, entre la conciencia y el sueño. No sé si la edad de 10 años es adecuada o no

La figura de Wes Craven ha estado rodeada a menudo de una transgresión sistemática de fronteras, a veces entre lo real y lo ficticio y a veces, como es en el caso de su película más famosa, entre la conciencia y el sueño.

No sé si la edad de 10 años es adecuada o no para aterrizar en el universo de Wes Craven. En cualquier caso, esos eran los años que tenía cuando vi La última casa a la izquierda como primer plato de una maratón de cine de terror que luego continuaba con Posesión infernal y acababa con ¡¡Sanguinario!! (Halloween II). Esas tres películas vistas juntas a tan tierna edad produjeron en mí secuelas psicológicas que ahora no vienen al caso, pero por lo que respecta a la primera de ellas, Craven fue durante toda mi adolescencia una palabra que me asustaba. Era leerla en cualquier revista y un escalofrío me subía por la espalda. Craven. Maldad. Asesinato. La misma fonética del apellido me parecía –y me parece- siniestra. Cra-ven. Suena a cue-va. A mie-do. A muer-te.

Wes Craven

De las tres películas de aquella maratón, La última casa a la izquierda era claramente la que tenía el poster menos atractivo y más tosco. Molaba mucho más, sin ninguna duda, la chica medio tragada por la tierra en el dibujo de Posesión infernal. Ese brazo saliendo del suelo y agarrándola salvajemente, esa mano desesperada pidiendo auxilio… ¡buf!, era todo muy siniestro en ese poster. Sin ser ninguna filigrana, incluso el cartel de ¡¡Sanguinario!!(Halloween II) me asustaba. No podía dejar de mirar esa hipodérmica clavada en el centro del ojo, era una imagen que me aterrorizaba… aunque estaba mirando al lado equivocado del cartel: Yo aún no lo sabía porque no había visto la película, pero la silueta en el pasillo en penumbras me iba a provocar muchos más sudores fríos que la aguja, y durante mucho más tiempo…¡años!, ¡décadas!

El cartel de la película de Wes Craven no tenía nada de todo eso. Una foto en blanco y negro, ¡puaj!, de una chica vestida apoyada en un árbol… nada serio. Sin embargo, de los tres fue el que más me acojonó cuando me detuve a leer esa advertencia de abajo a la derecha que ya estaba en el cartel original estadounidense. Lo de No deje de repetirse, esto es solo una película era un elemento mucho menos gráfico que lo que había en los otros dos posters, al fin y al cabo eran solo letras, pero tenían un efecto aterrador mucho más poderoso. ¿Por qué? Solo con los años he podido entenderlo.

Esa frase cruzaba los límites entre espectador y película. Mientras que los otros dos carteles se miraban el ombligo y simplemente remitían al contenido de la propia película, esa frase interpelaba directamente al espectador, le advertía de que lo que iba a presenciar si entraba en la sala de cine era tan fuerte, tan atroz, y de que el miedo podía llegar a ser tan brutalmente intenso, que era necesario pensar en que solo era una película y que no era real para poder soportar la experiencia. Si es que podía llegar a soportarse.

Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984)

Involuntariamente, el tipo que se inventó ese ardid publicitario había dado con una de las claves que, una década después con Pesadilla en Elm Street, haría mundialmente famoso a Wes Craven: la transgresión de las fronteras que delimitan nuestra realidad tangible, cotidiana. Esta vez sí que fue el distribuidor español el que añadió al poster original una frase colocada en la parte inferior: Una cámara filma, por fin, el interior de una pesadilla.

Otra vez, la confusión entre realidad y ficción: El slogan, sensacionalista como pocos, quería hacer creer al público de la época que las pesadillas que tenían los protagonistas de la ficción eran reales, auténticas. Pero más allá del cartel, lo que proponía la película sí que arremetía con determinación contra las puertas de la realidad, y de hecho permitió a Wes Craven colocarse un paso por delante de todos los serial killers que, a finales de los 70 yprincipios de los 80, diezmaron a la población teenager esencialmente de Estados Unidos: Michael Myers, Jason Voorhees, y el resto de la pandilla, solo podían matar en la vida real. Freddy Krueger podía matar en sueños. La idea es simplemente revolucionaria: Un tipo que en una pesadilla puede matarte, provocando tu muerte en la vida real. La línea que separa el sueño de la conciencia nunca antes ni después ha sido tan frágil.

La nueva pesadilla de Wes Craven (Wes Craven, 1994)

Bueno, la verdad es que después sí que volvió a ser muy frágil por lo menos en una ocasión. Rizando el rizo, en los años 90 Wes Craven acabaría cerrando la saga original del asesino de las cuchillas con una película que no solo coqueteaba con los límites entre sueño yconciencia, sino que introducía también un juego entre realidad y ficción que ahora ya no estaba solo en el cartel con la frase Esta vez el terror no se detiene en la pantalla. Así pues, el argumento de La nueva pesadilla de Wes Craven solo puede calificarse como loco de remate, y básicamente se puede resumir en que Freddy Krueger se convierte en una fuerza demoníaca real que ataca a los implicados en el rodaje de Pesadilla en Elm Street. Momento de pasmo general: desfilan por la película interpretándose a sí mismos desde los actoresHeather Langenkamp (que interpretó a Nancy, la protagonista), John Saxon (el padre de Nancy y policía encargado de dar caza al asesino), o Robert Englund (Freddy Krueger), hasta el mismísimo Wes Craven… todos amenazados de muerte por la supuesta invasión en sus vidas reales del personaje ficticio de Freddy Krueger.

No me parece que aún hoy, más de 20 años después de su estreno, se haya reconocido lo suficiente esta extraordinaria aportación al género fantástico. Más que nada porque, contra todo pronóstico, esta premisa tan desquiciada conseguía desembocar en una película que daba mucho miedo. Y si daba tanto miedo era precisamente porque cristalizaba de manera definitiva esta confusión entre realidad y ficción que había perseguido (a veces involuntariamente) a Wes Craven y la llevaba a un extremo realmente insólito. La cinta retorcía el concepto de realidad de una manera muy atrevida: una ficción (La nueva pesadilla de Wes Craven) protagonizada no por personajes inventados sino por personas reales que existen en el mundo real (lo que, en sí mismo, rompe el concepto tradicional de ficción) y que eran perseguidas por un personaje de otra ficción (Pesadilla en Elm Street). ¿Delirante? Seguro. ¿Espeluznante? Sin ninguna duda.

Sin embargo, el giro definitivo que dinamita del todo las fronteras entre realidad y ficción es este: Freddy Krueger existió en la vida real. Era un compañero de Wes Craven que le hizobullying en el colegio durante varios años. La cosa debió dejar bastante tocado al futuro director de cine, tanto para que bautizara en honor a este chaval a dos de sus villanos más repulsivos: el Krug Stillo de La última casa a la izquierda y, obviamente, el Freddy Krueger de Pesadilla en Elm Street.

Toda esta confusión entre realidad y ficción que envuelve la figura de Wes Craven me lleva inevitablemente a preguntarme, aún aturdido por la noticia de su fallecimiento, si realmente ha existido este señor. Igual no ha sido real. Igual no ha existido nunca un director de cine llamado así. ¿Realmente hemos visto sus películas o las hemos soñado? ¿Ha sido Wes Craven una persona del mundo real o un producto de nuestra febril imaginación? Y lo más importante de todo: ¿Volverá Wes Craven para colarse en nuestros sueños y darnos un último y fatal susto de muerte?

Wes Craven

1,2, Craven viene por ti

3,4, Mejor cierra la puerta

5,6, Coge un crucifijo

7,8  Mantente despierta

9,10 ¡Nunca más dormirás!

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