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Gloria y miseria del indie en España

  • En Música
  • 30 Abril, 2015
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Gloria y miseria del indie en España

Entrevistamos al periodista Nando Cruz al hilo de la publicación de Pequeño Circo. Historia oral del indie en España, un libro que repasa, a través de los testimonios de sus principales protagonistas, cómo se configuró el género a lo largo de la década de los 90, en nuestro país. Ambicioso, documentado y panorámico, Pequeño Circo  (Editorial

Entrevistamos al periodista Nando Cruz al hilo de la publicación de Pequeño Circo. Historia oral del indie en España, un libro que repasa, a través de los testimonios de sus principales protagonistas, cómo se configuró el género a lo largo de la década de los 90, en nuestro país.

Ambicioso, documentado y panorámico, Pequeño Circo  (Editorial Contra, 2015) es el resultado de un esfuerzo casi titánico, concretado en más de 900 páginas escritas por el periodista barcelonés Nando Cruz (Barcelona, 1968), a través de decenas de entrevistas materializadas en horas de grabaciones, en las que quedan registrados los recuerdos de algunos de los principales protagonistas de la hornada indie española de los años 90.

Bandas como Aventuras de Kirlian, Cancer Moon, Los Planetas, El Inquilino Comunista, El Niño Gusano, Dover, Family, La Buena Vida o Astrud. Sellos como Elefant, Subterfuge, Romilar-D, Munster, Acuarela, B-Core o las multinacional RCA, que reclutó a algunas de las bandas indies de la época, a través de acuerdos de recriprocidad de dudosa rentabilidad. Festivales como el FIB, Bullas o Pradejón. Fanzines y revistas como Malsonando, Mondo Brutto o Kool’Zine, junto a las históricas Rockdelux, Ruta 66 o la emergente Spiral. Todos ellos quedan retratados en este relato coral. Compendio de luces y sombras que, independientemente de la amplitud de su enfoque, se perfila como un volumen absolutamente necesario para entender qué fue de la música indie en este país. Y qué es de ella actualmente, también. Porque para conocer el presente, nada como comprender el pasado.

El propio Nando Cruz nos lo cuenta, en una amena charla telefónica.

-¿Cómo surge la idea del libro? El único precedente obvio era era la Guía de Música Independiente en España (Pop VOSA, 1998), de Pablo Gil, mucho más sintético, pero ¿sentías que había una cierta necesidad de aportar luz sobre el origen de una denominación que en este país ha llevado a tantas polémicas y equívocos recientes?

La idea es de la editorial: ellos creían que, 20 años después, igual valía la pena hablar de toda aquella época. Y yo lo que quería, más que distinguir lo que era indie entonces y lo que es ahora, que es como un debate interminable, era reconstruir aquella década y explicar cómo a determinada gente, desde puntos muy distintos de España, les entró el deseo de hacer música como la que se hacía en el Reino Unido o en EEUU. Cuáles eran sus objetivos y cómo algunas cosas se mantuvieron y otras se fueron desfigurando, hasta el punto de hacer una música que se podía calificar como contracultural, o rebelde, o independiente o alternativa, son todos adjetivos que los podemos cuestionar hoy en día. Al centrarse en los 90, el libro tiene codas que le permiten intuir al lector por qué lo que se hace ahora tiene poco que ver con lo que se hacía entonces. Pero para definir lo que es hoy el indie, y los debates sobre el indie mainstream y demás, habría que hacer un libro sobre los 2000.

-¿Por qué el formato oral? ¿Querías darle un tono lo más documental y objetivo posible?

Iba dentro del encargo. Yo no lo veía muy claro. Pero cuando empecé a hacer entrevistas a la gente, como habían pasado 20 años, quería que la gente opinase sobre sí misma pero desde ahora, lo cual hace que cada uno vea las cosas diferentes a como las veía en el 95 o el 96. La parte de análisis o de cuestionamiento de aquella escena, que podría haber hecho yo marcándome unos párrafos, era preferible que la hicieran ellos y se contradijeran entre ellos. Y es enriquecedor porque ves cómo ha ido evolucionando cada persona en estos 20 años.

-Como bien dices, habría que dar una continuidad al relato a partir de los 2000 para tener una panorámica completa que sirviese para explicar muchas cosas de la actualidad. Aunque no pocas se remiten a los 90. Pero, en todo caso, ¿tú no tienes la sensación de que el indie de aquella década, tal y como luego fue evolucionando hasta el momento presente, fue una oportunidad perdida?

Primero habría que saber qué es lo que pretendían. Entonces puedes decidir si fue una oportunidad perdida o no. Por ejemplo, para Penélope Trip no creo que lo fuera, porque no tenían más pretensión que estar unos años tocando la guitarra. Para Los Planetas, hay una parte de esas intenciones que no están perdidas del todo porque llegaron a más gente que nadie. En aquella época flotaba en el ambiente la sensación de que hacer esta música era algo rebelde o contestatario, pero el tiempo demostró que nunca hubo una pretensión de este tipo: era un tipo de música escapista, como fue la de la Movida. Ni siquiera enterró a la Movida, como se llegó a pensar, porque algunos grupos del indie han tocado con grupos de aquellos. Más que oportunidad perdida, creo que se estaba practicando casi lo contrario de lo que se pregonaba.

-Ya que mencionas a los grupos de la Movida, resulta curioso constatar, con la perspectiva del tiempo y a través de los testimonios de los músicos implicados, la gran influencia que para muchos de ellos supusieron bandas de los primeros 80, seguramente no las más populares, como Aviador Dro, Décima Víctima o Parálisis Permanente. Eso desmentiría el tópico del indie de los 90 como una generación que quería, primordialmente, matar o negar al padre, ¿no?

Claro, no puedes nacer de la nada. Hay grupos que lo reivindican y otros que directamente no escuchaban música española porque para ellos la música eran Pixies y Sonic Youth. Hay de todo, pero, desde luego, uno de los grandes pecados del indie de los 90 era querer creer que aquí no había música interesante. Y la había, aunque fueran grupos previos al estallido de la Movida.

-Has querido dar un protagonismo clave, sobre todo al principio del libro, a esa generación bisagra entre los 80 y los 90, y que nunca tuvo la fortuna de gozar del eco mediático que seguramente hubiera merecido: la de Cancer Moon, Los Bichos, Lagartija Nick, Surfin’ Bichos e incluso Sex Museum, que son anteriores. ¿Fue una decisión intencionada por tu parte?

Sí, y unilateral. Primero porque creía que no todos los grupos que cantaban aquí en inglés lo hicieron por las mismas razones. Parkinson D.C., al ver a Cancer Moon, descubrieron que se podía cantar en inglés y distorsionar sin remitirse siempre a Dinosaur Jr o Sonic Youth o los Lemonheads. También porque ya entonces pensaba que estos grupos de la generación bisagra o perdida eran mucho más intensos y dejaron discos mucho más relevantes que los que vinieron después, en su mayoría. Y luego porque había historias en algunos de estos grupos que eran brutales.

Paperhouse en el primer FIB. Foto: Nacho Umbert.

Paperhouse en el primer FIB. Foto: Nacho Umbert.

-Los emolumentos económicos para los grupos quedaban casi siempre en un limbo. Era una industria tan precaria que apenas merecía llamarse tal. ¿Pero no crees que todo ese fermento que queda retratado en el libro es el que posibilita que hoy en día haya un cierto tejido, algo más profesional? Muchos de sus protagonistas siguen o están hoy en día en puestos de cierta relevancia dentro de la industria musical.

Sí, sí, desde luego. La industria independiente que hay ahora está dominada o dirigida por la gente que comenzó entonces. Algunos siguen haciendo música. Casi todos los nombres importantes de las agencias de contratación que traen a bandas extranjeras son aquellos. En aquella época había poco dinero y se repartía de una forma poco justa, digamos. Quiero pensar que muchos de ellos pagarán hoy en día a su gente religiosamente, pero tampoco lo puedo demostrar.

-En los últimos tiempos planea la idea, que será también alimentada por muchas de las tesis sostenidas en tu libro, de que el indie en este país carece de conciencia social y política, y además recrea vicios machistas. ¿No crees que se están cargando mucho las tintas en esas apreciaciones a la hora de hablar del indie, cuando serían plenamente aplicables a prácticamente todo lo que se hizo en los años 80?

Sí, de hecho en el libro hay varias personas que así lo afirman. Servando Carballar hace esta comparativa, por ejemplo. Y yo creo que es así. Lo que pasa es que pienso que no ha habido en España una crítica severa y global sobre géneros musicales. Nos cargamos un disco, un artista, pero coger géneros completos y analizarlos a fondo no se estila mucho. Han coincidido un par de libros que cuestionan todo esto sobre el indie, porque es lo que hemos vivido de cerca, al menos en mi caso. La contrarréplica es esa, argumentar que estamos cargando un poco las tintas contra eso, cuando hay géneros peores en muchos aspectos. Y yo estaré de acuerdo, pero a continuación echaré de menos que haya libros analizando en profundidad la Movida sin panegíricos, porque fue tan apolítica y hedonista como lo que vino después. O que haya libros que analicen el machismo en el hip hop, pero no sobre lo buena que es la Mala Rodríguez o lo malos que son Violadores del Verso, sino en su conjunto. Vamos un poco cortos en ese sentido, porque todo merece un análisis crítico.

-¿No hay también quizá un superávit editorial de libros relacionados con los 80 y un déficit de los 90?

Sí, eso es cierto.

-Hay una nutrida representación de escenas locales y regionales. Pero no hay ni un solo capítulo, por ejemplo, dedicado a Valencia o a la Comunidad Valenciana. Planean las referencias a bandas y salas de Valencia. Algunas incluso tan recurrentes como la despiadada crítica que Rockdelux le dedicó en 1994 al disco de Los Canadienses. Pero no hay ni un solo epígrafe dedicado. ¿Por qué?

Por un lado, el libro no pretende ser enciclopédico. Pretendía contar historias diferentes. Si hubiera habido otro grupo como Los Bichos en Cuenca, del mismo perfil, hubiera explicado una sola historia de este grupo, y no de la escena de Cuenca.  Quería hacer algo sobre Valencia, al igual que sobre Galicia o las Canarias-de donde tampoco hay un capítulo específico-, pero me pasaba lo siguiente: quería hablar con Los Canadienses porque me parecía una historia llamativa la suya; La Habitación Roja es un grupo un poco tardío porque empiezan a tener popularidad un poco más tarde, y su historia hubiera sido como muy parecida a las de los demás grupos; y con Caballero Reynaldo también quería hablar, porque también trabajó en distribuidoras de Madrid al margen de todo lo que hizo luego, pero no encontraba el hilo para tejer un relato. Pero al final no conseguí articular una historia, porque tampoco había tantos grupos que dieran el salto y tuvieran popularidad. También tuve la tentación de convertir la parte de Silvania en la parte troncal, pero se fueron muy pronto de Valencia. Y de hablar con Jorge Albi, para explicar cómo los grupos extranjeros en una época pasaban por allí con asiduidad, como pasaba al principio con Stone Roses, pero ya se me iba muy pronto, a los 80. Hay una laguna, pero no por desinterés, sino por no tener una historia bien estructurada. De Barcelona, hablo más de festivales y revistas que de grupos, si te fijas.

-Pero sí que tiene mucha más representación, incluso con bandas como Los Fresones Rebeldes (cuyo éxito también lo justificaba un poco, claro)…

Puede ser, pero sí que intenté que no se notase demasiado el peso de que lo haya escrito alguien de Barcelona, que eso quedase más diluido. También pensé en Polar, hablando de Valencia. Y pensado en los 2000, hubiera sido inevitable también mencionarlos. Pero reconozco que seguramente no le he echado suficientes líneas. Eso ya es inevitable.

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-En el apartado dedicado a los medios, también me ha llamado la atención la ausencia de Mondosonoro, una revista que comienza en 1994 y que ha tenido una presencia primordial como emblema de la prensa gratuita. Están Rockdelux, Ruta 66 , Spiral y El País de las Tentaciones, por supuesto. Pero apenas hay referencias a Mondosonoro.

En el caso de la prensa quería explicar por qué se construyó esta bola, según la cual todos teníamos que hablar de toda esta escena. Hago la secuencia de fanzines, prensa y suplementos semanales. Pero no hablo casi de Mondosonoro como tampoco hablo del resto de la prensa gratuita, que a finales de los 90 era omnipresente. Era una publicación más abierta, no estrictamente indie. Y para explicar esta primera década no me parecía tan esencial. Cuando llega el 98, es el Tentaciones posiblemente quien más esté apoyando todo esto. Si hubiera un relato de los 2000, seguro que tendría que estar reflejado. Pero en el libro sobre todo prima lo que ocurre hasta el 97, cuando el diluvio del FIB y el éxito de Dover, la disolución de El Niño Gusano y Penélope Trip, y todo aquello. Ahí cambian cosas, surgen grupos con otras intencionalidades, y es donde quería cortar la historia.

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