El ritmo eterno de Nile Rodgers y sus Chic - el Hype
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El ritmo eterno de Nile Rodgers y sus Chic

El ritmo eterno de Nile Rodgers y sus Chic

¿Qué tienen en común “Upside Down” (1980) de Diana Ross, “Let’s Dance” (1983) de David Bowie, “Dress You Up” (1984) de Madonna o “Get Lucky” (2013) de Daft Punk, aparte de su condición de clasicazos de la mejor música pop de todos los tiempos? En todos ellos se distingue con nitidez la guitarra de Nile

¿Qué tienen en común “Upside Down” (1980) de Diana Ross, “Let’s Dance” (1983) de David Bowie, “Dress You Up” (1984) de Madonna o “Get Lucky” (2013) de Daft Punk, aparte de su condición de clasicazos de la mejor música pop de todos los tiempos? En todos ellos se distingue con nitidez la guitarra de Nile Rodgers: un músico absolutamente esencial por la forma en la que universalizó un concepto inigualablemente elegante de la música disco, ese género cuya solo mención provocó durante mucho tiempo sarpullidos entre detractores sin remedio. Ahora Nile Rodgers está, por fin, de vuelta al mundo de quienes editan discos a su nombre. A nombre de Chic, en su caso.

Su forma de pulsar las seis cuerdas de su Fender Stratocaster, rítmica, febril y contagiosa, es su santo y seña. Su marca, plenamente reconocible. Ha influido en guitarristas aparentemente tan distantes como Johnny Marr (The Smiths). Formó Chic junto al bajista Bernard Edwards, con quien gozó de un éxito que se presumía inverosímil. La anécdota es harto conocida: se citan en la puerta del mítico y exclusivo Studio 54 neoyorquino en la nochevieja de 1977. Teóricamente, han sido apuntados en la lista de invitados por Grace Jones, ya toda una celebridad. Sin embargo, el personal de puerta les deniega la entrada. Sintiéndose unos parias, idean “Le Freak”, que a la postre se convertiría en uno de los grandes himnos de la era disco. Era su gran venganza contra el elitismo que envolvía aquel primer entramado de clubs nocturnos, antes de que la llama de aquella música prendiera en todo el mundo.

Álbumes sobresalientes como Chic (1977), C’est Chic (1978), Risqué (1979) o el We Are Family (1979) de Sister Sledge (que es prácticamente otro disco suyo), y canciones sensacionales como “Dance, Dance, Dance”, “Everybody Dance”, “Le Freak”, “I Want Your Love”, “My Feet Keep Dancing” o “Good Times” (cuya totémica línea de bajo fue pronto sampleada en el “Rappers Delight” de Sugarhill Gang y luego fusilada por Queen un año después en “Another One Bites The Dust”) les acreditaban como consumados maestros en el arte de somatizar las enseñanzas del funk, el soul y el eurodisco. Y las asimilaban desde su pericia como músicos fogueados en el jazz.

Edwards falleció en 1996, cuando ambos se encontraban en plena gira. Pero Rodgers no ha parado de hacer cosas desde entonces, ya sea como productor o como músico de directo. Pese a que una de sus mitades ya no esté, la marca Chic nunca ha desaparecido. It’s About Time (Universal Music, 2018) vio la luz hace menos de una semana, y es el primer disco de Chic en 26 años. El título no puede ser más explícito: ya era hora. De hecho, su larga gestación (hace más de cuatro años que viene anunciándose) le hizo candidato a competir con el Chinese Democracy (2008) de Guns N’ Roses o el Second Coming (1994) de los Stone Roses por el podio a disco más largamente aplazado de las últimas décadas. Aunque en su caso no hubiera – seguramente – cientos de miles de fans aguardando con ansiedad.

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Aunque sí pueda decirse que es la merecida pleitesía que se les ha rendido a Chic en los últimos tiempos uno de los impulsos que han llevado a Nile Rodgers a poner, por fin, continuación a su saga de discos. Este nuevo álbum llega con portada de Britt Lloyd —protagonizada por las modelos Duckie y Jazzelle— que parece retomar la de su primer disco en 1977, a la vez deudora del Country Life (1974) de Roxy Music. En él, se ha rodeado de un puñado de colaboradores de postín que son, en definitiva, bastante prescindibles, una vez se para uno a escuchar sus diez pistas de cabo a rabo.

Al igual que le ocurría a Giorgio Moroder cuando editó Déjà Vu (2015) —el otro mito de la música disco rehabilitado tras grabar con Daft Punk— , también para Nile Rodgers todo cobra más sentido y fluye con más naturalidad cuando se olvida de tratar de sonar a 2018 y simplemente se limita a ser él mismo, que no es poco. Casi tres décadas son una eternidad en cualquier estilo que dependa de los avances de la tecnología, como es el caso. Así que la vuelta de Chic está repleta de temas resultones, pero en absoluto memorables.

Mura Massa, Cosha y Vic Mensa le dan cierto aire atemporal al canon Chic en “Till The World Falls”; el rapero LunchMoney Lewis contribuye a que “Do You Wanna Party” suene como si Basement Jaxx hubieran resucitado; Craig David evoca el new jack swing de Bobby Brown y compañía de finales de los ochenta (de hecho hay un remix del propio Teddy Riley al final del minutaje) y el dueto entre Elton John y Emeli Sandé eleva el baladón “Queen” a niveles de sacarosa que podrían reventar el medidor de glucemia más caro del mercado.

¿Lo mejor? Cuando lo que queda de Chic suena simplemente a Chic: ocurre en “Boogie All Night” (con la voz de la británica Nao), en “Dance With Me” (con la actriz Hailee Steinfeld) y en “I Dance My Dance”.

La vuelta de Nile Rodgers, la vitalidad contagiosa que emana de su guitarra y el ritmo fogoso que emana de sus canciones, ya es de por sí una buena noticia, en cualquier caso. Aunque este It’s About Time no descubra la penicilina ni oposite a engrosar los listados de lo mejor del año.

Foto cabecera ©Jill Furmanovsky.

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