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The Girlfriend Experience: atrévete a dejar de mirar

The Girlfriend Experience: atrévete a dejar de mirar

Christine (Riley Keough) acaba de llenar su casa de cámaras de vigilancia. Le ha entrado la paranoia tras recibir varias llamadas de un cliente obsesionado con ella. Christine es una call girl, una prostituta de lujo que ofrece la experiencia completa de noviazgo (la tan traída Girlfriend Experience). Tras repasar el metraje de seguridad grabado

Christine (Riley Keough) acaba de llenar su casa de cámaras de vigilancia. Le ha entrado la paranoia tras recibir varias llamadas de un cliente obsesionado con ella. Christine es una call girl, una prostituta de lujo que ofrece la experiencia completa de noviazgo (la tan traída Girlfriend Experience). Tras repasar el metraje de seguridad grabado en las últimas horas y ver que no hay señales de intrusos, Christine da con una secuencia en la que ella aparece sentada al borde de su cama, medio desnuda y tocándose. Aguanta mirando el televisor un rato.

Ese es el mejor resumen de The Girlfriend Experience, la nueva serie del canal Starz. Esta primera temporada, dirigida y escrita al completo por Amy Seimetz (Upstream Color) y Lodge Kerrigan), sigue las andanzas de esta estudiante de derecho que decide probar en el mundo de la prostitución de lujo.

Desde los primeros compases, es bastante obvio que Christine disfruta en el mundo de aluminio, cristal y sábanas de hotel de lujo en el que encaja su oferta de Girlfriend Experience. Su belleza (y clase) le permiten venderse por unos $1,500 a la hora y todo lo compagina con sus estudios en la universidad y unas prácticas en una prestigiosa firma de abogados.

The Girlfriend Experience

Ese contexto pulcro y frío enmarca un universo en el que todo es aburridamente caro. Las paredes grises, las fachadas rectas, los cuadros de arte moderno, los muebles de madera limpia y oscura, la comida delicadamente colocada en el plato, la botella de vino francés… y el cuerpo de Christine. El espectador se acostumbra tan rápidamente a ver a Riley Keough desnuda que su piel, ayudada por esa fotografía tan sintomática de una Chicago nublada, acaba difuminándose con el entorno.

Claro que el atractivo de The Girlfriend Experience es ver cómo el personaje de Christine se obsesiona con sus propias virtudes. Sus pechos, su cabello o su mirada son parte de la superficie que Christine acaba vendiendo y el sentirse observada, atendida y apreciada es parte de lo que le motiva a seguir buscando clientes. Tener jefes que son o se comportan como hombres ayuda. Y si tiene rendidos ante ella a los mismos cincuentones que cobran dos cifras más que ella en la firma de abogados en la que trabaja, Christine va a sentirse evidentemente por encima. Aunque sea un poco.

The Girlfriend Experience además encaja muy bien en un tiempo en el que el desfase económico, sobre todo en Estados Unidos, es tan salvajemente cruel. Los escenarios y los personajes de la serie son tan caros en superficie y concepto que al final pasan como absurdos.

Que un hombre de negocios pague a dos chicas para quedarse sentadas en un sofá mientras él duerme es, cuanto menos, una sobrada.

The girlfriend experience

Christine, que probablemente tampoco dé crédito, aprovecha estas premisas. Su pasado y su vida como estudiante hablan rápido y bien, y sin subrayados, sobre lo suculento que es el dinero que le ofrecen por su cuerpo (y su compañía). El atractivo de ver que alguien pague tanto por ella, y que sean además hombres poderosos tan dados a obedecer su dictadura carnal o que Christine opere bajo un pseudónimo que aleja ese mundo del real (¿hay alguno que lo sea?), es suficiente para compartir viaje del personaje y dejarse hipnotizar por lo descabelladamente inasequible de todo el entuerto.

Es difícil no compartir la tesis de Seimetz y Lorregan, y menos si uno llega a la season finale y se queda atontado, probablemente sin entender nada, ver cómo 20 minutos se van esfumando mientras Christine interpreta una escena bastante surrealista para un cliente con fetiches muy peculiares. Tal y como Christine con sus cámaras de vigilancia, es imposible dejar de mirar. O no querer mirar. Y si además hay un thriller —con tensión y similares— de por medio, pocas excusas existen.

Rewind. Play.

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