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Sin miedo, Juan

Mi-Rada

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Existen miradas lascivas, sensuales, provocadoras, intimidatorias, inocentes, que te comunican con claridad… pero si te penetran sin mediar palabra, te transmiten sentimientos, emociones, vibraciones, deseos, cariño. Son miradas que ¡te hacen sentir vivo!… Me resultó superatractiva. Me miraba directamente a los ojos. No apartó su mirada de los míos ni un segundo mientras duró mi

Existen miradas lascivas, sensuales, provocadoras, intimidatorias, inocentes, que te comunican con claridad… pero si te penetran sin mediar palabra, te transmiten sentimientos, emociones, vibraciones, deseos, cariño. Son miradas que ¡te hacen sentir vivo!…

Me resultó superatractiva. Me miraba directamente a los ojos. No apartó su mirada de los míos ni un segundo mientras duró mi intervención. Me sentí lo más importante en su vida en esos instantes. Esa mirada me ofrecía una confianza y una receptividad tal, que reforzaban la empatía que sentía con ella. El tiempo se detuvo y, a pesar de que existía más gente en la habitación, era como si solo estuviéramos ella y yo.

Terminó la charla y desapareció. Volví a casa paseando despacio. No recordaba nada de la charla, pero sí rememoraba ese juego tan especial, maravilloso y enigmático que había tenido con una persona de la cual solo tenía su mirada. No sabía cómo era su cuerpo, si iba de azul o de rosa palo, si llevaba tacones o si su bolso era de Versace o Valentino. ¡Uf!

Es increíble que antes de tener ni una sola palabra sobre ella, tengo un montón de impresiones en mi mente. Si es verdad que los ojos son el espejo del alma, yo me asomé descaradamente desde el marco de ese espejo y penetre con autoridad hasta el interior más recóndito de su intimidad. Sentí sus emociones, la fascinación por las palabras que estaba escuchando y cómo sintió la pasión que en ellas yo estaba poniendo. En su interior, una mezcla de determinación y de ilusión, de inseguridad y de atrevimiento, de alegría contenida.

En un determinado momento se le iluminó la mirada. Una sutil apertura ocular,  una mínima dilatación pupilar, un aumento del brillo y su mensaje entró directamente a mi córtex prefontal. Fue como un enamoramiento instantáneo, de milisegundos, pero existió, lo sentí y lo sintió. Me lo transmitió. Y desapareció.

Sé que existen miradas lascivas, sensuales, provocadoras, intimidatorias, agresivas, incisivas, inocentes, que te comunican con claridad… pero si te penetran sin mediar palabra, te transmiten sentimientos, emociones, vibraciones, deseos, cariño, ternura, frialdad… Son miradas que ¡te hacen sentir vivo!… Que te habilitan para el gran juego de las miradas. Un juego donde es necesaria una absoluta complicidad para que se produzcan los coloquios más íntimos e interesantes que un ser humano pueda llegar a tener.

Estoy convencido que en ese juego ocurren, y ocurrirán a lo largo del tiempo, sucesos curiosos y que cuando miras al otro como si quisieras encontrar su alma sólo te encuentras a ti mismo… porque nadie puede ver en los ojos del otro aquello que él mismo no tiene.

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