Leia en el lado oscuro - el Hype
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Vidas salvajes

Leia en el lado oscuro

Leia en el lado oscuro

No todo es de color rosa en la saga eterna de Star Wars. Ahora que el aparataje promocional de la séptima entrega está en ebullición, recordamos que Carrie Fisher, la otrora Princesa Leia, vuelve al origen de su grandeza y su posterior e irremisible caída al vacío. Carrie era un personaje de una novela de Stephen King, de

No todo es de color rosa en la saga eterna de Star Wars. Ahora que el aparataje promocional de la séptima entrega está en ebullición, recordamos que Carrie Fisher, la otrora Princesa Leia, vuelve al origen de su grandeza y su posterior e irremisible caída al vacío.

Carrie era un personaje de una novela de Stephen King, de la que se reían en el instituto, hasta que adquirió poderes demoníacos. Carrie Fisher, por su parte, no los necesitó, se llegó a reír de sí misma en un monólogo en el que casi todo estaba permitido, incluso salir al escenario con un perro y limpiar sus excrementos mientras se lamentaba irónicamente de su suerte. Ya le marcó el hecho de ser hija de un cantante y una actriz, ambos ilustres, pero su participación en 1977 en la celebérrima La guerra de las galaxias acabó de dibujar la desgracia.

Una desgracia que, curiosamente, no se ha llegado a consumar, porque Carrie tiene un papel en la película que se estrenará en Navidad,  quizás por el “cable” que le ha echado George Lucas, creador de la saga, y ahora supervisor temático de todo lo que se haga en el sagrado nombre de Star Wars. Disney se ha volcado en seguir exprimiendo el limón, aunque la vida no haya sido precisamente un cuento para una de sus originarias protagonistas.

Lo verdaderamente curioso de la vida salvaje de Carrie Fisher es que ha sido reconocida y caricaturizada por ella misma. A través de una novela titulada Postales desde el filo, más tarde adaptada por ella misma al cine, y una autobiografía llamada Wishful Drinking, Carrie se desnuda ante el mundo con ese punto de mordacidad y humor negro irreverente. Incluso en el monólogo citado proclama al viento el lado oscuro de todo lo que había conseguido con la primera trilogía.

Drogas, alcoholismo, un matrimonio con Paul Simon, más hiel que miel, otra unión con un marido que resultó gay y una bipolaridad galopante que le hacía padecer altibajos insoportables para ella misma y sus compañeros de reparto. De hecho, confesó estar todo el tiempo drogada mientras grababa El Imperio contraataca, en 1980. Le daba tanto a las drogas que hasta el propio John Belushi (¡!) le advirtió de que estaba atravesando ciertas fronteras; pero Carrie seguía en contacto con el cine, a veces con películas demenciales Hollywood Vice Squad (Penelope Spheeris, 1986) y otras veces con papeles en films de éxito como Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner, 1989).

Sin embargo, Carrie siempre salía del atolladero con la sonrisa congelada del drama que había supuesto su vida, haciendo escarnio de lo que había supuesto ser una persona tan difícil de llevar. Lo hizo a golpe de un best seller como el de sus memorias, con el regreso a las pantallas, que en principio nadie se creyó, y con un carisma que parecía refrendar una vez más la idea de que quería morir con las botas puestas. Ahora sólo nos resta verla en la nueva entrega, aunque en esta ocasión no salga con un Martini Bianco en ristre como en la portada de esa amarga autobiografía.

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