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Vidas salvajes

Hablemos de Basket

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Recién terminada la NBA, liga profesional de baloncesto norteamericano, se ha constatado que los tatuajes en los brazos y los aspavientos no hacen que ganes más partidos. Igual puedes llegar a vender más camisetas, pero difícil es que se conjunte más tu equipo o que entren más tus tiros. Tim Duncan, un hombre con cara

Recién terminada la NBA, liga profesional de baloncesto norteamericano, se ha constatado que los tatuajes en los brazos y los aspavientos no hacen que ganes más partidos. Igual puedes llegar a vender más camisetas, pero difícil es que se conjunte más tu equipo o que entren más tus tiros. Tim Duncan, un hombre con cara de paleto y orejas de soplillo, es el mejor ala-pívot de la historia si nos atenemos a sus números y su trayectoria. Su rival este año, Lebron James, acumula contratos publicitarios, pero esta vez no ha logrado irse a casa habiendo evitado morder el polvo texano de los Spurs.

Hoy todo el mundo está pendiente de la Selección Española de Fútbol, con su decisivo partido frente a los chilenos, y aquí en este caso hay tatuajes en los dos bandos. Aunque esta vez el que escribe quiere llevar la contraria y hablar de baloncesto. Y lo vamos a hacer por el simple hecho de legitimar a aquellos personajes que nunca quieren serlo y que huyen siempre que pueden de la bobada mediática a la que conmina mover tantos millones de dólares.

En Estados Unidos, tan dados al histrionismo más teatral cuando alguien mea fuera del orinal, se echaban las manos a la cabeza hace unos meses cuando uno de los propietarios de un equipo, con décadas de experiencia en el cargo, profería unas frases lapidariamente racistas a su ¿novia? más de 30 años más joven que él. Como si no supiesen de sobra que el stablishment fomenta los estereotipos. Sin ir más lejos en el cine, a no ser que que no te llames Denzel o Will.

Sea como fuere, Tim Duncan, el working class hero de los San Antonio Spurs gusta a todos menos a sus rivales. Es el típico jugador que pasa por allí y te mete 30 puntos sin cambiar un ápice el semblante.  Además, tiene el rostro de decir que no tocó un balón de basket hasta los 14 años porque lo que quería él era nadar y emular a su olímpica hermana. Para más Inri, nació en las Islas Vírgenes, que no “de los vírgenes”, así que su elixir de la juventud no es la castidad que tan a bien tuvo a destacar otro “4” en la pista: A.C. Green. Es más, su novia sacó su mayor dignidad femenina cuando el comentarista y ex jugador bocazas se metió con las mujeres de los jugadores de San Antonio, tercera ciudad en importancia en el estado de Texas.

A.C. Green

Por si fuera poco, no es ni verdad que Tim no tenga tatuajes, es tan freak que tiene uno de Merlín en el pecho, fruto de su gusto por este tipo de literatura. Seguro que juega al rol on line y  vería  “Cuarto Milenio” cada domingo noche de residir en España. No sale del estadio lleno de joyas con unos cascos más grandes que él, adora jugar al Monopoly (sólo en el tablero de juego), su película favorita es El Cuervo y se confiesa un poco Will Hunting, el otrora personaje encarnado por Matt Damon.

Brandon Lee en "El Cuervo" (1994, Alex Proyas)

Da igual que no le guste ni baile Rap, esta ruptura de clichés es la que le hace falta a un deporte en el que parece que si eres negro tengas que llevar una vida sexual díscola y estar todo el día con tus homies jugando a la consola y comiendo nachos con guacamole. Dichosos aquellos que se desmarcan de los tópicos y de los contrarios porque eso sí les hará meter más canastas en la vida… y en la pista.

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