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El universo de Shane Black en 5 películas

El universo de Shane Black en 5 películas

Shane Black se reivindica a lo grande con Dos buenos tipos y toca repasar su carrera como director y guionista. Shane Black fue uno de los padres de las buddy movies, se atrevió con la fantasía, el cine de superhéroes y el terror y, no contento con eso, reformuló el thriller moderno. Quizás su nombre

Shane Black se reivindica a lo grande con Dos buenos tipos y toca repasar su carrera como director y guionista.

Shane Black fue uno de los padres de las buddy movies, se atrevió con la fantasía, el cine de superhéroes y el terror y, no contento con eso, reformuló el thriller moderno. Quizás su nombre no suena a la primera, pero solo hay que echar un vistazo a su filmografía para comprobar que se trata de uno de los jefes del cine de entretenimiento moderno.

Arma letal (1987)

Un lustro después de la seminal Límite: 48 horas de Walter Hill, Black escribió el guion de la primera entrega de una de las buddy movies más famosas de la historia del cine. La pareja de policías antitética formada por Mel Gibson y Danny Glover se convirtió en un género en sí mismo, un cóctel explosivo de chascarrillos memorables, violencia explícita y humor costumbrista. Nuestro hombre repetiría en Arma letal 2 (1989) y expandiría su concepción del thriller de colegas escribiendo los libretos de las extraordinarias El último Boy Scout (1991) y Memoria letal (1996); esta última mucho mejor que cualquiera de las entregas de la saga Bourne.

Una pandilla alucinante (1987)

Suele ser uno de los títulos olvidados de la carrera de Black pero vale su peso en oro. Dirigida por Fred Dekker, Una pandilla alucinante es un adictivo cruce entre Los Goonies (1985) y el cine de terror clásico de la Universal, que en un principio nació como un homenaje a Abbott y Costello contra los fantasmas (1948); una influencia, la de Abbott y Costello, que sobrevuela toda la filmografía del creador de Arma letal. Otra película de aventuras fantásticas juveniles que también contó con la pluma de Black fue El último gran héroe (1993), uno de los títulos más injustamente infravalorados de los noventa que en su momento dio nuevos aires a las carreras de John McTiernan y Arnold Schwarzenegger.

Kiss Kiss, Bang Bang (2005)

Tras dos décadas ejerciendo como guionista, Shane Black decidió pasarse a la dirección con uno los thrillers más inclasificables y libre pensadores de la pasada década. Protagonizada por Val Kilmer, Robert Downey Jr. –en uno de sus primeros papeles importantes tras superar sus problemas con las drogas- y Michelle Monaghan, la película daba nueva vida al género echando mano del ingenio, de la posmodernidad bien entendida y del humor marciano. Kiss Kiss, Bang Bang no solo es un estupendo neo-noir meta genérico, sino que también es una obra clave para entender la recién estrenada Dos buenos tipos.

Iron Man 3 (2013)

En Depredador (1987) podíamos ver a Shane Black haciendo de actor; era uno de los miembros del equipo de mercenarios liderado por Arnold Schwarzenegger. En una de las secuencias aparecía leyendo un cómic de DC, el Sgto. Rock. Pues bien, fan irredento de mundo de la viñeta, veinticinco años después, Black acabó dirigiendo y escribiendo una de las mejores secuelas del universo Marvel. Iron Man 3 es la entrega más cachonda de la saga y la que mostraba el lado más humano del superhéroe: esas crisis de ansiedad que sufre el hombre de hierro tras la batalla final de Los vengadores (2012). En ella, el director de Dos buenos tipos muestra que también es capaz de realizar con solvencia las complicadas set pieces de acción propias de los blockbusters. Por cierto, Black está preparando actualmente un reboot de Depredador y una película sobre el legendario personaje de ficción norteamericano Doc Savage.

Dos buenos tipos (2016)

La tercera película como director de Black -si no contamos la tv-movie Edge (2015)- es la más libre y, por qué no decirlo, genial de toda su carrera. Ambientada en Los Angeles y en el mundo del porno de los años setenta, Dos buenos tipos es capaz de aunar con equilibrio la comicidad extrema heredada del slapstick –la hilarante escena de Crowe y Gosling en el lavabo es ya de culto absoluto-, los homenajes a Abbott y Costello, la incorrección política más festiva, el humor fumeta, la blaxploitation, las buddy movies antes citadas y el noir clásico. Además de todo eso, el filme, a lo Malditos bastardos (2009), esconde tras sus imágenes una poderosa segunda lectura: el poder del cine de género como arma de denuncia antisistema.

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