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Sin miedo, Juan

Un juego interesante

Un juego interesante

Existe una gran herramienta en nuestro cerebro que nos permite aprender, imitar, conocer, influir y comunicar todo aquello que hacemos, que pensamos o que sentimos. Sólo tenemos que tomar conciencia de nosotros ahora. No es raro ver a alguien que mueve la boca o gesticula cuando su partner está contando una historia o un chiste.

Existe una gran herramienta en nuestro cerebro que nos permite aprender, imitar, conocer, influir y comunicar todo aquello que hacemos, que pensamos o que sentimos. Sólo tenemos que tomar conciencia de nosotros ahora.

No es raro ver a alguien que mueve la boca o gesticula cuando su partner está contando una historia o un chiste. Es muy natural bostezar cuando tu vecino de autobús no ceja en abrir la boca con pasión. Pero también es muy normal que después de ver a Federer y Nadal jugar la final de Roland Garros mi tenis mejore en los próximos partido… y no nos olvidemos de los lloros que nos surgen al ver el final de Los Puentes de Madison o la tristeza de ver morir a la mamá de Bambi.

Ya David Hume alrededor del 1700 ofreció una pista muy clara sobre este tipo de comportamientos con su frase: las mentes de los hombres son espejos unas de otras. Pero no fue hasta 1996 que Giacomo Rizzolatti, filósofo de la Universidad de Parma, descubrió las neuronas espejo, cuando supimos la verdad científica de tales comportamientos.

Las neuronas espejo son un tipo de células que se activan cuando llevamos a cabo una acción o simplemente cuando la vemos o la escuchamos de otros. Y creo que podríamos ir más allá. Si nuestro cerebro no distingue entre ver e imaginar, incluso imaginando la acción, estas neuronas se activarían realizando las mismas funciones que las ha originado.

Estas neuronas nos permiten intuir lo que el otro piensa, lo que va a hacer o lo que está sintiendo. Es decir, empatizan perfectamente porque nos permiten ponernos en lugar del otro, como si de un espejo se tratara y por tanto actúan en todas sus vertientes, emocional, cognitiva y motora. De alguna manera, serían la base de las relaciones humanas, de la transmisión de la cultura o el aprendizaje y de la comunicación o el lenguaje.

Si percibimos las emociones de los demás, si podemos saber si están contentos de vernos o no, si no sólo vemos lo que están haciendo sino la intención que hay detrás, si viendo bailar a los mejores yo aprendo e imito sus movimientos y mejoro mi técnica, si mirando una obra de arte puedo vivir lo que en ella se expresa… ¿Por qué siento que esto no ha ido conmigo? ¿Qué ha sucedido para que no me dé cuenta de toda esta historia, nada más que en un pequeño porcentaje residual? ¿Soy un buen espejo?…

Lo que realmente siento es que actúo como un robot la mayor parte de mis momentos, es mi cerebro el que imita, aprende, siente, sabe, reacciona, seduce, conquista… soy un completo mecanismo que puede vivir sin mí hasta el final de los días.

Pero tengo una responsabilidad social con mis congéneres. La responsabilidad de saber lo que quiero, lo que deseo, de hacer aquello que me produce satisfacción sin hacer daño a nadie, de evitar circunstancias que van a influir en los demás quiera o no quiera, de elevar el nivel cultural, de crear circunstancias propicias para un desarrollo de mi especie adecuado y sostenible, de cuidar el entorno en el que vivo para que los demás lo vean, lo sientan y lo imiten… Pero sólo hay una condición para poder utilizar esta poderosa herramienta que tenemos en nuestro cerebro… Tener conciencia de nosotros y dejar nuestro mecanismo descansar algún momento. Vivir ahora y respirar para darnos cuenta de que estamos aquí… porque lo demás es pura ficción. Deseo ser un excelente espejo y un gran reflejo y para ello os necesito a todos.

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