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Todos somos Peeping Tom

  • En Escenas
  • 17 noviembre, 2015
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Todos somos Peeping Tom

Lo surreal y lo turbio de nuestras sociedades, con ese material trabaja la compañía belga que celebra estas semanas sus 15 años de trayectoria. Gabriella Carrizo y Franck Chartier son padre y madre de esa criatura llamada Peeping Tom que ha conseguido tantos apasionados seguidores por el ancho mapa escénico. La argentina y el francés

Lo surreal y lo turbio de nuestras sociedades, con ese material trabaja la compañía belga que celebra estas semanas sus 15 años de trayectoria.

Gabriella Carrizo y Franck Chartier son padre y madre de esa criatura llamada Peeping Tom que ha conseguido tantos apasionados seguidores por el ancho mapa escénico. La argentina y el francés comenzaron  en 2000 con Un vie inutile (Caravana) una andadura que con siete  creaciones les ha situado ya por derecho en la primera línea de la creación contemporánea, consiguiendo importantes premios como el Oliver Award de 2015 y el Mejor espectáculo de danza en Sao Paulo a 32 rue Vanderbranden, el Premio al Mejor Espectáculo de Danza en Francia por Le salon, o el Premi de la Crítica de Barcelona por Vader entre otros.

Chartier (1967), formado en clásico en Cannes, bailó en las compañías de Maurice Bèjart, Angelin Preljocaj, Rosas de Anne Teresa de Keersmaeker, Needcompany de Jan Lauwers y Les Ballets C de la B de Alain Platel, mientras que Carrizo (1970), llegada con 19 años a Bruselas, fue compaginando la intepretación con la creación coreográfica. Fue en Les Ballets C de la B donde conoció a su compañero artístico y personal. Una caravana que tenía Chartier fue la que inspiró su primera obra, autogestionada, para la que tenían que ensayar en parques y aparcamientos públicos porque no entraba en los teatros. Las representaciones mismas eran en el exterior, como la que acogió el parque del Centro Pompidou de París. El público podia fisgonear lo que sucedía en el interior del habitáculo donde vivía una familia nómada. De ahí el nombre de la compañía, que traducido viene a ser voyeur.

Después de esta primera obra vendría la trilogía de Le jardin (2001), Le salon (2004)  y Le sous-sol (2007), en la que retrataban diferentes estadios de una familia burguesa en su esplendor y decadencia, piezas con las que comenzaron a girar por los principales teatros del mundo.

Su método de trabajo parte de una imagen, de la música y de la escenografía, y desde ahí van sumando el trabajo de los intérpretes, que aportan su personalidad además de sus capacidades artísticas, para contanos una historia. El resultado son piezas de gran impacto visual, donde lo cinematográfico se ensambla de una manera fluida con lo escénico, sello de la compañía. Ellos reconocen la influencia de numerosos directores, como David Lynch o directamente de películas como La Balada de Narayama de Sohei Imamura en 32 rue Vanderbranden.

En Le salon, la hija de ambos, un bebé entonces, protagonizaba un trío junto a sus padres, que la mecían y besaban mientras bailaban y bailaban.  Una de las invitaciones que con motivo del aniversario ha hecho la compañía a sus seguidores ha sido recrear en vídeo esta famosa escena.

En Vader, (padre) su última pieza, el chispazo de arranque fue una noticia sobre unos ancianos que permanecian en el sótano de una residencia, pero a partir de ahí el trabajo inserta vivencias personales de los directores y también de los otros miembros de la compañía. Entre ellos, jóvenes como Yi_Chun Liu o Hun-Mok Jung, que ya aparecían en otras creaciones como À Louer o 32 rue Vanderbranden y que añaden un contorsionismo imposible a las escenas. Lo extremo, el límite en los movimientos es otra de sus señas de identidad, posibilitando que lo mágico , lo increíble, tome forma en escena.

Humor, surrealismo y crudeza, fruto de una fina observación de la realidad, les lleva a retratar la soledad, la mentira o las difíciles relaciones humanas. Pero sin duda, su punto fuerte es la capacidad de impactar visualmente gracias a unas escenografias complejas y riquísimas que igual te situan en la fría montaña, en la sala de un residencia burguesa o en un geriátrico.

Vader (Padre) comenzó en 2014 una segunda trilogía que continuará en 2016 con Moder (Madre) y en 2108 con Kinderer (Hijos).

Las celebraciones de los 15 años llevarán a escena varias de sus obras en la sede de uno de sus principales anfitriones, el KVS de Bruselas. También habrá talleres, proyecciones de su primera trilogía y el montaje con todos los vídeos recibidos de la escena del beso.

Nosotros podremos felicitarlos personalmente el próximo verano, cuando visiten el festival Grec de Barcelona con su nueva obra, Moder.

À Louer, foto de Herman Sorgeloos

À Louer, foto de Herman Sorgeloos

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