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Todos lo sabíamos, Asghar Farhadi

Todos lo sabíamos, Asghar Farhadi

En Madrid o Teherán, Asghar Farhadi no abandona su estilo, su interés por las reacciones de las personas ante lo inesperado, lo que erosiona o expulsa a la gente de su zona de confort, lo que saca lo peor o lo mejor de sí mismos. Puede ser un divorcio, un suceso imprevisto, pero cualquiera que

En Madrid o Teherán, Asghar Farhadi no abandona su estilo, su interés por las reacciones de las personas ante lo inesperado, lo que erosiona o expulsa a la gente de su zona de confort, lo que saca lo peor o lo mejor de sí mismos. Puede ser un divorcio, un suceso imprevisto, pero cualquiera que sea el macguffin, el planteamiento de la historia orbita alrededor del desconocimiento de los límites de la naturaleza humana, a la hora de enfrentarse a la responsabilidad, a la elección.

El multipremiado y nominado al Oscar, Asghar Farhadi, dirige a un entregado y excelente elenco de actores españoles que, según su confesión, superó el dream team encabezado por Penélope Cruz y Javier Bardem, y entre el que destaca —robando el show con un par de escenas— Bárbara Lennie. El secuestro de la hija de Laura (Penélope Cruz) y Alejandro (Ricardo Darín) es el detonante de un conflicto familiar que se extiende al pequeño pueblo en el que ella dejó a su novio para irse a Argentina. Los secretos a voces proyectan el pasado hacia el presente, en una erupción de interpretaciones que obligan a los protagonistas a escarbar en sus emociones y admitir que lo que sucedió años atrás ha extendido sus consecuencias silenciosamente hacia la actualidad.

Todos lo saben

En un juego de confesiones, sobreentendidos y manipulación, el filme, escrito para Cruz, transita en el terreno del peculiar thriller marca de la casa —intimista y familiar— aunque en este caso, el director de A propósito de Elly, se desmelena arriesgándose a confundir al espectador e inclinar la balanza a la decepción. En Todos lo saben, la sutileza del misterio y la atmósfera irrespirable que lo cubre se transforman en un espeso encaje de mantilla española y un tono culebrónico, que tiene más de enredo de sal gorda que de aroma iraní , tanto es así, que en su estreno en el Festival de Cannes llegó a causar la carcajada del respetable en un momento intenso: la confesión de Laura a su antiguo novio Paco (Javier Bardem) en uno de los clímax argumentales del filme.

El esfuerzo por la verosimilitud de las situaciones, los caracteres y el afán por imbuirse de lo español —tal como lo imagina un iraní que pasa sus vacaciones en España licuando a Almodóvar con la Dolorosa, vestida de Dolce&Gabbana— puede llevarnos a optar por la rendición ante un inconfesable morbo con sabor a ajo o a lamentar que, una vez más, la fascinación de un imaginario extraño haya vencido al talento.

El clima sugestivo que deja espacio a la contemplación y abduce emocionalmente al espectador hacia terrenos donde puede empatizar con historia y personajes, característico del director de Nader y Simin, una separación, se transforma aquí en una sucesión de giros argumentales, situaciones y cambios de perspectiva; estos quedan muy lejos de la cotidianidad utilizada como manto que cubre vergüenzas —léase errores o malas decisiones— para demostrar redundantemente que en cualquier momento nuestra vida puede dar un vuelco decisivo, que nos afecta a nosotros y a nuestro entorno. El recurso al tópico (boda castellana con sevillanas y paella) tampoco ayuda mucho a acercarnos a Todos lo saben, que esperamos guardar en el recuerdo como una anomalía del iraní, envuelta en una magnífica fotografía de José Luis Alcaine.

Eva Peydró
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