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Sin miedo, Juan

Tócame

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Las caricias nos reconfortan y aumentan nuestra autoestima, nos alejan de la soledad y nos acercan al resto de seres humanos. Las caricias nos tranquilizan y serenan. Las caricias nos producen placer y mejoran la sexualidad. Me encantan mis manos. Quizá no por aquello por lo que alguien podría priorizar como coger, trabajar, tocar, que

Las caricias nos reconfortan y aumentan nuestra autoestima, nos alejan de la soledad y nos acercan al resto de seres humanos. Las caricias nos tranquilizan y serenan. Las caricias nos producen placer y mejoran la sexualidad.

Me encantan mis manos. Quizá no por aquello por lo que alguien podría priorizar como coger, trabajar, tocar, que también… sino por su capacidad de comunicar, de sentir, de acunar, de sostener… ¡de acariciar!

Una caricia es una maravillosa manera de comunicarse entre los seres humanos, de reconocerse y de hacernos saber que existimos. Reconozco mi necesidad de tocar y de ser tocado, de acariciar, de abrazar, de sentir… aunque en ocasiones tenga algún reparo. Estoy seguro que reconocer esta necesidad y tratar de satisfacerla puede ser el inicio de un viaje apasionante.

Creo que no existe peor tragedia para un ser humano que no sentirse querido… una caricia, un abrazo, me permite sentir que soy aceptado y valorado. Son esas caricias que tienen ternura y afecto, que son sinceras y son deseadas y que producen una conexión especial entre el que la da y el que la recibe.

Las caricias transmiten una serie de mensajes positivos a nuestro cerebro que al recibirlos, segrega una maravillosa hormona que, en primera instancia, nos aporta cierto placer y bienestar y que se llama oxitocina. Esta hormona también se segrega con abrazos, con besos, con bailes en pareja, con caricias a tus mascotas, con un masaje… y en general, disminuye nuestros niveles de estrés,  de pulsaciones y de alguna que otra hormona que nos complica la vida.

Esas caricias de las que estoy hablando, también nos ayudan a expresarnos cuando las palabras no pueden hacerlo. Las caricias expresan cercanía, entrega, deseo, ternura, presencia, cariño, amor, pasión… y no necesitan siquiera ni un simple sonido.

Las caricias nos reconfortan y nos sentimos cuidados, protegidos. Las caricias aumentan nuestra estima, nos alejan de la soledad y nos acercan al resto de seres humanos. Las caricias nos tranquilizan y serenan. Las caricias nos producen placer y mejoran nuestra sexualidad. Las caricias nos aportan bienestar y felicidad…

Mis manos, tus manos, sus manos… ¡la piel! es capaz de generar tantos beneficios entre nosotros que tendríamos que experimentar constantemente cuando nuestros estados de ánimo no sean los deseados. Estoy seguro que después de una práctica adecuada, encontraremos nuevas formas de acariciar a nuestros semejantes, con palabras bonitas y suaves, con pensamientos positivos, con detalles inesperados… con abrazos estimulantes, con besos reconfortantes, con masajes relajantes.

Sigo pensando que las cosas más increíbles que existen en este mundo no tienen precio y las caricias están en el top de esa clasificación.

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