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“The Book of Mormon”, alegría y adicción musical a ritmo de sátira

“The Book of Mormon”, alegría y adicción musical a ritmo de sátira

Cerramos cobertura londinense con visita al teatro Prince of Wales, casa de uno de los musicales más aclamados del momento. Escuché “Hello!” casi de pasada. Apenas se me quedaron dos o tres líneas de la letra, pero la canción era terriblemente pegadiza. Hello! My name is Jesus Christ, you have a lovely home!, era una de

Cerramos cobertura londinense con visita al teatro Prince of Wales, casa de uno de los musicales más aclamados del momento.

Escuché “Hello!” casi de pasada. Apenas se me quedaron dos o tres líneas de la letra, pero la canción era terriblemente pegadiza. Hello! My name is Jesus Christ, you have a lovely home!, era una de los versos que no se me iban de la cabeza. No sé vosotros, pero soy de los que, aún sabiendo inglés, desconecto en cuanto suena algo de música, lo que me hace ignorar casi por completo el significado de las canciones anglosajonas.

Hace poco más de un año, mi sobrina de 2 años respondió de manera muy entusiasta a “Hello!”. Tanto, que decidí aprenderme la letra. Poco tardó en saltarme un vídeo que despertó mi curiosidad: los personajes de South Park abrían las puertas a misioneros mormones que, cuales Testigos de Jehová, esperaban con folletos sobre las alfombrillas de la entrada. Era una estampa peculiar y enseguida entendí que la canción era una sátira bestial. Y de un aclamado musical de Broadway, nada menos. Tenía que ir.

Musical "The book of Mormon"

Fui solo, no os vayáis a pensar que tengo amigos lo suficientemente fáciles de convencer como para responder a un voy a ver un musical satírico sobre los mormones. Son 40€. De hecho, a veces es difícil incluso encontrar a alguien que sepa qué es un mormón, así que las conversaciones al final derivaban en erráticos monólogos en los que trataba de explicar por qué The Book of Mormon merecía una oportunidad. Tampoco es que yo fuera el más experto en el tema, pero había seguido parte de la campaña de Mitt Romney en las primarias republicanas de 2012 y tenía alguna idea de a qué me enfrentaba: cristianos con ideas un tanto estrambóticas y un sistema estructural bastante complejo que acaba con los miembros ricos más generosos en los puestos de prestigio de la iglesia mormona.

The Book of Mormon, que en estos momentos puede verse en el teatro Prince of Wales de Londres, se acerca precisamente a esas estrafalarias ideas en torno a la religión y al cristianismo que los mormones tan férreamente defienden, como que un Jesús resucitado visitó las Américas antiguas. También a sus impredecibles campañas de misioneros, quienes viajan alrededor del mundo para extender las palabras que Joseph Smith predicara a principios del siglo XIX en Estados Unidos.

Cada detalle sobre las coyunturas históricas del mormonismo es más sorprendente que el anterior, pero al no tener claro si es mejor adelantar los sobresaltos o esperar a que los disfrutéis directamente en el musical, prefiero que quede en vuestras manos la decisión de investigar al respecto.

Musical "The book of Mormon"

Lo que tengo claro es que The Book of Mormon, lejos de plantearse como un musical cómico de incalculable valor satírico, tanto por el nivel de los gags como por el alcance de su subversión, es también un entretenimiento delicioso. Las coreografías y los escenarios destilan color y armonía, las canciones son inspiradas y alegres y el texto tiene gracia e incluso la suficiente autoconsciencia como para proponer una historia dramática coherente, simpática y atractiva para el espectador no mormón.

“Hello!” sigue en la cabecera de una lista de Spotify que yo llamo Inclasificable y mi sobrina sigue bailando y sonriendo cada vez que la canción suena en mi móvil, pero el disfrute que supone ver en un teatro (y en directo) ese primer número de The Book of Mormon es otra cosa. Bueno, no iguala el hecho de ver a la pequeñaja emocionarse al ritmo de Did you know that Jesus lived here in the USA (¿Sabías que Jesús vivió aquí, en los Estados Unidos de América?), no os vayáis a pensar que no tengo corazón, pero sabéis a lo que me refiero.

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