Te dije que era problemática... - el Hype
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Vidas salvajes

Te dije que era problemática…

Te dije que era problemática…

A Amy la descubrí en Radio 3 paseando por la Plaza Conde de Casal en Madrid. Me jodió no ser yo quien os la presentase en las ondas. Ahí es cuando supe que tenía que hacer un nuevo programa de soul… Contar que llega una newcomer con estrella al panorama se convierte en una suerte de falacia más

A Amy la descubrí en Radio 3 paseando por la Plaza Conde de Casal en Madrid. Me jodió no ser yo quien os la presentase en las ondas. Ahí es cuando supe que tenía que hacer un nuevo programa de soul…

Contar que llega una newcomer con estrella al panorama se convierte en una suerte de falacia más propia de los despachos de marketing que de realidades palpables. Pues bien, Amy no es una de ellas, era alguien que estaba estrellada en esas ansias de ser amada, que tantas veces hemos visto en esas divas que no saben la de fibras que tocan con sus canciones.

Ésta no pasó por The Voice, sino que creó su propio grupo de rap con 10 años, fue respondona y adoptó una estética de choni británica que se le perdonó porque Amy era jodidamente única. Su moño, sus tatuajes mal acabados de guiri en Calpe, su extrema delgadez y esa raya en los ojos que afilaba todavía más esa sonrisa atormentada.

Los tíos gilitos de las discográficas sabían que harían caja ipso facto no sólo por editar discos a esa voz de contralto que estremecía a su paso, sino también por ese carácter ingobernable que hacía que su vida fuera de los escenarios fuera sinónimo de ventas y más ventas. Mientras, y como apuntaría su padre taxista que le cantaba canciones de Sinatra cuando nuestra protagonista era una niña, Amy se drogaba y rehabilitaba con idéntica intensidad. Eso significaba que su frágil cuerpo no aguantaría las embestidas de estos vaivenes personales tendentes a la depresión. Tras vivir el divorcio de sus padres con nueve años, Amy buscaba el amor en brazos de auténticos yonquis que querían que el exceso no se detuviese.

La cantidad de alcohol ingerida por la señorita Winehouse (lo llevaba en el nombre) había sido tan ingente que no pudo soportarla. Sus escapadas a islas para hacer top less libre y escribir canciones con tonalidades reggae tampoco estaban exentas de polémicas, se había convertido en una especie de poetisa maldita que vivía al límite tomando todo tipo de drogas acabadas en -ina. Nadie podría haberle ayudado, porque el zote de su ex no hacía otra cosa que aplacar esa estrella que planeaba sobre su talento y azuzaba el drama omnipresente en sus últimos días.

Otro nuevo documental sacará más mierda de debajo de la alfombra, supongo que seguiremos sin entenderla, pero lo que está claro es que esta mujer sólo quería ser amada. Como cualquiera de los mortales jugó al amor hasta que precisamente el amor (y la falta de él) acabó con ella. Curiosamente, a esos emblemáticos 27 años, como Kurt, Janis o Jimi… igual lo tenía planeado pero eso francamente no nos importa. Nos quedaremos con esa música eterna que poco tiene que ver con las marionetas surgidas de las discográficas con el cada vez más socorrido reclamo de #soul y con esas otras cantantes a las que allanó el terreno para que la gente se detenga más en la lírica que en otras cuestiones más efímeras.

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