crítica de St.Vincent, por Beatriz Martínez
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Cine y TV

St. Vincent (2014)

St. Vincent (2014)

Bill Murray acaba de ser nominado a los Globos de Oro por su interpretación en esta película, en la que borda a la perfección el papel de un viejo cascarrabias en continua lucha con el mundo. Lamentablemente, la ópera prima de Theodore Melfi, a pesar de contar con un estupendo plantel de actores, se encuentra

Bill Murray acaba de ser nominado a los Globos de Oro por su interpretación en esta película, en la que borda a la perfección el papel de un viejo cascarrabias en continua lucha con el mundo.

Lamentablemente, la ópera prima de Theodore Melfi, a pesar de contar con un estupendo plantel de actores, se encuentra llena de clichés y de buenas intenciones que lastran su inicial poder corrosivo.

Personaje cascarrabias y desagradable, lleno de manías y socialmente incapaz de empatizar con aquellos que le rodean. Ermitaño y tendente a la desidia. Un desastre, vaya. Es un arquetipo que se repite de vez en cuando en el cine, y que desde que se estableció el modelo de Jack Nicholson en Mejor… Imposible, no deja de aparecer una y otra vez. Hace poco vimos a Michael Caine en Mi amigo Morgan ciñéndose a ese mismo patrón, y también estaba estupendo Billy Bob Thorton en Bad Santa, aunque el más reconocible en ese registro siga siendo Clint Eastwood en películas como Gran Torino. Y por supuesto, en el recuerdo, Walter Matthau y Jack Lemmon en Dos viejos gruñones. La cuestión es que por muy odiosos que se muestren en un principio, al final, por una u otra razón, siempre terminan convirtiéndose en personajes entrañables. Sí, ellos también tienen su corazoncito.

St. Vincent

St. Vincent

Ahora repite el mismo esquema otro de esos gruñones adorables por excelencia, Bill Murray en St. Vincent, ópera prima de Theodore Melfi que repite con minuciosidad toda esa batería de clichés a la que estamos acostumbrados en este tipo de películas de apariencia negra y alma muy blanca e inofensiva.

Bill Murray es bebedor compulsivo, su vida es un desastre, mantiene una relación con una prostituta rusa (Naomi Watts, en un registro sorprendente) y se encuentra perpetuamente enojado. Sin embargo, su existencia furibunda cambiará por completo cuando entre en contacto con una madre separada (Melissa McCarthy, que se aleja de la comicidad para adentrarse en terrenos de una mayor fragilidad emocional) y su hijo, del que se encargará de cuidar a la salida del colegio. Se ve venir, el niño lo redimirá y encontrará en el monstruo su lado más tierno.

St. Vincent

St. Vincent

St. Vincent se aproxima a ese modelo de cine norteamericano de aspecto limpio y lleno de mensajes morales subliminares sobre la necesidad de buscar los buenos valores, incluso en los rincones más insospechados. Lecciones de vida que terminan con el personaje convertido en santo por el infante, encargándose de la paternidad del niño de la prostituta rusa y comiendo vegetales en vez de latas de sardinas. No existe ninguna voluntad corrosiva, únicamente se utiliza el patetismo de un hombre para hacer escarnio de sus males y redimirlo.

¿Que Bill Murray está estupendo? Eso nadie lo duda, pero también da la sensación de que el actor actúa con el piloto automático, dentro de un papel que domina a la perfección. St. Vincent, una película para descarriados que buscan la salvación gracias a las buenas personas que les rodean.

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