Slow Movement: De la Crème - el Hype
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Slow Movement: De la Crème

Slow Movement: De la Crème

Si hay un resquicio de esperanza dentro del panorama electrónico nacional, en cuanto a eventos alternativos se refiere, lo encontramos en De la Crème, fiesta que se celebra una vez al mes en Caravaca Club. La programación del club, ubicado en el sótano de la discoteca Nylon, es dura de roer, porque el foco no lo encontramos en el

Si hay un resquicio de esperanza dentro del panorama electrónico nacional, en cuanto a eventos alternativos se refiere, lo encontramos en De la Crème, fiesta que se celebra una vez al mes en Caravaca Club.

La programación del club, ubicado en el sótano de la discoteca Nylon, es dura de roer, porque el foco no lo encontramos en el espectáculo, ni en la figura del DJ, sino en la música. De ahí que uno baje a la sala con la firme intención de dejarse envolver por su música y oscuridad, como el que va a misa.

El concepto de esta fiesta nació con el claim que aspiraba a reunir la buena música electrónica con una comunidad de melómanos que no oyen la música sino que la viven, la incorporan a su biografía, a su presente y a su momento. Esta idea occidental del club como lugar catedralicio y religioso, donde uno va, antes de ser visto, a fundirse con la música, la encontramos también en clubs como el Moog (Barcelona), Mondo Disko (Madrid) o Berghain (Berlín), aunque en este último sea en cantidades desproporcionadas. Son lugares aparentemente fríos e inhumanos, en los que al entrar nos parece descender por los infernales anillos de La Divina Comedia, pero nada más lejos de ello.

Abajo, en Caravaca, estaba la liga de los colegas y la peñica buena que tantas ganas tenía de conocer, comenta el periodista musical Vanity Dust, una referencia que cuenta a sus espaldas con un largo recorrido en clubs y festivales de música electrónica. Pero si cabe destacar un hecho llamativo de este evento, es el bajo tempo en el que suelen pinchar los DJs. Decisión que se acerca a la idea de viajar, de contar una historia a través de la música, como afirma el DJ madrileño Alfonso Pomeda, aka F-on, artista que tuvimos el placer de ver recientemente en la pasada edición de De la Crème, junto al DJ valenciano Fran Campos.

De la Crème

Este tiempo a bajas revoluciones consigue que los temas y la suma de elementos sonoros que los componen respiren con más intensidad, penetrando suavemente en la mente hasta hacer vibrar el cuerpo más enclenque. O, dicho de otra forma, se trata de un movimiento más erótico que pornográfico, más profundo que superficial, que impulsa al público a que se relacione entre sí, formando una ceremonia que no tendría sentido si no se inscribiera en el marco de un mundo donde gobierna la precariedad, la eficacia y el golpe de like y reconocimiento febril a toda costa. De ahí que este Techno y House de lenta combustión, producido por máquinas que no entienden de alma ni dioses, se convierta en un refugio suspendido en el vacío, que consigue dejar de lado la esquizofrenia del espectáculo cotidiano para dar paso a la vida. Quizá por eso las bajas revoluciones correspondan también a la cadencia del corazón, cuando baila house (entre los 110-120 bpms), como señala Pomeda.

Esto es como el sexo, no puedes estar todo el tiempo entrando a saco y ponerte ya a tope desde el minuto uno y andar todo el tiempo empotrando. Hay que ir cogiendo el ritmo e ir poniéndose a tono, tranquilamente, jugando, disfrutando, comenta Luis Costa, jefe de prensa de la discoteca Razzmatazz y residente de la misma como Dj Lui, y que también estuvo presente ese mismo día en De la Crème. El público, sorprendido por la luminosa compatibilidad discursiva de F-on y Fran Campos, hasta llegar a un B2B demoledor, conectó con la historia que ambos artistas querían representar a través de los sonidos. Una experiencia que el mismo Luis Costa la expresa así: Me gustó mucho la sesión, me flipó, vamos, y me pareció que se complementaban muy bien los dos discursos. Un rollo muy hipnótico, como una especie de mantra electrónico con momentos más acid, otros más melódicos, capas de pads irresistibles, en un set que te va atrapando y te va envolviendo en la pista. Con un público tremendo, muy receptivo a una propuesta que, lejos de ser evidente, transita siempre por las sendas del undergound y la crema, programando DJs como Leonid, Hernan Cronner, Jaime Romero o Fran Campos. Un público con ganas de dejarse llevar por la música y pasárselo bien en la pista, muy entregado. Así da gusto la verdad.

De la Crème

Sin embargo, esta visión optimista del evento no se corresponde con la realidad social a la que se enfrenta. La escena de clubs locales cuenta con una importante política restrictiva, que mira por la caja antes que por el contenido, y esto limita a los programadores a arriesgarse a abrirse a otro tipo de propuestas, por lo que acaban convirtiendo este panorama en un coto que tiende a lo privado, donde no es fácil apostar por una programación más selecta, vanguardista y cuidada, declara Felipe Perdomo, fundador de De la Crème. La situación se relaciona estrechamente con la de un público que tampoco está por la labor de escuchar y vivir la música, más allá de lo establecido, concluye. Pero por suerte, sigue existiendo una reducida comunidad que concibe la música más allá del mero atrezzo para salir de fiesta, lo que impide llegar a comprender que ello también es el núcleo duro de una cultura y de una forma de entender nuestra contemporaneidad. Alfonso Pomeda lo confirma: La gente es muy receptiva, porque desde el principio de la música de club, Valencia siempre ha estado en la vanguardia. Ese es un trabajo de raíz que ya está hecho. No hay que educar a nadie, porque ellos son maestros en esto. Por la misma razón, hay que afinar, porque es un público muy exigente, y hay que dar lo mejor. Pero, sobre todo, me gusta pinchar rodeado de amigos y de familia. Y en Valencia, están varios de los mejores amigos que tengo.

De la Crème es un evento orientado a un público muy concreto, del que exige algo más que mera diversión, también una escucha, un bajo tempo de comprensión para entender que los sonidos son algo más que sonidos. Por eso no sólo nos propone calidad musical y toneladas de enjoy salvaje, sino también una forma de afrontar, vivir y jugar con el presente, sin perder la esperanza. Y como dijo el gran dj y productor argentino, Hernán Cronner, al igual que el arte, el sentimiento underground y la buena música, no tienen un lugar único.

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