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Sitges: un festival para vampiros reincidentes

Sitges: un festival para vampiros reincidentes

A punto de celebrar ya medio siglo de existencia, el Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya llega a su edición 49 en plena forma. Nadie puede poner en duda que el certamen atraviesa uno de sus momentos más dulces, por lo menos en lo que se refiere a su relación con el público. En

A punto de celebrar ya medio siglo de existencia, el Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya llega a su edición 49 en plena forma. Nadie puede poner en duda que el certamen atraviesa uno de sus momentos más dulces, por lo menos en lo que se refiere a su relación con el público.

En parte, gracias a un intenso trabajo en redes sociales, y en parte gracias a una exuberante programación que desborda a cualquier entusiasta del género, la verdad es que nunca antes la audiencia había apoyado al festival de una manera tan incondicional, a menudo incluso cuando no se lo merece: el fiasco de la maratón sorpresa del año pasado podría haber hecho mucho daño a un festival con menos adhesión popular, pero parece que a Sitges nada le pasa factura.

Poco se le puede toser en este sentido a la gestión de Ángel Sala como director del festival. A nivel artístico, sin embargo, es mucho más cuestionable. Que no se me malinterprete: esto lo digo desde una profunda admiración por alguien que rescató el festival en el que seguramente fue su momento más delicado y más alejado del fantástico, finales de los años 90. Pero, hoy en día, la programación de Sitges se ha convertido en un monstruo con una propagación de secciones y de secciones dentro de secciones que la convierten en un verdadero laberinto. No tengo claro hasta qué punto es lógica esta compartimentación en una época como la actual, donde la hibridación ha borrado (quizás para siempre) la división clásica de géneros.

Un ejemplo de este mismo año: el propio festival define la sección Noves Visions como una programación que ahonda en nuevas vías narrativas, formales y conceptuales, y esto es generalmente así. Pero entonces tenemos títulos como Equals (USA, 2015, Drake Doremus) que, por concepto (recuerda mucho a distopías teenagers recientes como las de la saga Divergente), por forma (es una narración clásica en tres actos), y por nombres (la protagonizan Kristen Stewart, Nicholas Hoult y Guy Pearce), bien podría estar en Panorama Fantàstic o incluso podría haber entrado en sección oficial a concurso…. lugar donde, curiosamente, encontramos un título como Shelley (Dinamarca, 2016, Ali Abbasi), que arroja una mirada mucho más experimental sobre el hecho fantástico. ¿Tiene sentido seguir perpetuando esta división cuando claramente hay películas que encajarían en varias secciones a la vez?

Equals (Drake Doremus, 2016)

Equals: un Noves Visions muy atípico…

La principal consecuencia de tantas secciones y tantas películas es que los espacios de reflexión del festival directamente han desaparecido, consumidos por las prisas para salir de una sesión y entrar en la siguiente. Puede que volver al modelo de la primera mitad de los años 90, con cuatro películas máximo por día en el Auditori, sea hoy por hoy un suicidio, pero entre aquello y las casi 24 horas de proyección non-stop actuales hay un término medio, en el que quizás el equipo directivo de Sitges debería pensar seriamente.

Ahora bien, contar con una programación tan amplia y tan variada tiene también sus ventajas. La principal es que todo el mundo encuentra algo de su agrado. Solo hay que bucear en el programa para encontrar algo que se adapta a lo que cada uno busca.

Busco cine experimental
Tal y como ya he comentado, si este es tu caso entonces abónate a las proyecciones de la sección Noves Visions, así un poco a full. Si quieres hilar un poco más fino, algunas propuestas que casi seguro no te defraudarán podrían ser Anti-porno (Japón, 2016, Sion Sono), While the Women Are Sleeping (Japón, 2016, Wayne Wang), o Le secret de la chambre noir (Daguerrotype) (Francia-Bélgica-Japón, 2016, Kiyoshi Kurosawa), dos películas que muy probablemente encerrarán altas dosis de vanguardismo en cuanto a lo narrativo y lo cinematográfico.

Busco cine sin complicaciones
O lo que es lo mismo, películas que no me hagan vomitar y que me permitan dormir por la noche. No hay problema: Sitges cuida también a ese público menos amante de las emociones fuertes con apuestas que van desde lo familiar hasta cine de gran envergadura.

Dentro de Anima’t, por ejemplo, se podría optar por Avril et le monde truqué (Francia-Bélgica-Canadá, 2015, Christian Desmares y Franck Ekinci), que propone una curiosa distopía en la que la Francia de 1941 está gobernada por Napoleón V y durante los últimos 70 años todos los científicos han desaparecido, lo que en la práctica supone que el país vive en el siglo XIX. También en esta categoría podría encuadrarse uno de los platos fuertes del festival, el primer documental de Terrence Malick, Voyage of Time (Alemania, 2016), que persevera en las hipnóticas imágenes de los primeros minutos de El árbol de la vida (The Tree of Life. USA, 2011) para explorar los orígenes de la creación.

Voyage of time (Terrence Malik, 2016)

Imágenes alucinantes como esta pueblan Voyage of Time.

Busco acción
Este tipo de cine hace años que está incrustado en mayor o menor medida en el eje troncal del festival. Ya sea de manera vinculada al fantástico o no, el género de acción es uno de los que mejor resultado ha dado en el certamen en los últimos años con proyecciones tan absolutamente demenciales como la de The Raid (Serbuan maut. Indonesia-Francia-USA, 2011, Gareth Evans).

Este año, el protagonista de esa pequeña joya del actioner, Iko Uwais, vuelve a la carga con Headshot (Indonesia, 2016, Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto), donde los mamporros y las patadas seguro que son incontables. Otra opción sería Karate Kill (Japón, 2016, Kurando Mitsutake), peli de la que no hace falta nada más que ver el tráiler para tener una idea de la desvergüenza con la que debe estar hecha.

Y, por cierto, una advertencia: no es exactamente una película de acción, pero mucho cuidadito con Three (San ren xing. Hong Kong-China, 2016, Johnnie To), porque justo al final de esta película hay un tiroteo realmente espectacular mostrado de tal manera que escapa de los márgenes de lo puramente cinematográfico, para coquetear directamente con el ballet o incluso la pintura.

Three (Johnnie To, 2016)

Esta secuencia va a dar mucho que hablar en Sitges…

Busco frikadas
El petardeo también tiene su parada obligada en la extensa programación de Sitges. La película que en este apartado se anuncia como el no-va-más es The Greasy Strangler (USA, 2016, Jim Hosking), un what the fuck sin paliativos que ha de enamorar sí o sí a los fans de las películas que te dejan desorientado.

No se debería menospreciar en este apartado un título como The Mermaid (Mai ren yu. China, 2016, Stephen Chow): si existe una película en Sitges este año con la que te puedas reír sabiendo al mismo tiempo que es muy muy mala, desde luego es esta. Y por último estaría Swiss Army Man (USA, 2016, Daniels), que si bien es probable que no alcance el estatus de frikada por lo menos sí que es una película del todo inclasificable: Paul Dano es un náufrago que entabla una surrealista relación con el único habitante de la isla donde está perdido, un cadáver interpretado por un Daniel Radcliffe del que algunas voces ya dicen que será el papel que marcará un antes y un después en su carrera.

Swiss Army Man (Dan Kwan y Daniel Scheinert, 2016)

¿Pueden un náufrago y un cadáver entablar amistad?

Busco emociones fuertes
Venir a Sitges a buscar emociones fuertes es, quizás, lo que ha hecho tan grande a este festival. Por eso, casi cada año siempre hay algún título que suele venir ya con una determinada reputación que hace saltar las alarmas de los buscadores de lo extremo. Este año, sin duda, esa película es Raw (Grave. Francia-Bélgica, 2016, Julia Ducournau), cuya proyección en el festival de Toronto provocó desmayos, gente indispuesta, y hasta la presencia de ambulancias para atender a dos personas. Publicidad gratuita y una película para la que, con toda probabilidad, será complicado encontrar entradas en Sitges.

Raw (Julia Ducournau, 2016)

Preparen las ambulancias: Raw llega a Sitges

Busco películas de gran formato
Existe el fan de Sitges, sí, que viene aquí en busca de títulos de envergadura, alejados de la hemoglobina gratuita, del susto atroz y de las histerias colectivas. Generalmente se trata de un segmento de audiencia que busca historias que, en principio, vayan más allá de una excusa para provocar algún tipo de reacción en el público.

Aquí, sin duda, entraría un título como The Wailing (Goksung. Corea del Sur, 2016, Hong-jin Na), en el que un policía debe resolver el misterio que relaciona la llegada al pueblo de un extraño con la propagación de una extraña enfermedad. The Girl with All the Gifts (Reino Unido-USA, 2016, Colm McCarthy) presenta un futuro distópico en el que una niña podría tener la clave para el futuro de la humanidad. Por último, cabría destacar The Age of Shadows (Corea del Sur, 2016, Jee-woon Kim), película de espionaje que se desarrolla en los años de la ocupación japonesa de Corea, escenario que, por cierto, es el mismo que el de alguna otra película de este año en Sitges.

The Girl with All the Gifts (Colm McCarthy, 2016)

Zombis de alto presupuesto: The Girl with All the Gifts

Busco terror puro y duro
Otro fan clásico del festival: el que quiere que la camisa se le quede pequeña, que le suden las palmas de las manos, el que busca más la tensión continua y no la simple explosión de vísceras. El mal rollo, en pocas palabras. Este aficionado haría bien en no perder de vista la mayoría de películas de la sección Panorama Fantàstic, porque ahí es donde se concentra buena parte de este tipo de propuestas. Por ejemplo, The Monster (USA, 2016, Bryan Bertino), que podría ser la confirmación del talento de un director que demostró con la excelente Los extraños (The Strangers. USA, 2016) que sabe muy bien cómo dar yuyu.

Y, aunque estrictamente no es una película de terror, los amigos de pasarlo mal en una sala de cine quizás no debieran ignorar Tunnel (Teo-neol. Corea del Sur, 2016, Seong-hun Kim), película en la que un padre de familia, conduciendo de camino a casa, atraviesa un túnel justo en el momento en que se derrumba y queda atrapado dentro de su coche.

Tunnel (Kim Seong-Hoon, 2016)

Si eres claustrofóbico… mejor que evites Tunnel.

Busco sangre
Este es un festival para vampiros, no cabe ninguna duda. La sangre es una de les esencias incuestionables de este festival. Durante los 10 días que dura el evento, cada año se derraman toneladas y toneladas de sangre en docenas y docenas de películas, y eso parece no cansar nunca a la audiencia, que de nuevo año tras año vuelve a por más. De hecho, creo que sería más rápido enumerar los títulos que no esconden ni una gota de sangre en su interior. Y por eso resulta tan complicado destacar propuestas en esta categoría.

Desde luego, el fan ávido de hemoglobina es obvio que no debe perderse ni una sola película de la sección Midnight X-Treme: su nombre lo dice todo. Fuera de ahí, es bastante probable que algún chorrete de sangre asome por Abattoir (USA, 2016, Darren Lynn Bousman), más que nada por ser este señor el director de tres secuelas de la saga Saw, vamos, que le va la marcha.

Un poco de sangre seguro que también se escapa por los fotogramas de Train to Busan (Busanhaeng. Corea del Sur, 2016, Sang-ho Yeon), película que lo ha petado en su país de origen y que narra el estallido de un virus que transforma a la gente en zombis.

Train to Busan (Sang-ho Yeon, 2016)

Algo de sangre pasará por Train to Busan…

Pero igual resulta que, este año, la película más sangrienta de Sitges no es de terror, sino de acción, y es que Hardcore Henry (Rusia-USA, 2015, Ilya Naishuller) utiliza una narración (¡¡continua!!) en primera persona para armar un actioner histriónico y formalmente suicida (aviso: una Biodramina no sobra para nada al final de la proyección). Guion no hay mucho, es cierto, pero violencia sí, la sangre campa a sus anchas de manera incontrolada en no pocos momentos, y Sharlto Copley se lo pasa bomba interpretando a (casi) todos los personajes de la película. No se puede pedir más.

Hardcore Henry (Ilya Naishuller, 2015)

Hardcore Henry: seguramente la propuesta más demencial de Sitges 2016

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