'Silicon Valley', las mejores bromas sobre penes
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Pérdida de series

“Silicon Valley”, las mejores bromas sobre penes

“Silicon Valley”, las mejores bromas sobre penes

En una atmósfera televisiva en la que el escrutinio hacia lo políticamente incorrecto es muy alto, resulta fascinante que una serie como Silicon Valley sepa navegar los cauces de la industria con tanta inteligencia. Sus gags, siempre atados a los egos —o la falta de ellos— de los protagonistas, raramente aspiran a tener trascendencia política, pero

En una atmósfera televisiva en la que el escrutinio hacia lo políticamente incorrecto es muy alto, resulta fascinante que una serie como Silicon Valley sepa navegar los cauces de la industria con tanta inteligencia. Sus gags, siempre atados a los egos —o la falta de ellos— de los protagonistas, raramente aspiran a tener trascendencia política, pero sí que lidian con el mayor número de obscenidades posibles. Sean insultos o referencias sexuales, hay un hilo de bromas habitual: los penes.

En la season finale la primera temporada, los protagonistas debatían científicamente sobre la posibilidad de que Erlich Bachman masturbara a más de 800 personas en menos de diez minutos. La escena, para la que los guionistas necesitaron la ayuda de un asesor ingeniero que justificara todo desde un punto de vista matemático, es absolutamente delirante. También un portento. Porque no sólo está sustentada en los números, sino que también sirve para avanzar la trama de forma coherente.

En un plano más animal, en el capítulo “Server Space” de la segunda temporada, unos ingenieros desarrollaban unos brazos robóticos controlados con el cerebro para un mono manco. La reacción instantánea del simio tras dar cuenta de que vuelve a tener control de sus extremidades es masturbarse. Es imposible no descojonarse. Tampoco del intento por desmarcarse de las escenas sexuales entre humanos de su compañera de HBO Juego de tronos, cuando en el episodio “Two in the Box” de la tercera temporada la serie, Jack Barker y Richard Jenkins presenciaban cómo dos caballos fornicaban de forma explícita.

Porque con la cuarta temporada ya en marcha —y la quinta, en camino—, Silicon Valley sigue aspirando a enrevesadas ideas narrativas para la consecución de bromas sobre penes. Si no fuera por el sentido que tiene todo lo que la serie cuenta, cualquiera diría que sus guionistas trabajan desde el punchline hacia atrás; es decir, desde el finiquito del chiste hacia un contexto que pueda justificarlo. Diablos, quizá sea así.

Silicon Valley. Serie TV

En el episodio “Teambuilding Excercise”, emitido hace unas semanas, Jian Yang y Elrich trabajan en una app llamada SeeFood para la identificación de tipos de comida y se comprometen con la compañía en la que trabaja Monica. Con poco tiempo para presentar resultados a los inversores, Jian Yang prepara una demo de la aplicación que sólo sabe reconocer entre perritos calientes y otros alimentos que no lo son. Elrich presiona entonces a Jian Yang para que trabaje en la base de datos de la app y así el algoritmo pueda reconocer mejor otros tipos de comida, pero Yang no está dispuesto a invertir tanta horas de tedio en esa labor y decide buscar otro empleo. Cabreado por esa traición, Elrich se hace una foto de su pene con SeeFood y la app lo reconoce como perrito caliente.

Y es ahí donde empieza el juego. Elrich decide cambiarle el resto de sus acciones a Jian Yang por una palapa (sí) y un Corvette amarillo y Jian Yang acaba vendiéndole su compañía a Periscope. ¿Por qué? ¿Recuerdan la foto que se hizo Elrich (dick pick)? Ese algoritmo de reconocimiento entre lo que es un pene y lo que no le sirve a la plataforma de vídeo en directo para filtrar imágenes obscenas y así librarse de lo que Monica llama “su problema de pollas”.

Silicon Valley. Serie TV

La maravilla de este capítulo, de nuevo, es la forma en la que un elaborado entramado de líneas argumentales e ideas en torno al universo de Silicon Valley, el lugar, acaban por llegar a un chiste sobre penes. Además, es una broma que vuelve a colocar a Elrich como un capullo, convierte a Jian Yang en un personaje de verdad, avanza la trama de Monica y deja para el final una excusa perfecta para que Gilfoy pueda seguir tormentando a Dinesh.

Claro que Silicon Valley, lejos de lo bien que se le da hacer uso de las coñas sobre penes, también se sirve de pollas para enmarcar su discurso más frecuente: ver quién la tiene más grande. Y no, eso no se puede resolver sabiendo el Dick To Floor del contrario.

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