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Sin miedo, Juan

¡Sí-está!

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Una sociedad que persiga el bienestar de sus ciudadanos debería aconsejar a todos sus stakeholders la necesidad de dedicar un mínimo de 15 minutos para realizar una siesta en condiciones. Uno de los temas recurrentes sobre los que me gusta escribir es sobre la siesta. Parece que a este país se le conoce por la

Una sociedad que persiga el bienestar de sus ciudadanos debería aconsejar a todos sus stakeholders la necesidad de dedicar un mínimo de 15 minutos para realizar una siesta en condiciones.

Uno de los temas recurrentes sobre los que me gusta escribir es sobre la siesta. Parece que a este país se le conoce por la siesta y la pandereta con cierto aire despectivo. Sin embargo, pienso que ambas cosas fomentan la creatividad y la inteligencia de las personas que vivimos en esta parte del mundo donde la siesta empieza a estar en peligro de extinción.

En cuanto a la pandereta, ya quedó claro, cuando Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard  desarrolló su teoría de las inteligencias múltiples, que es uno de los elementos indispensables para el desarrollo de la inteligencia musical en el ser humano en edad escolar. Por esto y por algunas cosas más este señor fue Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2011.

Para hablar de la siesta, no existe uno, sino varios o cientos de estudios de prestigiosas universidades e institutos de investigación que abogan por una siesta diaria, que nos permita entrar en espacios donde podamos soñar independientemente del tiempo en el que estemos durmiendo.

¿Por qué tiene que seguir estando tan mal visto que alguien duerma una siesta de pijama que ronde las dos horas cuando se generan tantos beneficios en las misma? ¿Por qué cuando alguien va a dormir la siesta se justifica diciendo que con 10 minutos tiene bastante si después se levanta como nuevo?

Dignifiquemos la siesta. Dejemos de avergonzarnos de dedicar un tiempo al día a dormir una buena siesta, aunque sea de 10 minutos y disfrutemos sin remilgos de un momento de asueto donde desaparezcamos del mundo y aterricemos con todas las constantes en perfecto estado.

Ya la NASA descubrió un aumento de estados de alerta en los pilotos después de una siesta de 20 minutos y se ha demostrado que muchos marineros mejoran su atención con solo 10 minutos de sueño.

Estudios con resonancia magnética funcional han demostrado que la actividad cerebral sigue siendo más alta en quienes toman una siesta en comparación con personas que no toman un descanso. Esto querrá decir que mejoramos el aprendizaje y la memoria.

Diversos estudios en heath.com atribuyen mayor creatividad después de una siesta, porque ocurre una explosión de actividad en el hemisferio derecho del cerebro, que está muy ligado a la creatividad y a la imaginación.

Sara Mednick investigadora del sueño en la Universidad de California postula que una siesta mejora la productividad en el trabajo, que es como un empujón en la tarde para los empleados que consiguen realizarla. Además consigue cambiar nuestro estado de ánimo y rebajar nuestros niveles de estrés.

Entonces, si todo son beneficios a la hora de la siesta, si nos permite ser más creativos, inteligentes y productivos, si se elevan nuestros niveles de alerta, y por lo tanto de atención, y se mejora el estado de ánimo de las personas que la practican de manera constante ¿qué o quién impide que esta sociedad del bienestar decrete un tiempo que nos permita echar un sueñecito después de las comidas, estemos donde estemos? Y dejemos, por fin, de sentirnos culpables aquellos que de normal lo practicamos asiduamente.

Reivindiquemos cabinas de siesta en empresas, centros comerciales, aeropuertos y estaciones de metro y allá donde haga falta que un ser humano necesite creatividad para mejorar sus proyectos de vida.

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