Si escuchas, hablas - el Hype
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Sin miedo, Juan

Si escuchas, hablas

Si escuchas, hablas

En ocasiones, se puede escuchar y en otras, sólo oír; se puede ver, pero en otras, sólo mirar; se puede hablar, pero también se puede, fácilmente, charlatanear. Una elección personal. Llevo unos días que me encuentro con gente que sufre lo que, he leído en alguna parte, le llaman “el síndrome del experto”. Es algo

En ocasiones, se puede escuchar y en otras, sólo oír; se puede ver, pero en otras, sólo mirar; se puede hablar, pero también se puede, fácilmente, charlatanear. Una elección personal.

Llevo unos días que me encuentro con gente que sufre lo que, he leído en alguna parte, le llaman “el síndrome del experto”. Es algo así como una tendencia a predicar,  a manifestar remedios infalibles o reflexiones trascendentales que han servido para superar cualquier drama asociado al género humano. ¡Seguro que algo tengo que aprender!. Y como el refrán nos dice que cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar… he reflexionado sobre la manera que tengo de conversar con unos y con otros en las incontables charlas de café que he prodigado a lo largo de los años.

Me doy cuenta que en muchas ocasiones me convierto en el salvador y el ayudador de mi interlocutor cuando, ni por asomo, me lo ha pedido. Un auténtico mamarracho ofreciendo soluciones eficaces e infalibles a cualquier problema emocional que se planea en la conversación. Un ser insufrible, ¡vaya!

También he recordado situaciones en las que he utilizado una creída superioridad dialéctica para quitarme “muertos de encima”, dejar cerrada una conversación en la que no me apetece nada continuar, ni entrar, ni desarrollar. Pero quizá, y ahora me avergüenzo de ello, es cuando pretendo quedar por encima, utilizar un alarde de capacidad para resolver problemas ajenos sin percatarme de que, seguramente, con los propios no sé ni cómo empezar. Pasear una absoluta seguridad en la disertación, que imposibilite la intervención posterior de tu interlocutor, es la manera más fácil y sencilla de quedarte solo en la vida.

Dicho lo cual, no deseo castigarme por tan elevados errores y volver a mi vida sin que nada haya cambiado en ella. Me doy cuenta que comunicarse no es tan sencillo como soltar palabras por la boca, sino que es necesario darse cuenta que para que exista una comunicación eficaz es muy importante saber escuchar. Quizá por eso tenemos dos oídos y una sola boca.

En lugar de escuchar, en infinidad de ocasiones, estoy pensando la respuesta que voy a dar, el juicio que voy a expresar o me pongo a adivinar la tontería siguiente que alguien va a pronunciar. Porque de gestos, ademanes, posturas corporales o invasión de espacios de intimidad, ¡ya ni hablamos!

Quisiera utilizar los verbos para aquello que fueron creados y aprender la comunicación del lenguaje puro y directo, sin contaminaciones verbales de ningún tipo. Aprender que en ocasiones se puede escuchar y en otras sólo oír, se puede ver pero en otras sólo mirar, se puede respetar y en otras, cuando te lo pidan, ayudar, se puede hablar, pero también se puede, fácilmente, charlatanear. Sólo desde el silencio se puede escuchar lo que no se dice y ver lo que no se enseña. Y sólo desde la humildad pedir perdón.

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