Lindsay Lohan, una vida salvaje
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Sencillamente Lindsay

Sencillamente Lindsay

Así quiere ella que llamen ahora a esta treintañera, que acumula más cargos policiales que todos esos raperos que dicen ser chungos en tu barrio. Lucir la pulsera telemática de la condicional como complemento chic sólo pudo ser cosa de esta ex chica Disney. Así empezó todo (o casi). En Disney, participando en películas en

Así quiere ella que llamen ahora a esta treintañera, que acumula más cargos policiales que todos esos raperos que dicen ser chungos en tu barrio. Lucir la pulsera telemática de la condicional como complemento chic sólo pudo ser cosa de esta ex chica Disney.

Así empezó todo (o casi). En Disney, participando en películas en las que era unarole model de las que tanto han sido siempre aficionados los norteamericanos. No vamos a ser, sin embargo, nosotros quienes hablemos de la manida doble moral en tantos casos prácticos. Lindsay sólo es la punta del iceberg de esta tendencia tan extendida, una Lindsay que  intenta de un tiempo a esta parte rehacer las piezas del juguete roto creado por ella misma. Ni siquiera jugaba con juguetes cuando con apenas tres años aparecía en anuncios y era la imagen de marcas de moda infantil. En paralelo, lo de siempre: una familia desestructurada y que pedía en público esa disciplina moral que no ejemplificaba en privado.

De hecho, lo de quitarse el Lohan de su nombre artístico puede que proceda de su deseo de despojarse de la ligazón con su padre, con quien jamás se ha llevado bien. Aunque no vayamos a echarle la culpa a la genealogía, esta mujer se lo ha guisado todo ella porque le ha gustado siempre pasarse de la raya (nunca mejor dicho) más de una y más de dos veces. Y eso que su carrera iba bien encaminada, no se conformó con ser una niña prodigio más. De hecho, empezó a recibir de adolescente papeles provenientes de los respetables círculos del cine independiente, Robert Altman mediante.

Aunque claro, ella se afanó en estropear esas oportunidades cuando incluso había tenido la oportunidad de ¿Cantar? en dos discos de vago recuerdo melómano. Empezó a combinar coche de alta gama y alcohol, empotrando su flamante Mercedes en más de una ocasión. Las autoridades le encerraron en una cárcel estatal de mujeres y no, no se reformó.

Muy al contrario, continuaba siendo perseguida por la prensa del gossip y el circo estaba servido. Sus excesos fueron retransmitidos día sí día también, mientras su gusto por los tacones y la no lencería eran una celebrada tendencia. Curiosamente, y mientras tanto, su seno familiar abogaba por el eslogan de la pro-vida con unas creencias católicas incondicionales. Las luces y las sombras de siempre, vaya.

Autodefinida como una muchacha de familia, pro-Obama declarada, aunque también fuese partidaria de intervenir en Irak, Lindsay ha adorado desde siempre a Marilyn y llegó a hacer de Liz Taylor en su época convulsa con Richard Burton. Sus problemas de rehabilitación han impedido que haya visto la luz su tercer disco con proclamas como “I wanna be bad” o la introspectiva “Too young to die”. Esperemos que no quiera llevar el título de esta canción a la realidad y este millonario con el que parece estar más centrada le haga recapacitar y dejar atrás los años en los que vivió peligrosamente. Tenía que ser el amor el que la encauzase, esperemos que le dure. De momento, ha atravesado con holgura la fatídica barrera de los 27 años.

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1 Comentario

  • jr
    21 julio, 2016, 4:02 pm

    a la gente se le hace muy facil juzgar, sin saber que tipos de problemas tendra, de meterse en la vida de los demas.

    REPLY
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