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Se ruega etiqueta

Se ruega etiqueta

Por culpa de Instagram, #valencia solo hace referencia a un filtro fotográfico… El mal uso de los hashtags genéricos ha motivado que muchas marcas de moda prefieran no emplearlos. Aunque esté infestada de usuarios con un ego mayor que el culo de Kim Kardashian, Instagram se ha convertido en una herramienta indispensable para la comunicación

Por culpa de Instagram, #valencia solo hace referencia a un filtro fotográfico… El mal uso de los hashtags genéricos ha motivado que muchas marcas de moda prefieran no emplearlos.

Aunque esté infestada de usuarios con un ego mayor que el culo de Kim Kardashian, Instagram se ha convertido en una herramienta indispensable para la comunicación de moda: permite mostrar producto, sus detalles, el universo de una marca y hasta el backstage de la industria. Firmas grandes y pequeñas, mainstream e independientes se han lanzado a la conquista del follower, cuyos likes -o la ausencia de ellos- se ciernen cual espada de Damocles sobre el cuello del pobre community manager que gestiona la cuenta.

Si por algo se caracteriza esta red social es por el corto recorrido de sus publicaciones: su vida dura lo que tarda el pulgar en deslizar el timeline hacia abajo en busca de nuevos impactos visuales. Por eso, para no que pasen desapercibidas entre el ingente mosaico de imágenes del que se nutre Instagram, los usuarios categorizan sus fotografías mediante etiquetas. Puede parecer obvio, pero colocar #flower delante de la foto de una margarita, ayuda a encontrar la aguja en el pajar. ¿Problema? La red se ha intoxicado de hashtags… Por culpa, entre otros, de instagramers ávidas de seguidores y adolescentes aburridos persiguiendo su sueño de notoriedad, cada vez es más inútil usarlos.

Las marcas, de hecho, están empezando a prescindir de ellos. Y tiene su lógica. De Loewe, por ejemplo, ya sabemos que fabrica #bolsos de #piel y que su #boutique de referencia está ubicada en #Madrid. Por eso, no es muy conveniente que su galaxia de lujo se contamine con las ofertas del cualquier otra #boutique de Vallecas (#Madrid) que también venda #bolsos pero de poli #piel.

Ejemplos de uso indebido de las etiquetas hay mil: blogueras que esperan una lluvia de likes por escribir #angelinajolie al pie de su última foto, perfiles falsos que intercambian #TagsforLikes y barbudos en gayumbos que al grito de #instagay e #instabeard producen fotografías sensuales como para arruinar su carrera hasta como reponedor en un colmado.

Sin desdeñar del todo la utilidad del hashtag, la tendencia entre quienes ya poseen nombre y reputación es crear sus propias etiquetas y promover su uso entre sus fans. De esta manera, sus diseños, en lugar de formar parte de un batiburrillo de productos “blancos”, generan un mosaico en torno suyo, un caleidoscopio definitorio de lo que son y representan. ¡Anda! Entonces… en un mundo, el de las redes sociales, en el que todo se medía por la cantidad de likes, va y la propia dinámica de Instagram comienza a volver a poner en valor una comunicación más cualitativa… #yyoconestospelos!!!

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