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Pérdida de series

Riverdale, otro pueblo de gente guapa

Riverdale, otro pueblo de gente guapa

Una vez conoces a todos los personajes de Riverdale, sabes que estás viendo una serie de The CW. Los probables triángulos románticos, los villanos cambiantes, el hecho de que estén todos buenos o los padres con pasados turbios son sólo un ápice de lo que ofrece la nueva serie de la network. Pero da igual y

Una vez conoces a todos los personajes de Riverdale, sabes que estás viendo una serie de The CW. Los probables triángulos románticos, los villanos cambiantes, el hecho de que estén todos buenos o los padres con pasados turbios son sólo un ápice de lo que ofrece la nueva serie de la network. Pero da igual y os voy a explicar por qué.

Riverdale está ambientada en un idílico pueblo de los Estados Unidos que viaja entre el Forks de Crepúsculo, la Nueva York de Gossip Girl, la Mystic Falls de The Vampire Diaries o, por supuesto, la Twin Peaks de Twin Peaks. Y así se rescatan los romances de miradas perdidas de la primera; los bitch, please de la segunda; las rivalidades sexy de la tercera; y el misterioso asesinato local de la última.

El protagonista de Riverdale es Archie Andrews, un guaperas pelirrojo que vive con su padre divorciado y que ha vuelto de las vacaciones con más abdominales que la última vez. Las que se presentan en Riverdale como novedad son Hermione y Veronica Lodge, madre e hija que huyen de Manhattan tras el escándalo de fraude de su marido y que llegan con ganas de agitar las hormonas de los dos Andrews. Y las caras tristes las ponen, por ahora, Cheryl Blossom, otra pelirroja, cuyo hermano es el asesinado que da pistoletazo de salida a la incertidumbre rural; y Betty Cooper, la rubia perfecta y enamoradiza que ve su corazón reventado a pedazos a las primeras de cambio.

Riverdale

Y sí, la desgana con la que presento las tramas de los personajes también invita a pensar a que estamos ante más de lo mismo en la cadena que siempre va a por más de lo mismo. Pero sus ejes formulaicos no tienen por qué asustar en tanto que sus guionistas sepan encajar bien las tramas (¡No os paséis de giros argumentales, por favor!) y la autoconsciencia, pues es la satisfacción de saber que la serie también reconoce su idiosincrasia culebronesca la que va a permitir que su recorrido sea más divertido —y si no, que se lo pregunten a Jane The Virgin.

Además, el personaje de Betty (¡Hola, Chloe de Smallville!) tiene visos de ser un viaje potente puesto que cuenta con el arquetipo más complejo de la alineación inicial. Madre autócrata, hermana en el ostracismo, amor no correspondido y un pasado intachable de buenas notas y comportamiento. Es ella quien mejor representa lo vulnerable que es Riverdale ante los cambios que le vienen encima al pueblo, tras el asesinato que sacude a sus aldeanos.

Lo que diferencia a Riverdale es que formalmente es una de las series más interesantes de las networks. Y no es que haya pocas, precisamente. Su estética videoclipera, con ganas de sacar gifs del más nimio detalle, tiene un gusto muy recatado por el atractivo de escenarios, a través de luces y un diseño de producción bien trabajado. Y tampoco se olvida la cámara de lo seductivos que son sus protagonistas, lo que le atribuye a Riverdale una etiqueta de alto voltaje sensual difícil de desdeñar.

Riverdale

Sé que muy habitualmente os recomiendo series sólo por el atractivo de su reparto, pero es que lo de esta serie roza lo escandaloso —algo que ya pasaba con Los 100. Lo mejor, si cabe, es que además muchos de ellos parecen tener talento para esto de la interpretación, y destaco especialmente a Lili Reinhart (Betty), Camila Mendes (Veronica), Madelaine Petsch (Cheryl) y Casey Cott (Kevin). Con Archie (K.J. Appa) todavía me lo tengo que pensar.

También quiero darle unas pocas vueltas al aspecto racial de Riverdale, que como tantas otras series de The CW apuesta fuerte por la diversidad —con un genial e inesperado mija latino por parte del personaje de Hermione. Falta que los guionistas sepan cuadrar el acercamiento discursivo, pues hay una escena algo problemática en el tercer episodio entre Archie y las Pussycats, un grupo musical formado por tres chicas afroamericanas.

Lo que tengo claro es que con tanta fachada de adolescentes perfectos y pueblos bajo luces de neón, Riverdale tiene tiempo todavía para seguir engañando. Por ahora, resta quedarse con el potencial de su reparto y la seguridad de que el misterio central levantará incógnitas durante, por lo menos, cinco o seis semanas más. Suficiente.

PD: Imperdible el tercer capítulo para los fans de Stranger Things que quieran ver de nuevo a Barb. Los guiños a su personaje de la serie de Netflix son infinitos.

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